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Restós24/06/2018

Volver al Green

Pionero no solo de Palermo Soho, sino del exotismo que suponía hace veinte años arrimarse con respeto y pasión a los sabores que definimos como del “sudeste asiático”, Green Bamboo nació de noche y vietnamita. Fueron las Señoras nativas de los diplomáticos de esta tierra las que plasmaron su cocina autóctona y originaria, idea que su creador, Darío Muhafara, supo mantener desde entonces. Por Ernesto Oldenburg

"No juego al golf, pero siempre vuelvo al Green. Al Green Bamboo "

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Pionero no solo de Palermo Soho, sino del exotismo que suponía hace veinte años arrimarse con respeto y pasión a los sabores que definimos como del “sudeste asiático”, Green Bamboo nació de noche y vietnamita. Fueron las Señoras nativas de los diplomáticos de esta tierra las que plasmaron su cocina autóctona y originaria, idea que su creador, Darío Muhafara, supo mantener desde entonces.

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Restaurante, bar, punto de encuentro, el Green siempre fue un lugar de referencia. Único. Muchos talentos formaron sus filas. En algún momento, la Chef, cocinera, repostera y amiga Malvina Gehle recaló en sus fuegos, otra buena razón que tuve y tengo para seguir visitando de cerca el ambiente que ilumina esta esquina elegida.

Más de una vez me tocó hacer una nota del lugar en alguna de las revistas que ya no existen, y en una ocasión de éstas, fui a comer con mi mujer. Nos atendieron de maravilla. El bartender de turno nos recibió con un par de cócteles de su talla y oficio. Comimos maravillosamente. Pero algo pasó, una discusión marital se interpuso en la velada. Volvimos en casa en taxis separados. Publiqué la nota con éxito, omitiendo los detalles ya olvidados.

VOLVER

Por eso me gustó volver al Green. Con mi mujer, mis hijos y mi madre, Elisabeth Checa. Y mucho más ahora, que abre al mediodía, desde la primavera 2017.

El gato de la suerte se impone gigante pintado en el portal de la ochava. Adentro, la luz del sol barre la faz otrora nocturna del local. La barra brilla, plagada de botellas singulares. Los adornos alegran el ambiente, y se lucen en su claro esplendor.

La camarera tatuada (occidental)nos recibe enseguida. Acerca un menú claro, conciso, a muy buen precio. Los platos están en su idioma original, con su descripción en criollo. La carta ofrece la tentadora propuesta de snacks por la tarde. Y los fines de semana ofrecen un brunch tropical, original y diferente. El día, el sol, por fin llegó al Green Bamboo.

COMER

Ni bien nos acomodamos en uno de sus tantos livings, la chica tatuada nos deposita con su sonrisa una sopa de pollo y ananá “de cortesía”. Cálida y fresca a la vez, gracias a la lima y al cilantro -omnipresente-, el caldo sacude el frío otoñal y nos predispone a las entradas: Nem Sái Gón, un par de rolls de cerdo y hongos shitake envueltos en papel de arroz, fritos, que reposan en hojas de lechuga y menta para que el comensal las enrolle, empape en una maravillosa salsa y se las zampe sin convidar a nadie, como hice.

Los Ga Xien Ran, arrollados de pollo y panceta fritos, son algo más secos, pero sabrosos al fin, como los Sui Cao, los típicos dumplings (masa rellena) al vapor y plancha de carne y hierbas, ambas opciones con su salsa de compañía. Presentadas en cuencos, lajas y lozas, las tres alegres entradas abren el apetito y despiertan la sed. Nada que un Padrillo Rosado ($350) o un Semillón de La Poderosa no puedan afrontar. Porque los mediodías del Green Bamboo son honestos y luminosos, la pretensión de alta gama sobrevuela otras latitudes.

El color rojo predomina en el entorno. Por eso mis hijos preguntan, ¿“Por qué le habrán puesto Green bamboo si es todo rojo?”. Antes de poder responder llegan los principales. De las seis opciones que presenta la carta del mediodía, elegimos tres. El Curry (de pollo, tomates y leche de coco) llega humeando en un tazón grande. La camarera consultó previamente el grado de picante, al que el cocinero hizo caso omiso. No hay que compararlo con los curries de la India, totalmente diferentes. Los vietnamitas o del sudeste asiático son más aromáticos y caldosos, y pueden ser de pasta de curry verde, rojo o amarillo.

El Thit Bo Xao es una ternera con pesto de cilantro, que llega con arroz blanco al vapor, algo templado. La cocción resulta muy perfumada y sabrosa.

Los chicos gozaron con los Banh Bao, los panes al vapor rellenos con cerdo laqueado, pickles y hierbas. Hay opciones veggie y de pollo caramelizado con lemongrass.

Si bien hay que comer los postres creación de Malvina Gehle, este pasado mediodía no pude animarme a ellos, pero los recomiendo ciegamente.

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La fórmula de valores que aplican al mediodía es por pasos: un paso, $220.-; dos pasos, $250; tres pasos, $270. Los refrescos $35.- y la copa de vino o 1/2 pinta de cerveza, $55.- El menú ejecutivo (plato del día y bebida), $200.- Más que accesible.

Antes de irme le eché un vistazo al menú de la noche. Es un amplio abanico que despliega una gran variedad de opciones: Nem (arrollados), Finger Food, Ensaladas, Tapas Vietnamitas, Sopas y fideos, Curries, Platos Vegetarianos y Otros (Especiales), amén de la carta dulce. Los filosofía que aplican al mediodía.

No me despido sin destacar que Green Bamboo es un precursor, referente de sus secuelas de apertura reciente, por eso renueva su tradición bajo otras formas, como la apertura de su pequeño local en el renovado Mercado de Belgrano (Juramento 2501). Allí se puede comer al paso unos deliciosos curries picantes por $120.-, probar otras exquisiteces o comprar insumos ad hoc para cocinar en casa. Pero esa es otra nota. Prometida.

GREEN BAMBOO

Costa Rica 5802

011 4775-7050

www.green-bamboo.com.ar

Ernesto Oldemburg

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