¿Por qué tanto alboroto por la visita de un periodista norteamericano? Muy simple: Jay Miller es la voz de The Wine Advocate en lo que respecta a vinos argentinos. Y The Wine Advocate es la herramienta de márketing más poderosa que existe para entrar al mercado estadounidense. Y Estados Unidos es el principal mercado del mundo para los vinos argentinos. Tan sólo por eso. Aparte quedarán las discusiones sobre si es válido dar puntaje a un vino, si es ético conducir el consumo, si las modas son convenientes o no, y tantas discusiones más.
Esta es la primera visita oficial de Miller al país. Ya el año pasado había degustado una parva de vinos en tiempo récord, pero lo hizo allá, en su país natal. Ahora, este psicólogo devenido en catador, visitó Mendoza, invitado por Wines of Argentina (entidad con 120 bodegas asociadas, responsable de promocionar los vinos argentinos en el exterior), visitó 35 bodegas y degustó 300 etiquetas, incluyendo algunas del Norte y de la Patagonia. Vino con una misión eminentemente proselitista, de la cual saldrán dos artículos: uno sobre relaciones precio-calidad, y otro general sobre etiquetas locales. Adelantémonos en el tiempo, y veamos qué opinó.
Primero, habló del mercado norteamericano, un país hoy en franca recesión. Un malestar económico que, paradójicamente, nos beneficia: según él, el estadounidense promedio está dejando de beber, por la crisis, vinos Premium (de más de u$s25 la botella), pero no botellas más económicas. Lo que se llama “entry levels”, categoría en la cual Argentina tiene una gran calidad. Si a esto le sumamos la apreciación del euro sobre el dólar, nos da que los vinos locales son muy competitivos en EE.UU., por lo que todo indica que el consumo de los mismos seguirá aumentando allí a tasas más que positivas.
Respecto a la competencia entre países del Nuevo Mundo, aseguró que nosotros tenemos una ventaja, que empieza con “M” y sigue con “albec”. El Malbec argentino goza ya de gran reputación en Norteamérica, con buenos puntajes en medios especializados, y con cada vez más gente que lo conoce y lo pide. ¿Es una moda pasajera? ¿Nos puede pasar lo mismo que al alicaído Merlot? Miller asegura que no, que el Malbec local es muy bueno y no va a “pasar de moda”, pero la realidad es que sus palabras no suenan a una verdad elaborada racionalmente, sino a parte de su trabajo. El tiempo dirá. Lo que está claro es que todavía podemos y debemos aprovecharlo, para exponer la marca país en el resto del mundo.
Fuera del Malbec, reconoce la fuerza del Bonarda por un lado, y del Torrontés del otro, si bien en la charla que dio a un pequeño grupo de periodistas especializados -con Glam Out presente- no les dio mucha importancia. En especial, omitió opinar sobre los vinos blancos (“probé algunas cosas buenas”, generalizó). Está claro que su misión era beber Malbec. Esto no impidió que subrepticiamente comente sobre la enorme importancia que está teniendo el consumo de vinos rosados en EE.UU., y diga que Argentina podría meterse en el segmento con rosados de Malbec.
Por último, fue terminante cuando aseguró que los espumantes locales, si bien podrán tener calidad, no pueden competir allí por la enorme cantidad de champagnes, cavas y spumantes que llegan de Francia, España e Italia, respectivamente, sumado a los sparkling producidos allí mismo. Y tampoco auguró demasiado para vinos dulces y tardíos.
Argentina vive un buen momento de exportaciones. En 2007, éstas alcanzaron los U$S488 millones, un crecimiento del 29,6% respecto a 2006, correspondiendo un tercio del volumen a la variedad Malbec. La visita de Miller se lee en este contexto: una fuerte y correcta apuesta del país en seguir recuperando terreno frente al Viejo y Nuevo Mundo vinícola.
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