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Restós12/07/2016

La Mar también se vive en invierno

Todavía es nuevito, un estreno de Buenos Aires, pero ya es, sin dudas, uno de los mejores restaurantes de la ciudad. Ahora, La Mar presenta su carta de invierno, que irá cambiando cada 15 días, al ritmo de las pescas y los proveedores.

Decimos que La Mar es uno de los mejores restaurantes de Buenos Aires, y lo decimos con seguridad. Lo es por su cocina, deliciosa y creativa, pero también por su ideología, que apuesta al mejor producto (en este caso, comandado por pescados y mariscos) con una variedad irrepetible. Fue necesario que llegue este restaurante creado por Gastón Acurio (y conducido localmente por el genial Anthony Vásquez) para que aparezca en una carta porteña mariscos como almejas blancas y ralladas, caracoles de mar, panopeas, cangrejos, pulpos patagónicos, además de pescados que van de la lisa al besugo pasando por muchos más. Es una maravilla, que se agradece: La Mar le hace bien a la gastro local.

Ahora, este lugar decidió mover su tablero, con una carta de estructura fija (es decir, allí están los ceviches, los tiraditos, las causas y los muchos etcéteras), pero con con ingredientes que irán cambiando según la oferta más fresca del mercado, con renovación continua y especiales del día (por los que vale la pena preguntar).

Hay de todo: chupes deliciosos y calientes, arroces, los famosos y siempre perfectos cebiches, tiraditos y pescados enteros. Se sumó a la carta el choripan de lenguado (el que supo ganar fama en la feria Masticar), hay un paté de mar hecho con hígado y huevas de pescado, probamos el pulpo patagónico entero a las brasas (al que todavía están conociendo) y pescados enteros fritos con salsa cevichera increíble. Entre lo más rico, hay que probar el cebiche que incluye vieiras, almejas, caracoles y panopea, un canto de alabanza a la Costa Altántica. Y luego siempre mirar sobre la mesada al medio del salón para elegir el pescado deseado y con él armar el plato. Vale la pena mencionar que ya no hay salmón en la carta, reemplazado por la trucha.

Mención aparte a la creativa Agustina de Alba, sommelier consultora que armó, más allá de la carta fija, una carta alternativa, con vinos de muy pequeñas ediciones (en algunos casos, vinos de los que apenas hay 1000 botellas en todo el país), todas como proyectos particulares de enólogos y muy pequeños bodegueros, desde el best value Traslapiedra (del Paraje Altamira) a los JiJiJi o el propio Blanc de Alba, delicioso corte blanco hecho con Juan Pablo Michelini. Hay barra de cócteles, correcta aunque no la sentimos a la altura del resto del restaurante.

Está claro: con su precioso patio y los pescados y mariscos fríos en la primera parte de la carta, muchos creen que La Mar es ideal para el verano. Y tienen razón. Pero qué bien que se defiende en invierno, con platos picantones y maravillosos. El precio es importante, más alto que al principio (rondará los $600/700 por persona) pero yendo en grupo y compartiendo, los valores bajan un poco.

Va la info básica: La Mar queda en Arévalo 2024, 4776-5543 y abre martes a sábados de 12 a 16 y de 20 a 24; domingos de corrido de 12 a 19.

Rodolfo Reich

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