Hojas de ruta
Primera cita: qué quieren las mujeres

Ir a comer es una elección típica para una primera cita. Por eso, es importante saber elegir el día, lugar y comida adecuados. Glam Out, tras un exhaustivo trabajo de campo y muchas entrevistas, te da sus conclusiones. Lo que ellas quieren en su primera cita.
"Cenar es demasiado, muchos problemas, prefiero ir a tomar algo a un bar cope" cuenta Malena, mientras Carolina, a su lado, sonríe afirmando con la cabeza. Las dos son parte de un coro imaginario de mujeres que dicen lo mismo: para la primera vez, unos tragos, una cerveza o un vino en algún bar. Las cenas son un escenario siempre complejo: cómo llegar, qué comer, quién y cómo paga, la ambientación… muchas cosas que exigen actores avezados, experiencia, aplomo. "¡No quiero ir a cenar!", grita sin levantar la voz Mayra; "tomemos algo y, si después nos da hambre, pedimos algún plato para acompañar la bebida". Está claro que en un bar todo es más fácil: las bebidas son el centro, y la bebida suele relajar. Y relajadas, como dijimos, todo es más fácil. Pero el objetivo de esta nota no es dilucidar cuándo y cómo son las cosas fáciles, sino meterse de lleno en el maravilloso universo de las citas en un restaurante. Las que quieran algo simple, para las que quieran ir sólo de copas, la nota llega hasta acá. Para las y los demás, todavía queda mucha tela para cortar.
Restaurantes sí, patio de comidas y tenedor libre no
Que armar una buena cita en un restaurant no es fácil no quiere decir que no sea una gran opción, un plan que exige ser repetido, celebrado, cuidado y respetado. Y respetado: ¿a quién se le ocurre que un patio de comidas bañado por luces de neón es un lugar apto para una charla en la que dos personas se conozcan? "El tarado creyó que el patio de comidas de Unicenter era un lugar divertido porque había muchos lugares distintos y a mano para comer" dice María y agrega: "Claro que queremos tener opciones, pero no en un baño gigante lleno de niños con globos, familias con caras de aburrimiento y preadolescentes comiendo combos". Si ya parece increíble que a alguien se le ocurriera que un patio de comidas era una buena opción, el que eligió un tenedor libre le ganó en ineptitud. "Nada más deserotizante que un tenedor libre", lanza exaltada Mayra quien agrega que lo único peor que se le ocurre es que te inviten a comer un pancho en el andén de Constitución en horario pico de tránsito de gente.
Bohemio y chic si, velas y flores no
¿Qué es romántico? Hay hombres que se quedaron congelados en algún momento de la historia, hace cosa de dos siglos. Son los que siguen buscando velas y flores para adornar la mesa. No es que no pueda llegar a funcionar, pero es un arma peligrosa. "Un chico con el que salí me compró una flor de plástico en un semáforo, en ese momento perdió toda chance de terminar la noche bien", dice Guadalupe, repitiendo tres veces la palabra plástico y dos veces semáforo para enfatizar su incredulidad ante tal incompetencia, y agrega: "Nos gustan los lugares distendidos, relajados, algo de música, algo como Masamadre o Social Paraíso, que da romántico sin ser muuuuy románticos". "Es mejor que conozca cuál es el lugar que tiene una mesa un poco reservada, que la reserve y que sepa la mejor hora para ir, a que recurra al cliché de las velas. Después de eso sólo falta que caiga un tipo y toque el violín", cuenta Julia, quien define su lugar perfecto como "ni muy ruidoso ni muy silencioso, ni muy oscuro ni muy luminoso". Es decir, un lugar que no defina nada, pero que sea apto como escenario donde arrancar una noche en que pueda pasar todo.
Vino sí, bebidas light no
"Te tiene que emborrachar un poquito" , dice en voz baja Julia, "y hacerte reír mucho con algo tonto y ridículo, como una confesión de niño. En cambio, si pide algo light me voy" afirma Mayra, y jura haber tenido la delicadeza de disimular y estirar un poco la charla para no levantarse en el mismo momento que él le pedía una Sprite Zero al mozo. Malena asegura que si él sabe de vinos sube un poroto, "parte de manejar un poco la situación, ¿no?, que sepa sobre las cosas que le gustan, o al menos que nos lo haga creer". Isabel, Laura, Carmen y Noelia dicen a coro "sí al vino y al postre" y la única rubia del grupo explica: "Son dos momentos clave: el vino, lo primero que hay que pedir, lo que marca la primera decisión importante de la cita. Y el postre, porque ya te tomaste el vino, estás relajada y charlás mientras comés algo… a esa altura, ya sabés si te gusta o no. Y si él te gusta, una marquise es una gran compañía para el momento. Y si ya está descartado, al menos es un gran consuelo". "Me gusta que comparta el postre", confiesa Pilar, "y elegirlo yo. Él, el vino; yo el final de la cena". "Si antes del vino sugiere un cóctel como aperitivo, él sabe realmente lo que hace; si además puede recomendar y explicar distintos tipos de cócteles se me empieza a hacer agua la boca" suma Marina, quien dice que descubrió el whisky en una cita y hoy tiene una botella en su casa para sus invitados nocturnos. De la cita a casa, y de casa a las citas privadas. Este es el camino; no la efervescente ruta pavimentada con edulcorante y promesas de cero calorías.
Descubrir un lugar sí, tu restaurante habitual no
"No me lleves al restaurante donde vas siempre, flaco, ¿qué hacés…? ¿Las llevás a todas y después hacés votar a los mozos para que elijan cuál les gusta más? ", dice Mayra guardando el nombre del hombre que le hizo esto. En los extremos de este dilema está Julia que asegura que "lo más importante para mí es creer que él sabe exactamente qué es lo que está haciendo, ¡por poco tiene que ir antes al lugar a hacer una prueba piloto!", o Rocío que dice que le encanta que al lugar que la lleven, él se sienta como en su casa, incluso que si lo saludan, a ella le gusta. Hay un equilibrio entre la seguridad que da que te lleven a un lugar probado y la adrenalina del riesgo de conocer juntos un lugar. El mejor es el que sabe elegir un lugar desconocido pero con la suficiente información para saber que no va a fallar. Para tomar la decisión del "dónde", es importante que ellos tengan opciones. Por ejemplo, él piensa un lugar, cerca de la casa de ella, como para andar cerca y cuando se saludan, él descubre que ella va siempre a ese lugar. Ahí todo puede zozobrar o anotar un gol de oro. ¿El secreto? Opciones. "Bueno, entonces vamos a X, ¿dale? Y, si no, podemos conocer Y".
Invitar sí, debatir el pago no
"Un pibe me dice de ir a un restaurante. Vamos, restaurante a full, mozos con moñito, él sabía qué pedir, elige todo él, yo un poco opiné, llega la cuenta, soy de ir a medias, la verdad es que me jode cero, pero en este caso medio que no daba, él me había invitado a un lugar caro y no paraba de hablar de todos los famosos a los que había entrevistado… Por principios, pelo billetera y él no atina ni a decir –no, dejá-, con eso zafaba" cuenta Malena con el recuerdo y la bronca imborrable y plantando quizás el tema más polémico. Marina describe el dilema: "Están los que se enojan si amagamos, los que se enojan si lo damos todo por hecho y, también, los que se quedan esperando que pongas la mitad". "Que él elija, que él pague hasta el taxi", clama Sofía sumándose a la opinión de Pilar, Julia, Carmen, María, Rocío y una lista interminable de mujeres. En todo caso, el tema de la plata no tiene que ser un tema: él debe resolverlo de alguna manera para que no aparezca como un conflicto. Muchas veces amagar alcanza. Marina cuenta que su peor experiencia fue un tipo que dos semanas después de una salida en que él la había invitado a comer sushi se la encontró en un evento y insistió en contarle lo caro que le había salido esa cena. "¿Qué quería? Que me lamentara? ¿Que me compadeciera? ¿Qué le pasa a esos tipos por la cabeza?". No es necesario que el lugar sea caro. Lo que decide el éxito no tiene por qué ser eso, sino la forma en que se lleva adelante la noche.
Comedias románticas sí, telenovela no
Este ítem es especial para los que andan desorientados al armar una cita. ¿Dónde encontrar inspiración? Una ayuda: no es en las telenovelas que produce Polka y pasa Canal 13, ni en los culebrones brasileros que emite Canal 9 doblados espantosamente al castellano. Para sacar buenas ideas lo mejor es ir a la meca: Hollywood. El cine norteamericano inventó el mejor género para inspirarse, la comedia romántica. Cuando Harry conoció a Sally, About a boy, Knocked up, Embriagado de amor, Alta fidelidad, Mujer bonita, 50 primeras citas y hasta El día de la marmota pueden servirte para obtener ideas: en todas hay citas, cenas y finales felices. Son clásicos de los últimos años, joyas divertidas e inteligentes que aprendieron los trucos de clásicos anteriores del cine americano. Una larga evolución que siempre da una nueva maravilla. Aprovéchenlas, entrenen, aprendan.
Cocina étnica sí, cena show jamás
Gran parte del éxito de una década de Green Bamboo es su clima ideal para una cita: miles y miles de parejas han pasado por sus mesas, tantas que hasta hace algo más de un año agrandaron el lugar y le pusieron unas mesitas chiquitas en las que hay que sentarse en el piso, ideales para el romanticismo. Otra opción es alguno de los restaurantes chinos del bajo Belgrano un domingo, o un armenio con onda, o un peruano canchero, o Sudestada una noche en la semana, o un indio y hasta los sabores nórdicos de Olsen. Sí, los lugares étnicos son siempre una buena opción, todos suman cierto exotismo a la salida, como si uno estuviera de viaje. "Nunca había ido a un restaurante de cocina Thai y me encantó, no conocía esa cocina; nos sentamos en el piso, nos dieron unas toallas tibias para refrescarnos las manos, todo eso me relajó y la pasé genial" cuenta Rocío con una sonrisa en la cara. Del otro lado de la moneda, Andrea afirma: "Había un show de ópera, unos tipos disfrazados diciendo cosas en italiano, no entendía nada y cuando se acercaron a la mesa creí que me moría de la vergüenza" y agrega: "lo único peor que se me ocurre son unos mariachis en la sobremesa". De repente estás comiendo y como que todo se para, y vos querés charlar, tomar vino y salen unos tipos y empiezan a actuar, horror. Teatro y cena, sí; las dos cosas juntas, nunca. Ni hablar de un guitarrista tocando temas de Arjona en un lugar en que sirven pizzas y empanadas. Eso es el infierno.
Pasar a buscar sí, llegar separados también, caminar hasta el lugar sí, irse caminando también
"Me gusta que me pasen a buscar, poder prepararme hasta último momento" dice Julia, en las antípodas de Isabel, Noelia, Carmen y Laura, que se ponen de acuerdo en que les gusta llegar por su cuenta, encontrarse en la mesa, o en la puerta del restaurante. ¿Qué es mejor? Tanteen muchachos, pero tengan en cuenta una cosa: si el lugar que elijen queda lejos de la casa de ella, es muy incómodo pedirle que se traslade. Una inteligente opción es elegir un lugar cerca, al que se pueda ir caminando. "Odio que te pasen a buscar cuando no lo conocés mucho y al toque tenés que subirte a su auto, o a un taxi, me pone nerviosa", cuenta Rocío y coincide con Mayra en que una caminata de unas pocas cuadras hasta el restaurante es un buen marco para la primera charla. Y deja la puerta abierta para una caminata de regreso, el mejor camino para tantear las alternativas que abre la noche después de la comida, el vino y la conversación. Forzar esos momentos arriba de un auto puede ser incómodo.
Contar historias sí, contar tu historia no
Para Pilar está claro: "No quiero saber nada sobre sus ex novias, sus triunfos y fracasos amorosos o sus aventuras de juventud, puedo imaginarme que viene con pasado, pero no es necesario saberlo". Estimados, sepan que no nos interesa nada de su vida amorosa; sí sobre las cosas que les pasaron en su vida: los viajes (preferentemente los que le gustaría hacer, para imaginarnos yendo también), poco del trabajo, mucho de las cosas que le gustan, que escuche más de lo que hable y, si habla, que diga cosas interesantes, que nos haga reír. "A mí me gusta escuchar anécdotas, historias. La verdad es que no busco constatar la veracidad; si me divierte, compro" cuenta María. Ya habrá tiempo para saber el pasado, el colegio al que fuiste, con quién y dónde fue tu primer beso, dónde te fuiste de viaje de egresados, tu primera borrachera y tu último viaje en avión y el club del que sos hincha. Pero en la primera cita no es necesario que abras el álbum con la historia de tu vida ni el diario íntimo que escribís antes de irte a dormir.
Jueves sí, sábado quizás, lunes no
Salir entre semana tiene su encanto: cine y cena un miércoles no por trillada deja de ser buena, mejor aún un jueves cuando la noche porteña ofrece decenas de opciones, hasta un martes porque es el primer día que ese restaurante abre y creés que cocinan con mayor ganas. Pero ¿un lunes? Pareciera que el fin de semana fue un fracaso y querés un premio consuelo. Un sábado es jugado, como si pusieras todas las fichas a la salida, tentador, sí, un riesgo, una jugada atrevida que puede ser exitosa. Clara la tiene clara: "Primera cita un jueves, segunda cine y cena un domingo, tercera un bar un viernes, cuarta un sábado de día, a pasear o a un museo, quinta, fin de semana en Colonia, Tandil o Rosario". Clara es muy prolija, quizás demasiado. Pero sus elecciones sirven para tener en cuenta como modelo.
Pescado sí, bolognesa no
Hay que saber qué comer, no da parrilla ni algo muy pesado, chicos, sepan que es más seductor un hombre comiendo "la pesca del día" que uno que come ravioles con estofado. Ya habrá tiempo para amasar juntos y que la casa se llene de aroma a tuco, pero algo sutil, fresco y liviano es una buena opción. "Pizza a los cuatro quesos en La Farola" cuenta Romina que pidió él, y sin consultar, un sábado a la noche. Y no era que el lugar, ni la concentración de gente que le recordaba al subte D ni las luces que hacían parecer al lugar un quirófano… pero con un queso era suficiente, preferentemente mozzarella, no amontonarle provolone y roquefort, eso hace tener pesadillas, la caminata final lenta y hasta puede traer problemas en la cama.
Bar post cena sí, beso en el auto no
El bajativo supo ser una institución en las viejas cartas de bar. Su nombre denomina la función del trago, relajar el cuerpo luego de la cena, darle mimos al aparato digestivo, lograr que vuelva el estado de liviandad a nuestra vida. Nada mejor que beber un trago bajativo en otro lugar diferente a donde se comió, como dijimos antes, si está a unas cuadras es perfecto caminar de un lugar a otro. El aire de la noche refresca, la barra de un bar es el mejor lugar para completar la noche. En el otro extremo están los que se apuran a pedir la cuenta, te invitan a salir y te suben a un auto, cuando todavía tenés el gusto al ceviche o los sorrentinos en la boca, cuando no querés estar tan cerca. Hay que crear un espacio, un paréntesis, beber algo, la chispa final de la noche, el elixir para susurrarle a la noche los destinos deseados.
Son solo ideas, consejos y anécdotas. Un rollo de hilo para que te adentres en el complejo laberinto de una primera cita. Pero cada uno deberá luego encontrar sus propias pistas y métodos. El objetivo está ahí; a la salida del laberinto. No te pierdas en el camino.
Extra: algunos destinos posibles
Masamadre es con M. Olleros 3891. Tel.: 4554-4555
Green Bamboo. Costa Rica 5802. Tel.: 4775-7050
Bereber. Armenia 1880. Tel.: 4833-5662
Caseros. Av. Caseros 486. Tel.: 4307-4729
Olsen. Gorriti 5870. Tel.: 4776-7677
Sudestada. Guatemala 5602. Tel.: 4776-3777
Sipan. Paraguay 624. Tel.: 4315-0763
Milion. Paraná 1048. Tel.: 4815-9925
Nihonbashi. Moreno 2095. Tel.: 4951-7381
Moshi Moshi. Ortega y Gasset 1707. Tel.: 4772-2005
Social Paraíso. Honduras 5182. Tel.: 4831-4556
Paraje Arévalo. Arévalo 1502. Tel.: 4775-7759

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