Entre Colombia y Argentina hay una simpatía histórica, fogoneada entre el mutuo amor por el tango, marcada por la muerte del Zorzal en el accidente de Medellín, el fútbol que unió más de lo que separó, y las telenovelas (melo)dramáticas que parten corazones en las tardes porteñas. Pero en los últimos años comenzó un flujo cultural diferente: jóvenes argentinos que viajan a conocer América siguiendo la cordillera, desde Perú hasta Colombia pasando por Ecuador; y cientos de colombianos que desembarcan (principalmente) en Buenos Aires, la mayoría en viaje de estudios (diseño gráfico, cine, publicidad, y muchos, pero muchos, gastronomía). Estos estudiantes, ya afincados en tierras porteñas, comenzaron a insertarse en el mundo culinario local, y en el último año aparecieron tres restaurantes que ofrecen las comidas típicas del país del Pibe Valderrama, Diómedez Diaz y sus vallenatos, Pablo Escobar y Shakira.
La comida colombiana
Colombia tiene costa sobre los océanos Pacífico y Atlántico, parte de su territorio está en el Amazonas y tres cadenas montañosas dividen sus tierras. O sea, hay mucha diversidad de regiones y materias primas. Su cocina es una combinación de las raíces aborígenes (semillas, papas, caza, pesca, calabaza, maíz…), la influencia europea (españoles, franceses e ingleses en primer lugar), y también la africana, llegada en barcos de esclavos que traían para trabajar en minas y cañaverales. También hay una importante comunidad árabe que trajo sus costumbres. De todas maneras, algunas tendencias se han impuesto sobre otras: los españoles hicieron prevalecer la carne vacuna para los guisos por sobre la utilización de iguanas, manatí o insectos (al menos quedan las hormigas culonas…). La más conocida internacionalmente es su cocina del interior: arepas y guisos de raíz española, combinados con productos autóctonos como el plátano verde, el ñame y la papa. La Costa Atlántica mantiene la gran influencia africana por su población negra, que se nota en los arroces y pescados, leche de coco y pimientos. En Santander, centro norte del país, aparecen los cabritos y arepas con chicharrones, frutas exóticas como chirimoyas, piñas, curubas, guayabas, mangos y zapotes en la zona selvática del Amazonas, y la región de Antioquía (donde se encuentra Medellín) destaca con sus frijoles, buñuelos, gran variedad de sopas, y la bandeja paisa, que algunos proponen como el plato nacional, y acá en Buenos Aires la podés encontrar en los tres restaurantes que mencionamos a continuación.
Nostalgia del sabor de Colombia
¿Por qué abriste un restaurante, si nunca tuviste uno mientras vivías en Colombia?, le pregunto a Alfredo Riascos (de Bogotá), creador de Antojito Colombiano. Su respuesta aclara los tantos: “Es que el colombiano extraña sus costumbres. Yo mismo tenía necesidad de tener un lugar para comer esa comida que echaba de menos”. De la melancolía porteña a la nostalgia colombiana, sensaciones encontradas. El lugar está adornado con sombreros, banderas tricolores, camisetas de la selección, botellas de aguardiente antioqueña, mapas físicos del país con salida a dos océanos y, apoyadas en el mostrador, cocadas, bolsitas con plátano frito (que se come como snack) y las misteriosas “hormigas culonas”. Alfredo me explicó que son de la zona de Santander, solo se consiguen en Mayo y (apenas tostadas) son un manjar. Para platos menos extravagantes, podés empezar por las arepas, buñuelos, unas muy sabrosas empanadas de maíz (rellenas de carne y papa), las caramañolas (hechas con yuca, como llaman a la mandioca, y queso), huevos pericos (huevos revueltos con cebolla y tomate) o la sopa de plátano frito. Entre las comidas de fondo o principales hay que ir por la bandeja paisa que trae arroz, frijoles, carne molida, chicharrón, aguacate (palta), chicharrón de cerdo, arepa y patacón (plátano verde). Para beber, cerveza, aguardiente, ron colombiano o
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