¿Para qué comprar un libro si hoy la info de los restaurantes, parrillas e incluso recetas se consiguen en la net? Porque no es lo mismo. Primero, que quienes escriben estos libros tienen su propia firma, y esto va más allá el nombre: hablamos de una visión que luego uno podrá o no compartir. Además, en estas fechas, los libros son uno de los regalos más simples y siempre bienvenidos para realizar. Así, la industria editorial continúa viva en los libros, en forma paralela a la web. Sin dudas, en algunos casos internet es superior (su capacidad de actualizarse día a día), pero ambos medios pueden convivir y retroalimentarse. Por eso, para este fin de año, van dos muy buenas novedades.
Parrillas de Buenos Aires, por Pietro Sorba. Ed. Planeta - $72 Gran idea de Pietro, quien tras haber realizado el año pasado su Bodegones de Buenos Aires (un hit de ventas), vuelve a apuntar al corazón del estómago popular, esta vez dirigido a la carne, las brasas y el emblema de la argentinidad: nuestra parrilla. En este libro, con una fotografía muy prolija, que exagera la porteñidad nostálgica con un blanco y negro estricto, Pietro recorre 35 parrillas distintas. Un recorrido de imagen y texto, donde expone su plato favorito, la historia o anécdotas del restaurante en cuestión su precio promedio y demás datos necesarios. Obviamente, en un tema como parrillas, lo más problemático es la elección. El libro no dice cuántas parrillas hay en BA, sino que admite haber partido de unos 75 lugares para elegir los 35 seleccionados. Pero sabemos que en BA hay muchísimas más opciones (varios centenares), y como bien admite Pietro, en el tema parrillas, “la disparidad de opinión es más frecuente y pronunciada” que en otros rubros. De todas maneras, el libro cumple: es un recorrido posible, que incluye desde carritos económicos a lugares de cinco estrellas (y precios acordes). Un libro para leer y polemizar. En parrillas, como en el fútbol, todos somos expertos y eso despertará la pasión. Y qué más que esto se le puede pedir a un libro...
Los Recomendados, por Alicia Delgado. Ed. Ateneo - $37 Alicia Delgado es palabras mayores dentro de la crítica gastronómica. Por un lado, tiene a su cargo la columna respectiva de la revista de los domingos de La Nación, y esa columna es la más influyente del país en lo que respecta a restaurantes de gama media y alta. Como bien dicen muchos lugares: “si salís en esa columna, te asegurás que por unas semanas vendrá mucha gente”. Luego, será el propio lugar el que deberá luchar por ganar a ese posible público. Por el otro lado, es indudable la enorme experiencia y conocimiento que tiene Alicia. Pocos en el país conocen tanto de gastronomías, de tradiciones, de servicio, de platos, de chefs, de historias, de lugares. La unión de todo esto hace que sus “Recomendados” sean para tener siempre en cuenta. Como siempre, y como es sano que suceda, uno podrá acordar más o menos con algunos lugares. Cada lector deberá a lo largo de las páginas darse cuenta en qué tipo de lugares concuerda, y en qué otros la visión de Alicia (personal y subjetiva, como debe ser la de un crítico, que para eso están...) no comulga con la propia. Alicia recorre en sus páginas 90 restaurantes, desde clásicos a modernos, desde antiguos a nuevos, desde económicos a cinco estrellas. A cada uno dedica unos párrafos, breves y concisos, y nos gusta que así sea. También es más que bienvenida la reproducción de un mini menú con algunos pocos platos como aparecen en carta y sus precios a octubre de 2009. Y unas pocas frases a modo de conclusión, además de un pequeña reseña en inglés. Esta vez Alicia hizo la guía en solitario, sin su partner de las anteriores ediciones, María Esther Pérez (quien está dedicándose por completo a la arquitectura). Este cambio se acompañó de un importante cambio gráfico: la guía se ve rejuvenecida, moderna, vital, gracias a una tapa diseñada por Cintia Martínez Delgado. Quisiéramos decir: “para el bolsillo del caballero y la cartera de la dama”. Pero es más que eso. Toda persona que se siente de buen comer querrá tener una guía así. Para leer lugar por lugar. Anotar futuras visitas. Y dejarse llevar por los aromas y sabores escritos.
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