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Wine News27/06/2017

Nace Altar Uco, los vinos personales de Juanpi Michelini

Luego de ponerle cuerpo, alma y firma a varios de los vinos más innovadores de los últimos años, Juan Pablo Michelini acaba de dar a luz su primer proyecto propio. Bautizado Altar Uco, ha decidido expresar toda su identidad elaborando vinos de crianza. Botellas concebidas para madurar antes de ser abiertas, logrando una analogía perfecta con su propia historia.

Bajo el lema “Vinos de Quietud”, en las antípodas de lo que refleja la impronta disruptiva de sus geniales etiquetas creadas hasta ahora, Juan Pablo Michelini acaba de presentar su primer proyecto 100% personal, en el que promete desplegar su habitual carisma pero también su visión íntima y directa sobre los vinos por los que pretende ser reconocido.

En todos ellos busca (y buscará) poner en valor la influencia del paso del tiempo y el reposo sobre los vinos que elabora, pensados hoy para ser bebidos en diferentes momentos de su evolución. Para ordenar sus intenciones, se propuso dividirlos en tres grupos: edad moderna, edad media y edad antigüa, en clara alusión a la longevidad que cada línea representará.

Toda historia tiene un comienzo

El proyecto comenzó a escribirse en 2014 y empieza hoy a mostrar sus primeras etiquetas, elaboradas ese mismo año y agrupadas bajo el segmento de Edad Media. Se trata de dos blends, uno blanco y uno tinto, que se encuentran en pleno desarrollo y que prometen sostenerse en pié al menos 10 años más.

El primero de ellos se compone de un 90% de Sauvigon Blanc, 8% de Chenin Blanc y un leve toque de Chardonnay (menos del 2%), que sorprende por el volumen que despliega en la boca y por sus aromas. Esa amplitud y esa intensa nariz tienen que ver tanto con su paso por barricas de roble francés de 500 litros durante 12 meses como por su descanso en botella durante otro tanto pero sobre todo por haber sido macerado en contacto con los hollejos, la piel de la uva, la cuál habitualmente se separa del líquido al inicio de su elaboración. No fue aquí el caso, buscando que le aporte su estructura y sus rastros de oxidación, que lejos de perjudicarlo, le permiten mostrar otra faceta y volverlo más resistente para la guarda. El objetivo que justamente persigue Juampi en toda su línea.

Al momento de beberlo, si bien es seco, muestra una lejana dulzura que lo vuelve muy sensual y goloso, sin perder delicadeza y elegancia. Su acidez es sutil y se aleja de la intensidad mordiente que suelen recorrer los Sauvignon Blanc de los Michelini, expresando otro carácter. Es definitivamente un distinto, como su hacedor.

El dato de color para quienes lo siguen de cerca es que el Chenin Blanc que utilizó en éste blend es el mismo que participa del Blanc de Alba, vino blanco elaborado junto a su amiga sommelier Agustina de Alba. Lo podés conseguir por un precio sugerido de $710 (sólo 900 botellas).

Por el lado del tinto, el blend se compone de un 50% Malbec, un 30% de Cab Franc y un 20% de Merlot, todo de Gualtallary, en cuya elaboración se sumó un paso por ánforas de cemento de 3000 litros durante 12 meses (además de los 12 meses de paso por barrica de roble francés de 500 litros y los, al menos, 12 meses de descanso en botella). Cada cepa se vinificó por separado en piletas de hormigón y luego se juntaron para conformar el blend, el cuál reposó y se críó ya amalgamado en estos diferentes contenedores, buscando conseguir elegancia y fineza.

Es un vino profundo, que muestra un agradable evolución donde la frescura no se pierde pero se la siente acompañada de todas las virtudes que le otorgan el paso del tiempo. De acidez equilibrada, es muy jugoso, una copa llama a la otra. Lo balsámico del Cab Franc se hace sentir en esos aromas sutiles a tomillo y laurel, que le aportan complejidad y misterio.

Se elaboraron 4000 botellas de 750cl, que se consiguen en $830 en vinotecas especializadas. También se embotellaron 400 Magnum, formato ideal para la prolongada guarda que el mismo promete.

Con la innovación a flor de piel

Si bien sus vinos son de quietud, Juampi no acostumbra a quedarse quieto ni por un momento. Y para corroborarlo también en su nuevo proyecto, al presentar sus vinos a la prensa especializada, propuso acompañar el postre con una versión argentina de un vin jaune (vino amarillo en francés), un estilo de vino muy particular que se elabora en la cadena montañosa de los Jura, al este de Francia, con la cepa blanca Savagnin.

Se lanzará en los próximos meses bajo el nombre de Altar en Flor, haciendo referencia al velo de flor que, ante ciertas condiciones buscadas, se forma espontaneamente sobre la superficie de estos vinos cuando reposan en barricas, y que es la parte del proceso que le aporta su carácter único. Esa capa formada por levaduras, que dá lugar a lo que tecnicamente se llama vinos de crianza biológica, modifica el liquido de tal forma que, sin dejar de ser muy disfrutable, altera su sabor completamente, dejando lugar a un vino bien seco, con notas a nueces y almendras, ideal para una larga charla de sobremesa. Saldrá cerca de $1500, aunque no se sabe bien cuando saldrá al mercado, por lo que habrá que estar atento.

Un lindo proyecto a seguir de cerca, que promete al igual que sus vinos, ponerse cada vez mejor con el paso del tiempo.

Javier Menajovsky

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