Existen algunos restaurantes que se descubren a partir de un tímido boca a boca, y que algunos guardan celosamente como secreto, para no convertirlos en demasiado populares. Esto es lo que ocurrió en sus inicios con Primavera Trujillana, un restaurante de comida peruana en el límite entre Belgrano y Nuñez, que funciona en una casa de familia sirviendo platos de excelente calidad, fieles a su estilo y origen.
Marta Ríos es limeña y su gran pasión es la cocina. Con la idea de poner un lugar para servir platos autóctonos peruanos comenzó a buscar un local en la zona de Belgrano, pero al escuchar los precios de los alquileres su idea quedó en proyecto. Sin embargo, su pasión por la cocina fue más fuerte, lo que la llevó, hace ya dos años, a modificar su casa para comenzar a cocinar allí mismo a la gente del barrio y de su colectividad. Modificaron entonces dos ambientes que daban a la calle y crearon un pequeño salón con capacidad para 35 comensales, donde todos los mediodías y noches sirve platos típicos, que ella personalmente ejecuta en su pequeña cocina con muy buena mano.
Todo comenzó casi como un pasatiempo y poco a poco el dato se fue difundiendo entre el público del barrio que empezó a frecuentarlo asiduamente, sobre todo al mediodía. Productores, algunos actores y personajes de la televisión se convirtieron en adeptos, y poco tiempo pasó hasta que llegó la primera nota en un importante periódico local, lo cual convirtió al secreto en un lugar muy concurrido, y al pasatiempo en una actividad de tiempo completo. También la muy buena relación precio/calidad de sus platos ayudaron a este suceso que hoy están viviendo.
La propuesta está basada en los pescados y mariscos que se utilizan para preparar recetas típicas de la cocina limeña, de la costa y norte del Perú, con algunas modificaciones en los picantes sobre todo, para hacerla más llevadera al paladar local. El salón es simple y bien austero, con lo justo y necesario para disfrutar de una buena comida: mesa, silla, individuales, vaso, cubiertos y servilletas de papel. Solamente unos coloridos tejidos a modo de manteles y algunos cuadros y adornos típicos en las paredes nos remiten a la cuna del imperio Inca. La atención del restaurante esta a cargo de las hijas de Marta, que simpáticamente sirven las mesas manteniendo ese aire cálido y familiar que se respira en todo momento.
Su carta propone entradas frías como las Papas a la huancayna ($5), que se sirven con una salsa a base de ají amarillo y queso serranito, o bien la Ocopa ($5), un plato parecido al anterior pero que lleva nueces y una hierba de sabor muy intenso de nombre Huacatay. Otras entradas calientes son los Tamales ($5), algo diferentes a los de nuestro NOA, o los Anticuchos ($5), pequeñas brochettes de corazón vacuno.
Para estos meses de frío que se avecinan también hay una buena variedad de sopas típicas como la Sopa de pollo ($5) o el Chupe de camarones ($12), o bien sopa espesa a base de pescados y mariscos, que es uno de los platos más refinados de la costa peruana. Entre las preparaciones a base de pescados y mariscos están los infaltables Ceviche mixto ($13) y Ceviche de pescado ($11), que preparan con productos bien frescos que compran todos los días en el barrio chino, uno de los mejores lugares para conseguir pescado en la ciudad. También tienen Tiradito ($11), que muchos confunden con el ceviche, aunque este no lleva cebolla, la carne de pescado se corta más larga y además lleva ají amarillo y un toque de mostaza. Otras especialidades son la Jalea ($15) y la Jalea mixta ($17), una selección de frituras de mar con cebolla, y otros platos típicos a base de pescados salseados como Primavera trujillana ($12), que lleva salsa de camarones, o el Filete a lo macho ($13), que originalmente lo acompaña una salsa muy picante a base de mariscos, pero que Marta adaptó al paladar argentino bajándole decibeles.
La importante inmigración china que llegó a este país también se ve reflejada en algunos platos que remiten a esa cocina, que en el Perú llaman “chifa”, pero fusionados con algunos ingredientes locales que le dieron identidad propia. Buenos ejemplos de esto son el Arroz chaufa ($7), el Chaufa de verduras ($6) y el Tajarín saltado ($7). La lista sigue con otros clásicos como el Chicharrón mixto ($17) y el Chicharrón de pollo ($12), dos preparaciones fritas que se pueden encontrar también en Bolivia. No todos los platos se preparan a diario; algunos se hacen solamente a pedido y cuando hay demanda asegurada, como el Ají de gallina ($7) a base de pollo, ají amarillo y miga de pan; el Pato guisado ($10) que maceran en cerveza con ajo, pimiento y comino para luego hervirlo en la misma cerveza, o la Pachamanca a la olla ($10), una preparación típica a base de diferentes carnes que se cocinan en un pozo en la tierra con piedras calientes y que aquí lo adaptaron para poder hacerlo en una olla. Algunos postres se cantan en las mesas, ya que no figuran en la carta. Hacen muy buenos pisco sour de aperitivo para empezar la comida, y por supuesto hay cerveza y gaseosas de litro. Poca oferta de vinos, aunque suficiente.
En síntesis, buenos platos elaborados con ingredientes frescos, buenos precios, y la calidez y amabilidad que Marta y su familia saben brindar a sus huéspedes.
Primavera Trujillana Franklin D. Roosevelt 1627 - Belgrano Tel. 4706-1218 Martes a Domingos de 12 a 16 hs. y de 20 a 0:30 hs. Lunes cerrado Solo efectivo
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