El boulevard Dardo Rocha, de cara al hipódromo de San Isidro, se convirtió hace ya años en uno de los centros gastronómicos más buscados por gente tanto de la zona como de la Capital Federal, en búsqueda de una vista verde y abierta. Obviamente mucho contribuyó que el acceso por autopista sea hoy cuestión de minutos. Y allí, uno cerca del otro, decenas de restaurantes compiten por atraer a los comensales. Los hay étnicos, elegantes, populares. Entre todos ellos, Cardón, Nuestra Cocina busca su lugar en el mundo. Y lo encuentra. El lugar denota amplitud y argentinidad. Los techos altos, el ladrillo a la vista, adornos criollos, mesas increíblemente espaciadas, un salón principal y varios más pequeños, jardín interno, sección fumadores y no fumadores; todo muestra un acercamiento muy profesional a la gastronomía, lo que puede percibirse rápidamente en la calidad del servicio, uno de los mejores de la zona. Los camareros conocen los platos, saben qué están vendiendo, y lo hacen de la mejor manera; sutil y amigablemente, avisando cuándo no pedir más, ya más de un plato es abundante. La carta apunta principalmente a la cocina rioplatense, si bien tiene guiños hacia toda Argentina. Por ejemplo, entre las entradas (para ir picando, dice el menú), se ofrecen empanadas mediterráneas ($5, mozzarella, tomate, albahaca); norteñas ($6, choclo cremoso, morrones, mozzarella); y salteñas ($7, carne cortada a cuchillo). Junto a la provoleta clásica ($17, servida en el punto justo) suman una con tomate y rúcula ($19), aceptando los nuevos vientos. Las mollejas crocantes ($28), sí, son bien crocantes y en porción grande, y las tablas de fiambres para compartir, incluyendo quesos, escabeches y encurtidos, merecen nota aparte (entre $38 y $64). De todas maneras, la estrella, y el arma de diferenciación con todas las demás propuestas de este polo gastronómico, es el asador a la vista. Y de allí sale también el plato más celebrado por los amantes de la carne: un corte hoy muy difícil de conseguir en restaurantes, y que cuando se lo logra indefectiblemente suele estar pasado en su cocción: el costillar de asado ($85, para compartir), con hueso ancho y generoso. Lo probamos y estaba exquisito. El punto llegó según el pedido (jugoso), el cuero crocante y salado, la grasa justa cediendo sabor y terneza. Nueve puntos sobre diez, y eso siendo amarretes. Más propuestas incluyen a la colita de cuadril “Paisano Paciente” ($72), un corte de casi un kilo servido hasta para tres comensales, y los fines de semana se suman cordero ($75), lechón ($78) y vacío ($55). De la parrilla también salen la bondiola de cerdo ($32), las costillitas de cordero ($30), un salmón rosado jugoso ($39), y una rareza, unas postas de ñandú, que en este caso llegaron algo secas, escondiendo buena parte de su sabor. Pastas caseras, menú para "gurises" (menú dixit), un par de minutas y pescados, ensaladas originales y guarniciones completan su oferta, que como verán no peca de pobre. Los postres vuelven a honrar las tradiciones locales, con un infaltable panqueque de dulce de leche ($14) o manzana ($15), queso y dulce ($11), arroz con leche perfumado con canela ($14), a los que agregan la originalidad de dos cocktails, el Gualicho ($14, Amarula, Jameson, miel y ralladura de chocolate) y el Conjuro (coñac, crema, licor de cacao). En materia de vinos, la gama de precios es en extremo amable (comenzando los tintos en un Cabernet Sauvignon de Finca Las Moras a $25), e incluyendo hasta increíbles etiquetas como el Afincado ($230, el mismo precio que en vinoteca). Pocas bodegas, pero una variedad que logrará satisfacer a todos, incluyendo sesenta etiquetas de Mendoza, Patagonia y Salta.
Abre todos los días de 12 a 16hrs., y de 20 a 1hr. (excepto los días domingo de la temporada de invierno, que solo abre al mediodía). Cubierto promedio: $50 / $60 Menú ejecutivo al mediodía: $33 Wi Fi Dardo Rocha 2738, Martínez. Tel.: 4717-0401
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