Sin dudas, entre los lectores habrá puristas que digan: “esto no es cocina japonesa”. Y no, no lo es, ni busca serlo. Es otra cosa.
SushiClub sin dudas apuesta a ese
mix de ambiente moderno (logrado con música lounge, iluminación puntual, mobiliario al minimal) y una cocina donde se toma al sushi y a otros platos de ascendencia oriental y se le da toques propios y juguetones. Quede entonces claro: no es el espacio indicado para una comida tradicional del Japón, pero sí lo es para ir en pareja (en especial, el local hoy reseñado, en la Recova, que de noche se pone muy romántico), en cena de negocios y hasta en pequeños grupos de amigos.
La verdad es que
el mix funciona y muy bien. No hace falta que te lo digamos nosotros.
SushiClub tiene en siete 23 sucursales en el país, cuatro en España, y una en Paraguay, Punta del Este y El Salvador. ¿Y por qué funciona? Por que lo que hacen,
lo hacen bien. Y eso se nota en el nuevo menú.
Rolls creativos que escapan a la fusión peruano oriental, y que siguen la veta iniciada por ellos hace ya buen rato.
El espacioDonde se instaló
SushiClub en la Recova había una suerte de maldición. Por ese local ya habían pasado varios restaurantes, y ninguno aguantaba siquiera un año abierto (lo cual habla a las claras de lo mal planificados que estaban). Pero
SushiClub logró romper esa racha con su eficaz fórmula, e instaló allí el que hoy es uno de sus locales emblemáticos. Es grande, pero
bien dividido de noche por la luz puntual. De día tiene una muy abierta vista de la plaza frente al
Four Seasons, siendo un oasis para los ajetreados del Microcentro (que lo pueden pagar; su cotizado menú ejecutivo vale $70 con sushi como entrada y luego un plato, y $80 con sushi de entrada y principal. Los otros locales de SushiClub son más económicos, constando $56 –un verdadero best value- y $66 respectivamente). El local se llena los fines de semana, con una concurrencia cosmopolita:
turistas, cenas empresariales y locales.
El menúLa carta cambia dos veces por año; uno de esos cambios es menor, el otro mayor. El que están presentando ahora es de los mayores, y fue diseñado por
Alejandro Flores (en los rolls), con la colaboración del chef
Cristian Acuña (en los platos de cocina). Está claro el camino por el cual quiere transitar Flores:
platos que llamen la atención, que sean originales y juguetones, sin caer en la hoy muy transitada fusión japoperuana. Un par de ejemplos de lo que probamos: el
Crystal Roll (9 piezas, $45), un roll transparente que deja ver por completo los ingredientes que lo componen: salmón, palta y queso Philadelphia, saborizado con ralladura de naranja, y envuelto en lámina de agar agar. Rico y lindo, dos veces rico. La apuesta también va por los rolls calientes, algo que está de moda en BA. El
Spicy Roll (8 piezas, $45), por ejemplo, está relleno de langostino y queso crema saborizado, envuelto en alga nori y pescado blanco; luego todo se reboza con panko, se fríe, y se sirve acompañado de salsa de tonkatsu.
Entre los ingredientes fetiches de este año está el palmito, que se ve en varias opciones, como el
Soul Roll (8 piezas, $45), elaborado sin arroz, y relleno de palmito, salmón y tamago; envuelto en lámina de queso Philadelphia y cubierto con almendras acarameladas.
Más allá de los rolls, están las entradas,
todas muy abundantes (para compartir). Un plato estrella, tal vez el más creativo en su modo de servicio, se llama “
shots de ostras” ($21) y son cuatro vasitos tipo de tequila, cada uno con una ostra dentro y una salsa que va de suave a picante. Cada shot se acompaña con otro shot que tiene un granité frutado para calmar el picor y limpiar la boca.
También gustó el carpaccio de mar ($26), con láminas de atún rojo, pescado blanco y trucha, al que se lo adereza en la misma mesa con salsa ponzu.
Del lado de los platos, aún los que odian el pescado encontrarán la vara hecha a su medida, con la contundente
bondiola de cerdo teriyaki ($41), acompañada de puré y chips de batata. En cambio, los que sí amamos los frutos del océano optaremos seguramente por una
impecable degustación de mar ($62), un tapeo de pescados y mariscos macerados y grillados incluyendo langostino, ostra, pulpo, calamaretti, salmón, atún rojo y más. La tercera incorporación es el
Ti-Bo ($44), de aires de sudeste asiático, unas láminas de lomo rellenas bañadas con salsa de coco, acompañadas de papas rösti y vegetales baby glaseados.
Esto solo un paneo por
una carta que tiene mucho, y mucho exótico. Rolls con lychee, ahumados, con salsa de maracuyá, tradicionales como el California roll, extravagantes como el que lleva manzana, salsa bechamel y copos de maíz.
También woks al curry, gyosas, ravioles de salmón, además de temakis, tempura, niguiri y sahimi. De todo un poco, con una idea muy clara en mente: satisfacer a la mayor parte de gente posible.
Los precios son medios tirando a altos, pero sin escapar demasiado al valor del sushi porteño en zonas de moda. Casi
todos los que llegan piden combinados (al menos, como entrada), que permiten elegir cualquier roll (aunque tenga aún rojo o sea de los más nuevos), y tienen de 15 piezas por $72, 30 piezas por $144, 45 piezas por $214, 60 piezas $284, 75 piezas $353 y 105 piezas $490.
Los postres apuntan a los más golosos con su
degustación de chocolates para dos ($37), la crème brûlée de avellandas, mousse de maracuyá,
helados de Perssico y más opciones.
SushiClub no reemplaza al restaurante japonés, sino que suma alternativas. Cada uno debe encontrar su lugar y su momento. La consigna final es siempre la misma: maximizar el disfrute.
Es decir, pasarla bien.
SushiClub La RecovaAv. 9 de Julio 1465
Tel.: 0810-222-SUSHI (78744)
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