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Vinos de Washington, la gran sensación

Publicado el 18/04/2007

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La piedra la lanzó la revista más influyente del mercado mundial, Wine Spectator. Según ella, el mejor vino de EE UU es de Washington, y no, como era lógico, de California (la Mendoza yanqui). Competencia regional como muestra de lo que pasa en el resto del mundo.



La posibilidad de experimentar a pleno la experiencia del vino crece en la región de Washington de donde proviene, por ejemplo, el Quilceda Creek Cabernet Sauvignon, el mejor vino de Estados Unidos, según las influyentes palabras escritas de Wine Spectator. Además, la zona ofrece mucho al turista: paisajes notables, la proximidad del Pacífico bien al norte, buena gastronomía, espíritu de pioneros. Es más: ya varios no dudan de que, quien quiera conocer el futuro del vino en versión Nuevo Mundo, no debe ir ni a Australia ni a Argentina. La posta la tiene Washington.


El vino norteamericano tuvo un gran impulso a nivel planetario gracias a esa escena de Paul Giamatti con Virgnia Madsen en “Entre copas”. ¿La vieron? Son un hombre y una mujer que están solos (o se sienten solos) y hablan del vino de una manera sensible y un poco triste, melancólica: para ellos, hay en el saber del vino un sabio “no saber” sobre otras cosas, un saber que se cambia por sabor, por sensaciones. Antes, antes en la película, y aún después, Giamatti paseó y viajó por el Napa Valley, la zona de California más importante en lo que a producción de vinos se refiere, buscando explicaciones al misterio, vaya uno a saber si el de la copa o el de su vida.
Es que, para muchos, no sólo espectadores de cine, sino también amantes o aficionados al vino (aún dentro de los Estados Unidos), el vino norteamericano tiene que ver exclusivamente con Napa y con Sonoma: todo aquello que se llama New World parecería tener aquí su capital, su epicentro, y luego quizás satélites en Nueva Zelanda o Australia, en Chile, Sudáfrica y, quizás, en Argentina.

Y, sin embargo, no es así. No sólo porque quisiéramos decir que Argentina está muy presente en este mapa (que, siendo honestos, apenas estamos pispeando por allí, si bien hoy hay una pequeña moda sobre este país del fin del mundo), sino porque el hemisferio norte de América tiene muchos sitios donde ir a encontrar respuesta en materia de vitis vinifera y, lo que es más notable, en esos sitios las respuestas pueden ser tan atractivas como diferentes de la californiana.

Sauvignon Blanc de México, Ice Wine de Canadá. Las sorpresas del North Fork, tan vecino a Nueva York y, sobre todo y ante todo, los grandes vinos (y la posibilidad de un viaje muy diferente al de Entre Copas) de la región de Washington –y también Oregon-, la segunda zona productora de Estados Unidos, seguramente la más bella para viajar y la que cuenta con un terroir diferente y un estilo también distinto.
Todo viene a cuento de que, si diéramos crédito a Wine Spectator (que algo sabe sobre vinos del Nuevo Mundo y, sobre todo, de los Estados Unidos), el mejor vino de dicho país es de esta región. Y, ya compitiendo con el resto del mundo, la revista lo pone segundo en el listado de los top 100 wines de 2006.

¿Qué augura el futuro? Nombres como Quilceda, Walla Walla, o Yakima, que nos hacen pensar en otras películas, películas de vaqueros y pioneros, empiezan a ser denominaciones de origen que cuentan con sus propios fans. Un espacio en el que los pioneros, como aquellos hippies californianos de los sesenta (entre los que podría situarse, al menos como compañero de aventuras, a Francis Ford Coppolla), empiezan a encontrar los frutos de la tierra.

Algunos datos corroboran la hipótesis de que este boom es más que algo mediático: la industria vitivinícola de Washington es una de las más dinámicas del país. En 1981 existían apenas unas 19 bodegas en todo el estado. En el 2000, ese número se había disparado a 163. Cinco años más tarde, el número rondaba los 360. Hoy llega a 500. Entre ellas, hay unas cincuenta bodegas que se pueden visitar. Y de hecho, hay una ruta del vino delimitada, entre paisajes escarpados, un clima que recuerda al de Borgoña, pequeños pagos del vino, y queserías como Monteillet Fromagerie. Por este lugar vale la pena un paréntesis. Está súper de moda, los domingos llegan las limusinas a visitarla, pese a que sus dueños conservan mucho espíritu campesino. Hacen una decena de quesos, algunos mixtos (cabra y oveja) y otros exclusivamente de cabra, entre los que se destacan el Larzac, el Herved Chèvre y el Causse Noir, maridados con los vinos jóvenes y fragantes de la región. Imperdible.


La conclusión es una y directa. Nada está dicho en materia de regiones. Ayer fue Francia. Hoy será Australia. Mañana nadie lo sabe. Esto, que suena a futurismo barato, incluso se puede reversionar a nivel doméstico. Mendoza posee un abrumador liderazgo en hectáreas plantadas y vinos premium sobre el resto de las provincias, seguida, de lejos, por San Juan. Pero eso es hoy. El mañana está allí. Agazapado. Esperando por ser hoy.


La ruta del vino washingtoniana

Aunque la vitis vinifera tiene una larga historia en la zona (hay registros de viñedos de 1820), no fue hasta la década del 60 que ocurrió la primera plantación comercial.

Desde entonces, todo fue crecimiento. Los primeros reconocimientos llegaron hacia el 80, de la mano del Pinot Noir y el Chardonnay, aunque las plantaciones incluyen otras cepas, como la mencionada Cabernet Sauvignon y excelentes Syrah. Un panorama de lo más alentador y que la gente del lugar recibe gustosa, preparada para recibir al ávido turista.

Todo esto alrededor de la cordillera de las Cascades, que divide a la región en dos subzonas, muy diferentes entre sí. Al oeste, se extiende la apelación Puguet Sound. Al este, la vasta y mucho más importante región de Columbia Valley: allí están la mayoría de las bodegas.

Pouged Sound, pequeño y todo, cuenta con la ventaja de estar sobre el mar (de hecho, hay bodegas en las islas vecinas). Tiene, además, un atractivo geográfico, primordialmente por su proximidad a Seattle y por sus encantadoras costas. El área de Woodinville que rodea la encantadora ciudad del mismo nombre, ubicada al extremo este de la región (en auto a unos 25 minutos al noreste del centro de Seattle), ofrece un contraste dentro de esta región, dado su perfil bastante rural. Aquí no crecen uvas (se compran en Columbia Valley), pero es hogar de más de 25 bodegas, incluyendo las de Chateau Ste. Michelle y la de Columbia Winery, dos de las más importantes bodegas del estado. Ninguna visita a la región vinícola de Washington será completa sin un recorrido por allí, sobre todo gracias a sus magníficos salones de degustación.

Manejando en dirección este desde Seattle en la autopista highway 90, el visitante podrá dirigirse a la apelación de Columbia Valley, en la zona central y este de Washigton,

Esta zona es un desierto alto, combinado con algunas áreas de desierto verdadero. El cambio en la escenografía en el cruce de la montaña es verdaderamente definitivo: se sale de una selva de pinos, densos y húmedos, hacia un paisaje árido y de cactus que abarca más allá de lo que la vista pueda alcanzar.

El Columbia Valley cuenta con una gastronomía también atractiva: grandes cocineros que se van de Nueva York y Chicago a dar personalidad propia a los restaurantes de la región

En realidad, los nombres más famosos son los de los ríos que afluyen el Columbia: Yakima y Walla Walla, que en pleno desierto traen la dosis justa y exigua de agua que necesita la vid para dar de sí su mejor perfil.

Yakima, también famosa por sus manzanas, como la Río Negro argentina, cuenta con 300 días de sol y muy poca lluvia. Todos los domingos, en una de las calles principales, se realiza una feria en la que los agricultores ofrecen sus mejores cosechas de estación. Vegetales vivos, de colores brillantes que dan un momento de descanso antes del recorrido por las vinerías. Un lugar interesante para dormir es, Birchfield Manor, una antigua granja victoriana de 1910, ubicada en las afueras.

Hacia el sur y hacia el este se encuentra Columbia Crest, la cual es sin duda merecedora de una visita por sus viñedos encantadores y sus vistas espectaculares. Más hacia el este está el área de Walla Walla, con más de 90 bodegas, incluyendo la líder en vinos elaborados de Merlot, la Canoe Ridge, y varios restaurantes y atracciones turísticas. Allí se encuentra el Marcus Whitman Hotel, en el mismo centro y cerca de los mejores restaurantes de la zona.

Planear un tour para los amantes del vino en Washigton es fácil, ya que la Comisión de Vinos de Washigton ofrece mucha ayuda y recursos. Su página web ofrece al turista todo lo que necesita saber sobre el vino de Washigton, segmentando al estado en ocho regiones vinícolas para visitar.

Otro link importante es www.winecountrywashington.org, que ayuda a ubicar regiones o lugares entre todos los viñedos del estado utilizando lo último en mapas de tecnología Google, así como los hoteles de la zona, las posadas bed-and-breakfast y los restaurantes.

Hay mucho y sorprendente vino para conocer: es que el planeta vino gira, a veces, a una velocidad mayor que el resto de la Tierra.

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