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Restós27/07/2014

Un Santo Remedio para el paladar

A 250 kilómetros de Buenos Aires, el restaurante Santo Remedio es un destino culinario para agendar. Buena cocina basada en la mejor materia prima, anfitriones muy atentos y un entorno pacífico y campestre. Para olvidarse del mundo envuelto en los mejores aromas.

Es el sueño utópico de todo porteño: abandonar la gran ciudad e irse a probar suerte a un pueblo del interior. Eso fue lo que hace más de veinte años hicieron Edgardo Zelaya y Claudia Pisani, que hace más de 20 años encontraron en la localidad de 9 de Julio su nuevo hogar.

Edgardo trabajaba en la industria farmacéutica y se fue con un contrato bajo el brazo. Pero en la quietud pueblerina encontró una nueva pasión, la cocina. Cursó la carrera de cocinero profesional en Gato Dumas Colegio de Cocineros, en la modalidad intensiva: un sábado por semana, en una jornada que duraba todo el día. Esto le significaba levantarse a las 3 de la mañana en 9 de Julio, tomar el micro, cursar las ocho horas de clase, y retornar de noche, exhausto pero feliz en su elección. Todo esto fue el germen del restaurante Santo Remedio, uno de los secretos mejor guardados de la buena gastronomía del interior bonaerense.

Santo Remedio es el restaurante de la hostería La Soñada, proyecto comenzado por la pareja hace tres años. Edgardo a cargo de la cocina y su mujer, Claudia, arquitecta, fue quien diseñó el espacio. "Los árboles definieron la idea del lugar", dice Claudia, señalando la vista que hay desde la hostería hacia la parte de atrás, donde grandes árboles enmarcan una pileta y un gran jardín campestre. El lugar es precioso, cuenta con salón de eventos (se hacen desde encuentros empresariales a casamientos y cumpleaños), con una hostería de apenas 13 habitaciones, cómodas, muy bien climatizadas y muy silenciosas. Un buen destino donde olvidarse del mundo.

Hoy, La Soñada tiene algo de emprendimiento familiar. De los tres hijos de la pareja, dos también trabajan aquí (el tercero estudia en BA). Malén es diseñadora y tiene a su cargo la imagen de los menúes, la web y varios detalles del espacio. Y Lautaro profundiza la senda culinaria: "Mi hijo es un apasionado de la cocina, se recibió de cocinero en el IAG, vivió y trabajó en un restaurante en Brasil, tiene una mente joven y creativa... trajo muchas ideas nuevas. De a poco me está relevando de la cocina. Era hora....", dice Edgardo.

Santo Remedio tiene la difícil tarea de unir el paladar tradicional del típico comensal campero (usualmente más conservador que los de las grandes urbes) con toques de alta cocina y respeto por la mejor materia prima. Por la carta deambulan carnes especiales, con el cordero y conejo como dos favoritos de la casa, pastas caseras con rellenos originales -con un dente perfecto, son tal vez lo mejor de la carta- e incluso pescados traídos frescos del mercado, una buena noticia para un pueblo que está en plena cuenca ganadera.

Algunos ejemplos de la carta: entradas como vieiras con crema de azafrán o espárragos envueltos en jamón crudo y gratinados, pastas como losraviolones de pollo con manteca de pistachos y rúcula, entre las carnes destacan las mollejas con variados hongos y el ojo de bife jugoso con crocante de panceta. El conejo hace su aparición tanto en sus cuartos traseros (lo sirven en costra de cítricos) como con su lomo (con salsa de vino tinto). Hay pescados (rico el abadejo con coulis de pimientos braseados) e incluso pulpo a la gallega. Esto es apenas un resumen, que además olvida tal vez lo más pedido, los platos del día, que pueden ir de un guiso de cordero a unos raviolones de conejo.

Hay una pequeña cava de vinos a temperatura controlada, con bodegas clásicas pero también con buenas etiquetas a probar, y café Nespressopara el final.

¿Por qué ir a comer a Santo Remedio? Se podrá estar de viaje hacia el sur patagónico y usarlo como escala, puede ser en viaje al interior bonaerense por trabajo, una escapada en auto con el único fin de saciar la curiosidad y el hambre. La excusa es lo de menos: lo cierto es que encontrar este refugio a 250 km de la capital es una muy feliz sorpresa, a la que vale la pena hincarle el diente. Todo con una buena relación precio calidad, con valores que para un porteño serán amigables: una cena ronda los $170 promedio por persona. Y conviene reservar: el viernes y sábados, el lugar se llena.

Un dato aparte: vale la pena mencionar que los fiambres y embutidos utilizados provienen de una pequeña carnicería en 9 de Julio (se llamaFaustino y queda en Av. San Martín y Gutiérrez) que cuenta con un espacio dedicado a los chacinados, que no tiene nada que envidiarle en pulcritud a un quirófano. Allí cuelgan decenas de bondiolas, jamoncitos sin hueso, sobresadas, chorizos y más maravillas del mejor recetario campero.

Hostería La Soñada queda en Beruti 2038 (9 de Julio), a 200 metros de la Ruta 5 (no es necesario entrar al pueblo para ir a comer). El restauranteSanto Remedio abre jueves, viernes y sábados, de noche (domingos abren de mediodía con un menú más simple). Reservas al (02317) 424258 / 403060. Más info en www.hosterialasoniada.com.ar.

Rodolfo Reich

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