Ningún QueensLa última semana fue testigo de la discusión sobre el nombre impuesto, propuesto y discutido para una zona que se reparte entre
Villa Crespo y Almagro. Las inmobiliarias le atribuían el pomposo y (norte) americano mote de Palermo Queens, buscando acercarse a uno de los barrios de la lejana Nueva York. Así llevaban aún más lejos las denominaciones ya establecidas de Hollywood o Soho, nombres traídos a la fuerza para vender casas y locales incitando a posibles compradores con artificios foráneos. Quizás cada barrio de la antigua Capital Federal, hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires, tenga en su horizonte como nombre algún Palermo. En medio de esta discusión, en el epicentro de este barrio en crecimiento, rodeado por las avenidas Córdoba, Estado de Israel, cerca de Corrientes y a poca distancia del Parque Centenario (uno de los corazones de la ciudad), ha abierto sus puertas una parrilla diferente:
Dale perejil al toro.
Del loro al toroEl primer interrogante que nos aclara
Sebastián Tarica, detrás de las ideas de los fuegos, es el del origen del nombre.
Enfundá la mandolina, otro de los proyectos del también cocinero de
De Olivas i lustres (
ya reseñado en
Glam Out), iba a llamarse Dale perejil al loro. Pero justo antes de pintar el nombre en la puerta, un vecino perspicaz advirtió que los loros mueren si comen perejil. O al menos eso dice el imaginario popular. Así quedo anulado el nombre. Pero quedó en la gatera la idea. Con solo agregar una T en lugar de la L, nació el nombre de la parrilla. Y el perejil está omnipresente en esta parrilla… entre las carnes, achuras o guarniciones suelen aparecer como acompañamientos el perejil combinado con aceite de oliva y ajo para humedecer y condimentar.
Un sabor arraigado en el inconciente colectivo nacional.
Parrilla con historiaEl lugar ha ocupado una casona vieja sobre la avenida Estado de Israel (casi esquina Jufré), y aprovechó su espacio amplio, con techos de doble altura y paredes de ladrillo a la vista agregándole detalles de decoración y pintura para transformarlo en un
ambiente simple, cálido y simpático. En estantes y paredes se encuentran pedazos de diferentes mercados:
soles de noche, sopletes de bronce, una balanza, una TV de los años 60, algún proyector de súper 8, y un calefón entronado alto y en el centro de una de las paredes, como un tótem de metal. Esta decoración lúdica y con toques bizarros está en sintonía con la propuesta culinaria.
Dale perejil es una parrilla, pero que extiende sus límites jugando con las presentaciones, guarniciones y decoración. Platos de madera especialmente diseñados para el lugar, panes en una lata forrada de papel, brochettes clavadas en una tabla de madera, flan en un vaso invertido… También se pone un especial esmero en el cuidado por el producto servido. Algunas parrillas se caracterizan por sacar del fuego pedazos de carne recalentados y secos. Este no es el caso: la mesa se abre con una
shot de vino blanco especiado dulce y unos pochoclos con un agregado de perejil con ajo y aceite de oliva. Una variante pop – telúrica de los pochoclos tradicionales.
En un mate traen el dip (manteca y queso roquefort), con panes frescos. La carta ofrece desde la opción tradicional de
parrillada completa, hasta variantes clásicas como la bondiola (muy buena, con una cocción de horas), el corazón, las mollejas junto a criadillas o el chorizo, morcilla y riñones.
También hay cortes de jabalí o ciervo. Algunos pescados para huidizos de las carnes. Bueno el choto uruguayo y los riñones de cordero. No falta algún plato como el pastel de papa. E incluso alguna rareza como el yacaré. Entre los postres,
el