La Boca vive entre su auge turístico y su cadencia tranquila de barrio antiguo. En su corazón, un restaurante mantiene en alto la propuesta de pastas caseras en un ambiente sencillo, cálido y familiar.
La Boca es un barrio extraño, al cual el auge del turismo, lejos de cambiar, apenas parece haberlo obligado a encender algunas luces estratégicas para señalar los caminos para los paseos extranjeros. La belleza de la Boca está en ‘la Bombonera’, las vías del tren por las que marchan las huestes xeneises, el puente levadizo quieto como un monstruo fosilizado. También La Boca es la Fundación Proa, las casas de colores repintadas y las de colores despintados por la bruma del Riachuelo, las barrancas del Parque Lezama y las cantinas errabundas junto a antiguas pesqueras y pescaderías. La mirada de un extranjero fue (al menos a mí) la que mostró de una manera nueva su belleza. Hablamos de Happy Together, la película que Wong Kar-Wai filmó en Argentina y que se estrenó en nuestro país en 1998. En este film, dos amantes de Hong Kong se encuentran en Buenos Aires y viven entre el amor y la furia, entre San Telmo y La Boca, hasta separarse. Hacen un verdadero derrotero turístico por la ciudad y los atractivos más clásicos de todo el país: las Cataratas del Iguazú (jamás mostradas de una manera tan maravillosa), el Faro del Fin del Mundo o la Pampa a caballo de un Chevy. Por aquella época, Buenos Aires todavía no había recibido el vendaval turístico que se dio a partir de la crisis de 2001. En una de las escenas más tristes, Lai Yiu-fai (Tony Leung) navega tirado sobre una lancha el riachuelo en la Boca. El paisaje cobra una belleza demoledora.
Comidas en La Boca Históricamente, la gente de este barrio busca pizzas, bodegones y bares reos. Los domingos, sándwiches al paso para la previa de un partido de futbol. Traducido a nombres: Banchero, El Obrero y el Samovar de Rasputín, por poner ejemplos de algunos de los lugares más conocidos. Después, se instaló algún lugar de tango show, pero nunca el barrio pareció despegar de su cadencia mansa y sus propuestas tradicionales. En medio de estos lugares, hay uno que destaca y que mantiene un trabajo silencioso y cuidado: Il Matterello. Ubicado estratégicamente cerca de la cancha de Boca, de la costa del Riachuelo y de la Avenida Almirante Brown, el lugar está en una de las casas típicas del barrio: paredes coloridas de chapa por fuera con aires de conventillo, cocina a la vista, pósters de paisajes de Italia (principalmente del Norte, siendo Modena la ciudad de origen de la familia), unas columnas rojas verdes y blancas y un clima familiar en el servicio y en las mesas vestidas con manteles blancos. Las hermanas Lili y Sandra están atentas al servicio y Fernando a todos los detalles. Carmela, madre de los tres, suele estar entre las mesas o sentada a un lado de la entrada, observando el movimiento de la gente. Entre los concurrentes hay turistas (de esos que vienen con lugares recomendados de boca en boca), trabajadores de las oficinas de la zona, vecinos de toda la vida y también comensales que recorren la ciudad buscando una buena comida. El nombre se entiende desde la entrada, donde un palo de amasar (matterello en italiano) cuelga junto al cartel que lleva escrito el nombre. Un homenaje y la marca distintiva de un espacio donde las pastas amasadas en casa son la especialidad. Pero antes de llegar a ellas, se puede ir picando algo. Veamos: entre los antipastos fríos hay carpaccio ($33), muy buenas berenjenas grilladas ($16), porotos picantes ($18) o lengua a la vinagreta ($25). Calientes hay caponatina ($19), hinojos gratinados ($15), buenas croquetas de ricotta y olivas a la ascolana ($29). Suelen encontrarse mesas familiares con tres generaciones distintas que comparten platos y se quedan tejiendo la charla en la sobremesa. El clima familiar no amedrenta a las parejas que encuentran reparo en las mesas chicas, ubicadas sobre los márgenes del salón. El plato fuerte son las pastas, alma del lugar. Entre las rellenas, se llevan los honores los tortelli bianchi burro fuso alláglio ($35), un plato simple, sabroso y delicado. Tambien hay fabottini al basilico ($35), lasagna bolognesa ($40), caneloni ($32), ravioli genovesi al tuco ($35), ravioli di borragine con olivo al basilico ($33) o fazzoletti alla carbonara (33). A los que gustan de pastas sin relleno, hay farfalle ($23), tagliatelle alla rucola ($30) o gnocchi todos los días 29 de cada mes ($30). Aparte, milanesas bien porteñas, risottos alguna carne y ave. Para terminar con algo dulce, hay que probar Bigne, el tiramisú ($25) o el afogato de caffe ($20).
Con la llegada del frío, en Il Matterello suele hacerse un día por semana la famosa Bagna Cauda, un evento al que hay que ir. El resto de los días, meses y años, esta casa abre con el mismo amor en su corazón, con la atención de una familia entera y con la pasión por tender y servir una mesa como el primer día.
Il Matterello Martín Rodríguez 517 Tel.: 4307-0529 Abierto de martes a sábado, mediodía y noche. Domingos al mediodía. Estacionamiento en Villafañe 530 Principales tarjetas
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