La noche de Buenos Aires es especial: múltiple, interminable y entretenida. Múltiple porque todos los días hay cosas que hacer, desde una milonga de lunes que termina pasadas las 3 de la mañana, hasta un pub con martes festivos, las fiestas de viernes y sábado o hasta los ya clásicos “antidomingos”. Entretenida por las variantes de lugares y estilos, con pubs que miran a la india inglesa, fiestas bizarras, pizzerías para recibir el sol o bares al resguardo de los cambios lumínicos que trae el día y la noche.
E interminable porque las noches pueden empezar temprano o tarde (costumbre a veces incómoda), pero
siempre es posible de extenderse hasta que el sol salga por el horizonte.
Todas las noches, la nocheComo supo proclamar un evento organizado por la ciudad (¡cuando era gobernada por De la Rua!), oponiéndose a las restricciones horarias en la provincia impulsadas por Duhalde, “
Buenos Aires no duerme”. Podés arrancar con algún
happy tour a las 18, entre aperitivos armando la cena, dibujando el plan de la noche en la mesa de un restaurante, o
juntarte en un bar recién terminada la cena, con las campanas de las 00hs, o ya
salir recién bien entrada la noche. Y siempre, cada día, tendrás la oportunidad de estirarla hasta cuando quieras, y
terminar con un desayuno de tres medialunas y café con leche (la quintaescencia del ser porteño), leyendo el diario junto a mozos madrugadores. Pero esto que suena tan fácil
encuentra en realidad un escollo. No importa cuándo haya arrancado la noche, hay un límite horario, un acantilado profundo que se abre al vacío, una frontera… Las 4 de la mañana es la hora en que muchos lugares deciden cerrar sus puertas, bajar las luces, cambiar la música. La fiesta termina. El enorme e inolvidable
Roberto Fontanarrosa dejó inmortalizado parte del folclore masculino sobre las discusiones que se pueden dar en un grupo de amigos cuando llega esta hora. Pero fuera de los clichés de género, un tema clave es saber
dónde ir pasando esta frontera horaria. Vale una aclaración:
la calidad gastronómica y bebible en esta franja horaria no es la mejor de todas. No vas a encontrar a una María Barrutia haciendo una codorniz para los sonámbulos porteños, ni a Inés de los Santos con ganas de prepararte un delicado cóctel con almíbares caseros. Pero,
en el país de los ciegos, el tuerto es rey. Y a las 4 A.M., las exigencias se relajan.
El ÁlamoLa batalla épica de los nacientes Estados Unidos da nombre a este bar que abre las 24 horas (y da de comer en cada una de ellas). Un oasis para quienes quieren
un bar sin grandes pretensiones estéticas ni de servicio (¡quedan advertidos!). Despojado de artificios,
con excelente precios y algunas políticas extraordinarias: cerveza tirada y tragos nacionales gratis para las mujeres desde las 8 (sí, ¡A.M.!) hasta las 00hs, y después de las campanas de medianoche, un chopp a dos pesos para ellas y cinco para ellos. Y por un billete de 10, Smirnoff, J&B, Havana o Bacardi con gaseosa. Para comer, almuerzos entre 10 y 15 pesos (con bebida ilimitada, incluida la cerveza tirada, como para los mediodías de verano ardiente que están por llegar), básquet burger, sándwich de atún o
un reconfortante desayuno american con 3 huevos, bacon, salchichas, papas fritas, tostadas, jugo y café… Y para quienes quieren tomarse un rico Cabernet a las 5 de la madrugada, Saint Felicien by Catena a tan solo $48. Inevitable caer alguna noche en El Alamo, despabilarse, y presentar nueva batalla.
Uruguay 1175. Tel.: 4813-7324,
www.elalamobar.com Kim y NovakEn una zona donde el Palermo brillante, trendy o exclusivo se desdibuja, y en la ausencia del área roja que supo ser la calle Godoy Cruz, Kim y Novak es un