Hace no muchos años, para ir a conocer la comida peruana había que ir al Abasto o a algunos lugares sueltos en la ciudad (en el Bajo Belgrano, por ejemplo). Estos lugares eran tanto un secreto a voces de comensales curiosos, como un refugio popular de los trabajadores del país vecino que residían en Buenos Aires. Hoy el mapa se ha abierto y se multiplican y diversifican las propuestas. Hay ofertas interesantes en el barrio de Congreso, en Belgrano, Nuñez, Palermo, Almagro… Ceviche es parte protagonista de este fenómeno. El lugar nació en el espacio que supo ocupar Central, un restaurante ícono del Palermo de los ’90. Quizás hay cierta metáfora sobre tendencias y estilos en diseño y propuestas gastronómicas en esta mutación. La zona en que está ubicado supo de vaivenes, pero parece haber encontrado a la vera de las calles Fitz Roy, Humboldt (y aledaños) un canal atractivo con propuestas diversas. Lejos de ser un lugar oportunista, detrás de Ceviche está el conocimiento y la experiencia de Jorge Szwarcberg, quien supo dar vida a Dashi y vivió muchos años en Perú, o sea, tiene conocimiento de causa. Como todo restaurante, el lugar fue buscando su rumbo, y hoy, tras algunos cambios, parece haber encontrado su camino.
Perú a la carta Marco Espinoza, quien trabajó en la Embajada Peruana y en la cocina de Moche, ha creado una carta amplia y atractiva. Entre las entradas, los ceviches que dan nombre al lugar se desgajan en varias opciones: Su majestad (de lenguado y su leche de tigre, batata y choclo, $33), Norteño (pesca del día, mandioca, aliño de rocoto y limón, $33), o el Especial de la casa (salmón, ajíes, jengibre, leche de coco y miel de maracuyá, $40). Muy buenos los tiraditos, el gran invento peruano, como los celebra la carta: Ponjita (salmón rosado y aliño oriental, confit de jengibre y sésamo, $32), Huancayno (lenguado, leche de tigre a la huancayna con yuca, $30) o Rocoto (lenguado en salsa de rocoto y miel de maracuyá, $30). También hay causas, anticuchos, papas, tamales, ensaladas y hasta los originales crocantes y rolls. Es feliz que no hayan reducido la carta a pocos platos, manteniendo la buena tradición de los restaurantes de cocina peruana que abren siempre un abanico para gustos variados. Entre los principales, hay mero relleno de langostinos y frutos de mar ($45), salmón rosado novoandino con rissoto de quinoa, panceta y portobello ($44), chaufa de mariscos estilo chifa peruano al wok ($35), chupe de langostinos ($38), parihuela de mariscos ($40), lomo salteado al wok ($40) y hasta bondiola braseada con aderezo peruano y ravioles de batata ($46). Entre los postres, el clásico Suspiro de limeña ($16), volcán de manjar blanco ($22), mousse helada de maracuyá ($20), y cinco leches con frutos rojos ($20), entre otros. Se suma también una barra de sushi con opciones originales, mixturando la tradición nipona con sabores del altiplano. Se la puede espiar desde la vereda, para tentarse con el trabajo en vivo, con pescados frescos. Y la barra, aunque algo escondida en el lugar, no solo ofrece el tradicional pisco sour: acercate y preguntá, que te va a deparar sorpresas. La gastronomía peruana y la mexicana son dos de las más ricas de nuestro continente, y parece que Buenos Aires mira, definitivamente, al menos a una de ellas. Esperemos esta tendencia se consolide, enriqueciendo el mapa cultural porteño y, al menos en la mesa, se puedan recorrer parte de los sabores de la América infinita.
Ceviche Costa Rica 5644 Tel: 4776-7373 Lunes a sábado de 20 a 1
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