¿Qué es lo que nos gusta de Sifones & Dragones? ¿Será su tamaño pequeño, incluso algo incómodo, con un sólo baño? ¿Su estética claramente pop, ese submarino amarillo sobre la pared, los sifones de soda como postal porteña, la música ambiente? ¿Será su servicio atípico, con los dueños a la vista, concepto que allí llaman “cocina con mesas”? ¿O será el menú, cambiante, con platos algunos de ascendencia oriental, otras mediterráneas, algunas pocas francesas, y siempre alguno sin ascendencia directa más que la cabeza de sus inventores? Pues sí. Todo eso nos gusta de Sifones & Dragones. Y tengan en cuenta esto: si Sifones estuviese en Barcelona, ustedes (y yo, y tantos otros) deberían reservar mesa con seis meses de anticipación.
Pero estamos en Buenos Aires, y con reservar unas horas antes alcanza para obtener una de sus preciadas mesas.
La propuesta de este restaurante es, como se dijo un poco más arriba, la de una cocina con mesas. Un pequeño local, ocho mesas que se juntan o separan según la necesidad, ubicado en las orillas de Palermo con Belgrano. Ocupando un lugar importante, está la cocina abierta, horno, hornallas, y la importante campana que se lleva los olores hacia afuera. Allí, se preparan los platos que uno pide, en el momento, nada de carnes precocidas, o pastas marcadas. Pero lo mejor viene con el menú. La apuesta está clara: sabores que gusten, con la trasgresión justa para ser original sin dejar a la mitad de la población afuera. Y, si bien la palabra original aplicada a cocina no siempre es un halago, en este caso lo es. Entre Favio La Vítola y Mariana de Rosa (ambos chef y dueños) se encargan de moldear una verdadera cocina de autor. Platos que uno no va a encontrar en otros lugares, armados con un justo equilibrio, que se obtiene por armonía de sabores, o por potencia extrema, es decir, sabores tan presentes que, inexplicablemente, culminan equilibrando al plato.
El menú es breve, prioridad en un lugar donde todo lo hace una o dos personas, en vivo y en directo. Allí, a nuestro lado. Imposible no verlo. Veamos algunos ejemplos: las entradas ofrecen un Queso brie en costra de semillas con compota de ciruelas y berro en limoneta de Martini ($15), una Ensalada de papa, cilantro y caviar ($16) y unas Morcillas tibias con almíbar de aceto balsámico y pasas de uva con mix de hojas verdes ($13). Las morcillas, por hablar de una de ellas, son riquísimas. Mezcla de la untuosidad característica de este embutido, con el presente agridulce, las hojas picantes refrescando y limpiando, perfecto. Una vuelta de tuerca a un clásico parrillero.
Entre los platos están el Lomo machazo con pimentón ahumado de Extremadura, salame de Tandil, nueces y tortilla de pan viejo (a $33, uno de los casos donde el equilibrio se da por potencia, no por nada es “machazo”), los Ñoquis de papa con pesto de rúcula, queso azul, avellanas y gotas de lima ($25), un Pollo en salsa de cerveza negra (una stout) y azúcar de caña, pera acaramelada con escarola en dressing de pomelo ($29) y finalmente el Salmón rosado con salsa tailandesa de tamarindo, batatas y chauchas ($38). Para los postres se luce la mano y cariño de Mariana hacia los chocolates, en el Marquise de chocolate y café con helado de vainilla en praliné ($15). Opción mucho menos dulce la presenta el Pie de limón sutil y maracuyá ($14) para finalizar con un juego oriental representado en el Arroz dragón con leche acompañado de tres dips: dulce de leche, canela y chocolate blanco ($10).
No se “puede” no ir a Sifones & Dragones al menos una vez. Y luego, no podrán “no” ir otra vez más.
Sifones & Dragones Ciudad de la Paz 174 Reservas al 154 413 9871 Abierto de martes a sábados por la noche Pago únicamente en efectivo.
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