Allí, en Palermo, está El Manto. Como siempre, precioso. Que, sin ser el primer restaurante armenio de Baires, es de los primeros que lo llamaron así, en lugar del genérico “cocina del Medio Oriente”. Ya un clásico porteño, cumple seis años, y renueva aspecto y carta. |
Hay muchas causas para, después de seis años de vida, seguir yendo a El Manto. La primera y principal es su cocina. La segunda, es el lugar en sí mismo. La tercera, la relación entre ambas. Pero expliquémoslo mejor.
La cocina armenia tiene mucho de Medio Oriente y mucho de mediterráneo. En Argentina, son varios lugares donde uno puede acercarse y comer este tipo (o semejante) de recetas. Pero todos apuestan por un ambiente familiero, de “boliche” étnico y económico. Lo cual no está nada mal, le da un aire de honestidad. Pero si uno busca algo más romántico, más diseño, un poco de modernidad sin que eso repercuta (si no, por el contrario, potencie) su calidad culinaria, ese lugar es El Manto.
Está en el borde del Palermo Viejo que delimita la calle Carranza. En una esquina étnica por definición (Green Bamboo y Azema conformando un valioso triángulo zonal). Tiene (lo festeja ya, este jueves 8) seis años de vida. Siempre con Rosa Yernazian a la cabeza de la cocina (antes estaba ella en los fuegos, ahora esta señora grande y de nacionalidad armenia ya aprendió a delegar la parte más trabajosa en su confiable personal). Un lugar donde sentarse y sentirse cómodo. Donde el servicio es muy bueno, sin perder glamour. Donde se puede optar por la pequeña planta baja, con mesas bastante espaciadas; por el más pequeño primer piso, con mesas bajas y alfombra; por la terraza, una joya a cielo abierto.
Seis años obliga a un refresh. En El Manto esto significó pintar buena parte del lugar, en búsqueda de trastocar la modernidad palermitana (antes mucho cemento alisado) por un poco más de cordialidad (colores terrosos, inscripciones en armenio, cuadro traídos de afuera o reproducidos fielmente de grabados originales). De todas maneras, ya antes era cordial. Y ahora sigue siendo moderno. También la carta se vio afectada por el ya dicho refresh. A las especialidades de la casa (que siguen allí, siempre en versiones muy abundantes, y que no se irán, ya que son los clásicos armenios que todos buscan), le sumaron nuevos platos. Cordero ushuaiense con Yogurt (saltado con cebollas y especias), o el espectacular Cordero envuelto en Berenjenas (con higos, damascos y pasas de uva) conviven con el Sarma de repollo (niños envueltos en repollo blanco, relleno de arroz y carne con salsa de yogurt y menta) y arroces como el Pilaf con Pollo y a la Persa.
En cuanto a los clásicos, El Manto se hizo en sus inicios conocido por la especialidad de la casa, las carnes al quebracho: variedad de shish de bondiola de cerdo, de picada y trigo bulgur extra fino, de ternera, de pollo y de cordero, todo marinado en especias y cocido al calor del fuego. A esto se le suma entradas como el Basterma con huevo (revuelto jugoso con fiambre casero y pimentón, genial) o el keppy hervido relleno de carne, súper abundante. Platos como Mousaka (una suerte de lasagna de berenjena y carne), Pasha Borek (mil hojas con queso sardo, feta y crema sobre tomates asados) y varios más.
Como siempre pasa en este tipo de restaurantes, una fija es pedir la degustación: tres pasos, cada uno de ellos acompañado con un trago o vino especial. La entrada se sirve con un coctel de estación (frozen de albahaca, por ejemplo); el principal con una copa de Génesis Cabernet, Malbec o Sauvignon Blanc, según la elección de plato, y un postre con shot de Los Stradivarius (oporto de Bodegas Bianchi). Vino que va a las maravillas con todos los tradicionales, calóricos y dulces postres de la región, como son los Baklava, Kadaif, Mamul, Deditos, Galaktuburico, Gurabie, Kadaif de Ricotta, la Corona de Novia (corona de masa fila con nueces y almendras cubierta por una crema helada especiada), y postres con helado made by Pérsico.
6 de Noviembre, día de festejo
La noche del seis, si leés esto a tiempo, reservá: El Manto festeja
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