En Buenos Aires no hay muchos bares comandados por bartenders. Los profesionales de las barras suelen sumarse a proyectos, asesorar, hacerse dueños de la barra y su área de influencia, o simplemente ocupar un lugar en la trinchera armada con botellas. Pero en las charlas de los profesionales (y también amateurs en la preparación de cócteles y hasta bebedores asiduos) se dibuja muchas veces, en el horizonte de fantasías,
el bar que tendrían, aquel que quisieran inventar, vivir y manejar. Como en otros rubros, del paso de la fantasía a la realidad, del dicho al hecho, hay un camino que no siempre es fácil. Uno de los aspectos que determinan este modelo para armar, es que todo bartender es alguien que vive muchos de sus momentos a ambos lados de la barra, más que el resto de los mortales. Esto le da, o debería hacerlo, a cualquier emprendimiento características particulares:
cuidado de los productos, variedad de etiquetas, esmero en el servicio, profesionalización de cada tarea, hasta cuidados de limpieza y precios, siempre hablando de un horizonte ideal de trabajo. Y luego, el carisma, según los sueños de cada uno. Una parte única y personal.
Siempre se festeja la aparición de bares y más aún si un profesional está a la cabeza. De lugares así pueden venir estilos, diversidad, carácter, ideas y propuestas que complejicen el a veces flaco mercado de copas de Buenos Aires. Hoy hay varios bartenders buenos y diferentes que desde sus lugares de trabajo ofrecen propuestas distintas. Y que también, desde un lugar propio,
sueñan con llevar su manera de ver hasta en los más mínimos detalles.
¿Ponemos un bar?Daniel Avellaneda comenzó su trabajo detrás de las barras en la zona Sur y desde ahí ingresó en el
metier. Desarrolló su carrera en diversos lugares, y se afianzó en el medio como protagonista de la revista
Bar & Drinks. En una noche larga, en una barra y con Mauro, su amigo de los primeros años tras las barras, decidieron abrir un bar. Así, en un mes y medio Mixology estaba abierto, con un par de cientos de invitados visitándolo en la noche de inauguración.
El lugar esta en construcción, y esto no significa que está en obra, sino que irá sumando propuestas y recreando su ambiente. Han privilegiado la apertura a tener terminados, según el deseo de los dueños, todos los detalles de ambientación. El principal atractivo es la barra,
en la que hay 180 etiquetas de spirits diferentes, sin que ninguna le robe importancia a la otra, una sana comunión alcohólica. Allí estarán todos los clásicos locales, junto a rarezas como una absenta nórdica, la línea de vodka Svedka, licores de Finlandia, Vodka rojo,
47 rones distintos, 14 piscos peruanos, y aún muchas botellas por encontrar su lugar. Todas estas botellas fueron conseguidas por Daniel Avellaneda en viajes, a través de la relación con empresas de bebidas, y gracias a proveedores informales (es decir, amigos que se van, y vuelven luego de atravesar licorerías y duty free shops varios). En su bar ha abierto su stock personal, y éste es uno de los highlights de Mixology.
Por otro lado, Avellaneda también da clases en una escuela de cocina, sobre bebidas y coctelería. Y allí aprovechó para investigar en contacto con cocineros sobre el trabajo con espumas, distintos tipos de hielo, esencias y más ingredientes de cócteles no tradicionales, que también aparecen en el bar. Hay buen cuidado en los detalles de servicio, calidad de la vajilla, y en un standard de precios lógicos, que hacen accesible la posibilidad de tomar algo. Eso sí, no sentado, ya que el lugar, pequeño, no tiene mesas y sillas, tan sólo la barra.
Cócteles de todo tipoLa carta de tragos promete renovarse al menos cada tres meses. Se divide en una clasificación que distingue: alta coctelería, coctelería clásica y mixología molecular. Esta última, de nombre grandilocuente para un bar porteño, incluye mezclas especiales como el
Havana Molecular Mojito que combina Havana añejo blanco, NO2, cedrata, menta glaciale, menta fresca, limas, angostura y CO2. ¿Otra opción?
Molecular Ramazzotti (Fernet Ramazzotti, syrup melone, menta glaciale, NO2, té de manzana, Tía María, amarena, angostura), en el que el fernet llega como espuma en el tope de la mezcla vertida en la copa martini. También hay otros como el
Cinnamon Jet con J&B Jet, Guinness, syrup Fabbri Canela, pimienta, el
Celebration (relax) con Chandon Extra Brut, ron Pampero, maracuyá y syrup de romero, El
David Solis con Vodka Finlandia, limas, syrup Fabbri Vaniglia, ginger ale, soft de coco, y el
Exquisite AC con Chivas Regal, syrup Fabbri Chocolato, té lapsang souchong y humo líquido. Para comer, ofrecen exclusivamente sushi, aunque prometen opciones en tapas para próximos meses.
Anuncian el lugar como un espacio que se irá recreando, buscando su forma, ambiente, pero siempre apuntando a que sea pivote de la noche porteña, ofreciendo las últimas tendencias en coctelería, con un servicio de calidad, atención encabezada por sus dueños y la barra como protagonista.
Todavía es nuevo, y
todavía le falta. Hay que darle tiempo. Mientras,
disfrutar algunos de sus mejores tragos.
MixologyEl Salvador 5090, Palermo
www.mixologybsas.com Valor de los tragos: entre 16 y 20 pesos.