Luego del boom de los Il Ballo, los mismos creadores desembarcaron en Costa Rica y Fitz Roy para un nuevo comienzo. Fusilli al fierrito, collages pop y manteles cuadrillé que reinventan el espíritu de las cantinas italianas y porteñas.
Palermo es un mundo complejo, diverso y con fenómenos propios. Como una galaxia que se rige por sus propias leyes. La mayoría de sus estrellas son fugaces, aunque hay otras que brillan desde hace años. En esta galaxia, en los últimos años hubo un Big Bang interno, un fenómeno extraño, que aún está activo. Comenzó cuando unos jóvenes trabajadores gastronómicos decidieron abandonar una carrera de años en varios restaurantes y abrieron con un par de créditos y poniéndose al frente un pequeño local con espíritu de cantina. Lo llamaron Il Ballo del Mattone, como la canción de Rita Pavone que el personaje de Gastón Pauls en Nueve Reinas no recordaba hasta la última escena. El lugar recibió gente desde el primer día. Fue creciendo en convocatoria y reconocimiento… algo había que gustaba; su clima bohemio, su espíritu auténtico y artesanal, su cocina italiana. Este lugar fue la semilla y los creadores decidieron hacerlo crecer, multiplicarlo, y allí comenzó realmente la explosión. "Queríamos hacer algo distinto, con otras reglas que queríamos cambiar del rubro, apostando a armar lugares que funcionaran con grupos de trabajo unidos, como una gran familia", explica Julián, uno de los fundadores y socios junto a Adrian, Valeria y Jimena. En pocos meses abrieron uno más sencillo, que marcó un cambio estético al incorporar obras de artistas y una ambientación entre pop, bohemia y chic. El despliegue continuó con la apertura de dos locales en la esquina de Gorriti y Arévalo, y el restaurant del hotel de enfrente. Entre todos, armaron una calle entera propia: Il Ballo del Mattone Originale (Gorriti 5936, tel.: 4776-4247) Trattoria Il Ballo del Mattone (Gorriti 5950, tel.: 4776-8648), Trincacria Ristorante (Gorriti 5902, tel.: 4776-6391), Il Ballo del Mattone Pizza (Gorriti 5893, tel.: 4771-4664). Sí, cuatro lugares en una cuadra que celebraron con un fiestón en toda la calle. Y esto no termina acá: a estos, acaban de sumar el quinto espacio en un local donde antes cerraron varios restaurantes. Estos locales suelen considerarse "malditos" y pocos se animan a ocuparlos, pero los socios que crearon los Il Ballo tienen un espíritu a prueba de maldiciones y realizaron un ritual de limpieza y transformación único. ¿Cómo lo hicieron? Dieron vuelta el lugar. Tiraron una pared para que entre luz por la esquina, llenaron de colores las paredes, pintaron un robot amarillo y plateado en la pared de la escalera, pegaron imágenes de gladiadores romanos de Asterix en las columnas y otras de la torre de Pisa y el Coliseo en blanco y negro, colgaron unos retratos fotográficos enormes, armaron un vip con paredes negras cruzadas por colores fluo y maniquíes y hasta dibujaron un gran monstruo verde al lado de la entrada que anda montado en una Vespa con los colores de Italia. ¿Pop? ¿Bizarro? ¿Excéntrico? Quizás todo junto, pero el lugar luce simpático y de una manera misteriosa logra una calidez especial, como la que se sentía en las viejas cantinas porteñas.
Amor a primera vista
"Es un lugar tan cálido, me enamoré" dice Sofía, una de las chicas que trabaja haciendo un poco de todo en el lugar junto a Ornella, quien agrega: "es como una burbuja de buena onda que te termina invadiendo". Ambas son artistas y profesoras, cortan el pan, sirven las mesas, programan la música y hasta planean dar clases en el lugar. Se sumaron al proyecto luego de conocerlo como clientas de los primeros Il Ballo. Julián cuenta que, con este lugar, Trastevere Cuccina Italiana, quieren otro comienzo. Afirma que sirvió de inspiración un viaje a Italia que hicieron en 2009 en una motorhome, y que el lugar aspira a ser también un centro cultural. En los Il Ballo y en éste siempre buscan que pasen cosas: bandas de música, exposiciones, DJs invitados o teatro, como habrá en las próximas semanas en esta esquina de Costa Rica y Fitz Roy, con la presentación de una versión libre de El Banquete de Platón. Ambiente, ideas, ética y estética, hacen al pan diario de creación de Trastevere. Pero seamos serios, y admitamos que a una cantina uno va principalmente a comer. Y a ese respecto, el lugar resume su propuesta de una manera simple: pastas caseras amasadas a mano, pastas duras italianas, risotti, alguna carne y antipastos. Los mediodías hay un menú de $30 con opciones escritas en pizarra y por la noche borran los platos y escriben otros nuevos, siempre variando entre los clásicos de la casa: gírgolas grilladas a la provenzal ($26), portobellos rellenos ($25), caramello di burrata ($30), berenjenas parmeggiana ($24), sorrentinos verdes ($40), risotto ai funghi ($40) o di mare ($48), orecchie di elefante (una especie de milanesa, $36) o unos muy buenos (y hit de la casa) fusilli al fierrito al scarparo ($38). Abuelos, padres y niños se sientan a la mesa entre collages, manteles en cuadrillé, obras de artistas y platos de pasta. Como en las cantinas de siempre, pero con otro color.
Trastevere Cuccina Italiana
Costa Rica 5595
Tel.: 4770-9452
Lunes a domingo, mediodía
Martes a sábado, noche
Dejá tu comentario