Hace muchos años, un tal
Aimé Bonpland viajó por América, investigando la naturaleza del continente, desde La Habana a México, desde Caracas al Orinoco, desde Perú a Estados Unidos. Años después, en 1816, el mismo Bonpland retornó a Buenos Aires, donde trabajó en la investigación de la yerba mate, para terminar adoptando a la Argentina como su país adoptivo. Esta es una mínima parte de la historia de un hombre
extranjero, curioso y viajero, que luego daría su nombre a una calle palermitana. Y así como las calles toman los nombres de la historia, algunos lugares que se abren toman el nombre de ellas.
Y detrás de estos lugares vuelve a haber una historia.
Mil palermos, una calle, una esquinaCuando alguien empezó a nombrar “los Palermos”, dividió las aguas tomando como referencia las que corren subterráneas (el arroyo Maldonado, hoy entubado) bajo la Avenida Juan B. Justo.
De un lado estaba el ‘Viejo’ (del que nacería como un eco más brillante el ‘Soho’), y
del otro, el Hollywood. Nomenclatura torpe, pero exitosa en el imaginario. Estas calles se abarrotaron de bares y restaurantes (Único y Acabar, entre los más antiguos) hasta que fueron apareciendo marquesinas también sobre Carranza, Humboldt, Gorriti, Cabrera y la parte más festiva y nocturna, sobre Niceto Vega. El mapa ya estaba armado. Este barrio supo tener altos y bajos en su popularidad gastronómica, pero siempre presenta alguna novedad y lugares destacados. Según las calle que se tome, serán las luces y sombras de la zona. Por ejemplo, bajando por Bonpland, en dirección a la Avenida Santa Fé, tradicionalmente la movida se iba apagando, transformándose en una zona alejada del ruido. Allí, justo en la esquina de Bonpland con Soler,
había una parrilla muy sencilla, donde se comía bien. Pero un día cerró, dejando un pequeño vacío a los que acostumbraban ir. Por suerte, la esquina no tardó en volver a ocuparse: y la noticia fue doblemente buena. La nueva versión muestra un ambiente más cuidado, con una atención especial al producto y un servicio veloz y atento comandado por sus dueños. Para darse un nombre, miró a la calle, quizás pensó todas sus historias detrás, y lo fijó en su marquesina:
El Bonpland. Aimé ya estaba en la historia, en una calle y en una parrilla.
Finalmente afincado y homenajeado en su país adoptivo. Y dos hermanos eran los responsables.
El lugarDos grandes pizarras, una sobre la parrilla y la otra en una de las paredes del salón, indican las recomendaciones que salen del fuego y las notas que dejan los comensales. Sobre
el bife de chorizo de 400 gr. ($35), prometen que se corta con cuchara (y esto se cumple), y se suman las opciones
tabla de achuras, bife Bonpland ($45, ojo de bife o bife de chorizo a la pizza, a caballo y con papas españolas),
brochette de provolone ($21) o
portobellos a la parrilla ($22). Como opción vegetariana hay
parrillada de vegetales ($28)y la tabla de carnes ($68) sale con
asado, vacío, entraña y matambrito, cuatro de los cortes más populares para el paladar argentino. De postre, opciones queridas como flan ($10) o budín ($11). Los dos hermanos que han tomado en sus manos esta esquina
están día a día pendientes al servicio. Apasionados por la gastronomía y el servicio, todo se mueve bajo su mirada. Inundada de comensales, el ambiente toma cada noche
el clima de las parrillas populares: festivo, relajado, animado. La vereda, fresca en verano, calefaccionada en invierno, es súper agradable para sentarse comer y beber. Aunque hay muchas parrillas en la ciudad, y varias en Palermo, esta, pequeña, cálida y agradable, bien vale una visita.
Es de esos lugares con los cuales uno puede desarrollar una relación de amistad en el tiempo.
El BonplandBonpland 2113Tel 4772-1131www.elbonpland.com