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Etiquetas10/07/2018

Cabernet Franc, una cepa que revoluciona y no para de crecer

La cepa de la que todos hablan está imparable. Expertos propios y ajenos no paran de elogiarla y muchos la consideran el vértice de la revolución que viene. Como si algo faltara, un varietal de Gualtallary acaba de obtener los ansiados 100 puntos Parker por primera vez para un vino argentino. Una cata retrospectiva del ícono de Bodega Andeluna, proveniente del mismo terroir, nos revela los fundamentos de un boom que recién empieza.

Es la cepa del momento. Todas las bodegas quieren tenerla en su portfolio y las que aún no lo consiguieron, estan comprando todo lo bueno que existe en el mercado, cuando no plantando o reconvirtiendo viñedos para ampliar su presencia.

Y es que si bien el mundo del vino es lento para que un cambio de rumbo se pueda notar a simple vista, la velocidad con la que viene arrasando la “fiebre” del Cabernet Franc, vuela por los aires a la cadencia habitual con la que esta industria se mueve. Y no es para menos.

Si bien algunos estudios indican que pudo haber nacido en el país vasco español, su ADN es más francés que la baguette. Y allí es rey: los grandes vinos de Saint Emilion, tales como Cheval Blanc y Chateau Ausone, lo contienen en una gran proporción. Y muchos otros de la prestigiosa Rive gauche del río Garonne, lo tienen como un componente esencial de sus afamados assemblages.

También cuenta con grandes extensiones en el Vallée de la Loire donde se lo encuentra en versiones menos aristocráticas y con nombres como Cabernet Bouchet o Breton, entre otros, totalizando unas 30mil hectáreas en tierras galas, por lejos el territorio donde mayor extensión posée (seguido muy detrás por Italia con 6.000ha y aún más lejos por Argentina con poco menos de 1.000ha).

Viejo mundo en nuevo mundo

Si bien la Argentina pertenece al grupo de paises productores de vino denominados del “Nuevo Mundo” (junto a Australia, Sudáfrica, Nueva Zelanda, Estados Unidos y Uruguay, entre otros), muchos expertos consideran que nuestros vinos guardan un mayor paralelismo con los del “Viejo Mundo” (donde se agrupan Francia, Italia, España, Alemania, etc). Nuestra cultura vínica que bajó de los barcos junto con la inmigración europea parece tener buena parte de la culpa.

Esta noble herencia nos marcó a fuego y hoy se traduce en el estilo de vinos al que honramos. La trayectoria recorrida por el Malbec en los últimos años, el cuál vivió un verdadero boom de consumo a escala global, dá cuenta de éste fenómeno. Apreciado por su voluptuosidad y su fruta golosa que lo vuelve tremendamente bebible, el Malbec argentino batió todos los records y puso literalmente en boca de todo el planeta a nuestros ejemplares de media y alta gama, corriendo desde Bordeaux hacia nuestros terroirs el epicentro por su creciente fanatismo.

Pues bien, con este antecedente, lo que viene pasando con el Cabernet Franc parece recorrer el mismo camino. La cepa que brilla en los Grand Cru Clasée de Bordeaux no para de crecer en la Argentina y viene dando señales de que podrá, algún día no tan lejano, darle digna batalla a los que allí se elaboran. Y esto recién comienza.

En busca del Cabernet Franc argentino

El fenómeno local es reciente pero los primeros pasos del Cab Franc en la Argentina se dieron en los años 90. A principios de los años 2000 la superficie ya sumaba unas 200 hectáreas, la cuál se quintuplicó en los siguientes 15 años, sumando en la actualidad una cifra cercana a las 1.000ha.

Mucho menos plástico que el Malbec para adaptarse a la variedad de terroirs que la Argentina ofrece y en plena etapa de descubrimiento, la cepa del momento se vá consolidando en los planes de todas las bodegas pero aún no resulta significativa para ninguna. Y por ende, el mundo la vá descubriendo a cuenta gotas.

Con estos números sobre la mesa, el camino más sensato parece ser el de recorrer un camino hacia la calidad, que aún con la baja escala que los Franc argentinos ostentarán por unos cuantos años, le permitirán competir en las grandes ligas para posicionar por derrame a todos los que vengan por detrás.

En este sentido, poner el foco en el terroir se perfila como la llave al futuro.

Una cata en retrospectiva

En tiempos vitivinícolas, donde el reloj corre a otro ritmo y los avances se miden en años, es aún muy prematuro poder afirmar cuales son los mejores terroirs para el Franc en la Argentina. Pero de lo que no hay ninguna duda es que algunos ya pican en punta, como los de Alto Agrelo en Luján de Cuyo (con magnificos ejemplares en MonteQuieto y Pulenta Estate) y los de Gualtallary en el Valle de Uco.

Sobre estos últimos, GlamOut tuvo la oportunidad de observarlos bien de cerca, gracias a una genial cata vertical organizada por Andeluna, una de las bodegas pioneras de la variedad en el valle, y que lo viene elaborando a nivel de vino ícono hace más de 15 años.

Comandada por su enólogo Manuel Gonzalez Blas, y junto a los propietarios actuales de la bodega, la familia Barale, este medio tuvo acceso al detrás de escena que sostiene a una de las etiquetas que más recorrido ostenta para esta variedad en la alta gama Argentina: el Andeluna Pasionado Cabernet Franc.

Una década de grandes cambios

En un recorrido por seis de sus mejores cosechas, siendo 2005 la más antigüa y 2015 la más reciente, la cata se propuso mostrar la evolución vivida por este ejemplar en un laspo de tiempo relativamente corto en términos vínicos pero lo suficientemente significativo para la corta vida que esta cepa acumula en el país. Una retrospectiva para el Cabernet Franc que, por cierto, sólo un puñado de bodegas están en condiciones de igualar, siendo la única de Gualtallary en poder ofrecerlo.

Comenzamos:

Pasionado Cabernet Franc 2005

Tratándose de un vino de 13 años de edad, beberlo fue un golpe de frescura inesperado. Con una fruta super viva, una acidez envidiable y mucha jugosidad, nada hacía pensar que el vino más longevo del line up que propuso la bodega se iba a llevar tantos elogios por estos atributos.

Si fuera un indicio de por donde evolucionarán los Franc que se elaboran hoy, créanme que nos espera un gran futuro. La botella se bebe sóla, una copa llama a la otra.

En nariz se presenta bien especiado, con un agradable mix entre curry y pimienta, junto con un lejano recuerdo a ají molido y sus notas dulzonas. En boca es bien power, no pasa desapercibido y sigue el camino anticipado por la nariz, con predominio de la especias dulces acompañadas de un leve picor. Explota de fruta, pero su expresión no es empalagosa, de un vino gordo, sino todo lo contrario, fluye con elegancia y mucha linealidad, dando ganas de seguir bebiendo.

La complejidad que entrega se siente en sus múltiples capas de aromas y sabores, pero todos derivados de la madurez de la fruta antes que de la madera, a pesar de que la misma tenía bastante predominio en su elaboración, atento al estilo de vinos que demandaba la época en la cuál se lo concibió.

Pasionado Cabernet Franc 2009

Un pequeño salto en el tiempo pero importante para un vino top, teniendo en cuenta la rapidez con la que fueron evolucionando las preferencias del consumidor en esos años. Sin embargo, la diferencia con el anterior no es tan notoria, lo que habla de la frescura del terroir y que funciona como hilo conductor entre las diferentes añadas.

Es un vino sumamente elegante, dueño de una joven complejidad donde la madera tiene un rol bien presente pero no invade ni tapa a los demás componentes. De nuevo se destaca la expresión a fruta madura y las especias, aunque en éste caso las notas balsámicas y algo mentoladas ganan protagonismo.

Super jugoso gracias a su acidez natural siempre bien marcada, es un ejemplar que aún puede seguir creciendo y del que esperamos poder volver a beber en algunos años.

Pasionado Cabernet Franc 2011

Primera cosecha de Manuel González en la bodega, tiene para él un significado especial. Esta cosecha mantiene la elegancia y el estilo de la casa pero con un perfil aún más ligero y menos goloso. Al beberlo se siente super equilibrado y moderno, gracias a su mayor acidez (corregida en bodega) y a la mayor fluidez que le entregó una añada particularmente fresca.

El costado salvaje tan atractivo del Franc se vé acentuado en éste ejemplar por primera vez, dando cuenta de una menor intervención de la madera en su elaboración y crianza, lo que permitió que la parte aromática se exprese con mayor intensidad, junto con todas su sutilezas.

Y es que a decir de Manuel, “al Cabernet Franc no le gusta la madera nueva”, una verdad que no parece haber afectado a las cosechas anteriores gracias a un manejo muy equilibrado de la misma, pero que representa un riesgo que es preferible evitar a la hora de obtener ejemplares que destaquen por su elegancia y sofisticación. La misma que viene conquistando los paladares del mundo copa a copa.

Pasionado Cabernet Franc 2012

La llegada de Manuel al timón enológico no sólo se vió reflejada en un menor uso de la madera sino también en un trabajo desde el viñedo, que busca nutrirse de la frescura que ofrecen las cosechas más tempranas. De esta forma y adelantando con inteligencia los puntos de cosecha, el vino que nos convoca logra profundizar en esta añada sus mejores atributos: más acidez (pero agradable), menos madera (sin perder su agradable estructura y el graso en boca) y mucha fruta bien al frente (sin volverlo un vino empalagoso).

El resultado es un vino super fresco, bebible, de joven complejidad, con toques salvajes y especiados propios de la variedad y con mucha onda. Su final es bien largo, dejando un agradable recuerdo, siempre fresco y lleno de sutilezas.

Pasionado Cabernet Franc 2014

Es la cosecha que actualmente está en el mercado, donde se consigue a un precio sugerido de $1.370.

Si algún parentezco sospechabas que tenía con el Cabernet Sauvigon (el Franc es su padre, junto con la Sauvigon Blanc), aquí se lazo de sangre se verifica en cada sorbo. Influencia de una añada particularmente fría, con heladas y todo, es el primero del flight en expresar notas a morrón asado (“piracinas” en términos técnicos). Un costado vegetal que el Franc no desconoce y que siempre lo acompaña pero que en esta añada pasa al frente, desplazando a las notas herblaes y especiadas que lo suelen caracterizar (y es que las notas “piracínicas” resultan algo más invasivas y atentan contra las sutilezas de las otras que acompañan).

No obstante, es un ejemplar digno de ser bebido y muy disfrutable, que muestra otro costado que también forma parte de lo que expresa el Cabernet Franc en su terroir de Gualtallary cuando los caprichos del clima así lo exigen.

Pasionado Cabernet Franc 2015

Cerramos el viaje con un ejemplar sobresaliente, que tiene todo lo bueno que promete el Cabernet Franc, en perfecto equilibrio. Mismo estilo que los anteriores, super expresivo y elegante, su columna vertebral es la acidez y su caracter salvaje tan propio de la variedad en este terroir.

En nariz expresa aromas a montaña y jarilla, donde las notas florales y a hierbas aromáticas llenan de perfumes la copa.

Fluye ligero y muy lineal, con un peso medio en boca que ofrece una agradable sensación al hacer contacto con el paladar. Su cierre es perfecto, casi majestuoso. Sólo le falta domar un poco sus taninos, bien redondos y dulzones, que calmarán su intensidad con el paso del tiempo, al abrigo de la botella.

“La acidez la marca el terroir y es el hilo conductor de todas las añadas” resalta Manuel, buscando encontrar el denominador común del viaje que acabamos de concluir. El primer tramo de un camino que recién empieza, pero que nos augura un futuro prometedor a la hora de llenar nuestras copas y las del mundo con un buen vino argentino.

Javier Menajovsky

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