Hay un libro del escritor mexicano Gonzalo Celorio que se llama “
Y retiemble en sus centros la tierra”, un verso del himno de Mexico. Es el derrotero de un hombre, desde un amanecer con resaca (con “la cruda”, como le dicen en México, donde sucede la historia) y va acercándose al centro del DF parando en todos los bares. El protagonista discute el origen de la palabra “centros”, diciendo que en verdad sería antros. Los antros serían el centro.
Pero un centro ruin, fangoso, tembloroso, musical y alcohólico. Los antros son los bares que hacen de refugio, puerto, cueva, reparo y descanso. Eso sí: bares hay muchos y, aunque el protagonista se detenga también en bares lujosos de hotel, sabe encontrar una copa en
fondas reas y boliches callejeros. Porque si bien hay bares luminosos y espléndidos en que uno ama sentarse a palpar el paso de la noche con una copa de Martini entre los dedos,
también hay noches en que se descansa y fogonea el cuerpo en lugares nobles y oscuros. Bares que están del lado de algún reducto clandestino en la Nueva Orleans durante la Ley Seca; de las trincheras en que se bebía gin en la Primera Guerra Mundial; en los bares de estación de tren de (casi) cualquier ciudad del mundo; los bares de los puertos donde cargaban agua y ron los piratas; o de las barras sucias del Oeste americano que mostró
John Ford. En esta línea de lugares, con ese espíritu, está
Guebara. No vayas a buscar un cóctel delicado de cardamomo y jengibre, ni la mesa de diseño, ni un ambiente cuidado por camareras bonitas y universitarias. Menos aún una vela o una flor en el centro de la mesa. Definitivamente no es en este bar donde Fito levantaba “margaritas del mantel”. Tampoco esperes que suene esa música que te pasan en la Metro, ni que las caras de los bebedores sonrían a tu paso. Pero en
Guebara podés encontrar más de 30 whiskies, un vodka de Islandia,
los mejores gin del mercado local, cervezas alemanas, holandesas o belgas, licores raros o
una ginebra tucumana exquisita que ya casi no existe más.
Eso es Guebara, y esta es parte de su historia.
Un bar en medio de la fiestaMariano es el fundador de Guebara (que luego sumó el nombre de Cave Canem, tomado de una canción de Virus), y él atiende cada noche detrás de la barra. Antes de abrirlo, en 1994,
hizo programas de radio, fue manager de bandas, militó en política y, en relación a estas tres cosas, como un centro social del triángulo,
hizo fiestas en su casa. Fiestas que aún se recuerdan en Parque Patricios. La convocatoria fue creciendo hasta exceder las posibilidades hogareñas. Ahí nació la idea de abrir un bar donde llevar la música, los amigos y las bebidas. En esos años reinaba Menem y
ponerle B al Che, fue menos una ironía que un leve intento de ocultar la potencia del nombre. Un nombre que igual causó amenazas de la policía, denuncias y una causa. En verdad, su primer nombre fue
Zelig, pero duró solo tres meses. No había lugar para un camaleón. Por su ambiente oscuro y pequeño comenzaron a pasar poetas y músicos que agitaban las noches de la semana.
Enrique Symms, la banda de Kusturica, la Bersuit, Manuel Moretti, Fernando Samalea, Tom Lupo y hasta Rosario Flores han estado bebiendo y/ o subidos al escenario, dando la espalda al ángel que cuelga de la pared. Un ángel brillante y oscuro. En el 2001 la crisis puso en el abismo al país y al bar, y Mariano tuvo que buscar una salida. En lugar de achicarse, cerrar o refugiarse en la historia que tenía, decidió crecer. De un laberinto la mejor forma de salir es para arriba, parece haber pensado, y sin perder nada de su ambiente, y con la plata que le dejaban los cientos de Daiquiris que vendía por tres pesos,
fue comprando las bebidas importadas que hoy pueblan la barra. Una o dos por semana, comprando botellas perdidas en góndolas chinas o en depósitos de distribuidoras.
En menos de un año la barra ya era lo que es hoy. En ese tiempo también hizo un curso de barman. Hablamos de la misma época en que cerca de allí abrió Gibraltar, un bar que marcó un hito en el barrio:
ya Mariano no se sintió tan solo y encontró también un lugar donde inspirarse. Este año, piensa abrir otro bar cerca, sumado a algún otro proyecto en la zona. Los martes, uno de sus días de descanso,
lo podés escuchar contando historias de bebidas en la Rock & Pop. Historias y bebidas,
de eso están hechos los buenos bares. Las historias se construyen, se pliegan y despliegan, crecen y ruedan entre vasos y copas. Para llenarlas, en Guebara hay precios increíbles, un gran punto fuerte del bar. Amarula o Bailey’s ($10), Havana Club 7 años ($15), vodkas como Stoli, Tanqueray, Skyy o Wyborowa ($12) y entre los whiskeys, JB Jet ($12), Dimple ($30), Glenfiddich ($15), Jim Beam Black ($15), Johnnie Walker Green Label ($25), Famous Grouse ($10) y Jack Daniel’s ($10). Solo muestras de muchas más bebidas, todas con muy buenos precios. Mariano explica que, con esta política de precios, logró que la gente pida, por ejemplo, su Gin Tonic eligiendo la marca: “Si les sale lo mismo (12 pesos), un Tanqueray, Beefeater o Bombay, ya empiezan a pensar y ver cuál les gusta más”. También hay buena oferta de cervezas, con Warsteiner tirada y porrones de Otro Mundo ($15), Saint Paul, Leffe, Stratropramen, Carlsberg o Corona (todas estas a $10). La Grolsch también se consigue por un billete de 10, y este 30 de abril, Orange Day, día de la corona holandesa, estará toda la noche en 2X1.
Ese día es también el aniversario del bar; ocasión perfecta para ir a festejar y celebrar la revolución.
La revolución con B.
Guebara Cave CanemHumberto Primo 463
Tel.: 15-5751-5550
Email:
guebaracavecanem@hotmail.comMiércoles a domingos de 22:30 a 6. Viernes y sábados de 22:30 a 6.30.