Tal vez por haber sido instalados en un barrio que creció codo a codo con el boom gourmet en Buenos Aires, muchos restaurantes se pueden definir con el adjetivo de “palermitanos”, y no sólo por su ubicación geográfica. Poseen ciertas características que fueron novedosas a principios de esta década y hoy ya nos resultan familiares, como los platos presentados como si fueran pequeñas obras de arte moderno, un ambiente a media luz, una decoración que mezcla lo antiguo con lo pop, y sillones bajos en lugar de las tradicionales sillas. En 2008, un lugar así no resulta revolucionario, pero esto no significa que no pueda ser bueno, ni atraer a locales y extranjeros. Eso ocurre, por ejemplo, en Bardot Loisir, situado en una de las zonas con mayor número de restaurantes por metro cuadrado, y que cumple con todas las condiciones para adjudicarle la definición de palermitano. Bardot es la reinvención de Eliot, un restó que funcionó hasta mediados del año pasado. La disposición del lugar es similar: espacio amplio, con un enorme ventanal sobre la calle Honduras, y una barra oculta detrás de la escalera. La diferencia pasa por la ambientación, más íntima que la de su antecesor. Paredes pintadas de rojo con cuadros de la bella Brigitte, quien vigila el sector de mesas altas y el living, con sofás retro, tapizados de terciopelo y decorados con capitoné. La buena acústica del salón, hace que la música de fondo sea eso: de fondo, y que no invada. Es decir: un lugar ideal para ir tranquilo en pareja, o con parejas amigas, y pasar dos o tres horas más que amenas. Si bien eso también dependerá de la pareja o los amigos con los que vayamos...
La propuesta gastronómica consiste en platos de autor. De entrada (entre $20 y $25) pedimos mollejas de ternera a la crema de hierbas con papas, cebollas y pimientos, y rolls de salmón ahumado, papas al limón, eneldo y ciboulette con variedad de brotes. Los rolls estaban muy bien, las mollejas excelentes. En ambos casos las porciones sirven como un buen appetizer. En cambio, los platos principales (entre $30 y $40 aprox.) son bien abundantes. Probamos los tallarines de rúcula, salteado de olivas negras, champignones, tomates cherry, chauchas y crocante de jamón crudo, y el arrollado de cabrito braseado, puré de papas, ajos asados, mostaza antigua, chutney de tomate y pimientos colorados. Los dos muy buenos, sobre todo el arrollado de cabrito, que supo deambular por la delgada línea de la originalidad y el buen sabor. Entre los postres ($17 aprox.), está el ya clásico en infalible moelleux (o sea: volcán) de chocolate con helado de crema y el cheesecake de naranjas y chocolate blanco.
Pero la noche de Bardot no termina allí. Posee un lado fuerte en la barra, a cargo de Rodrigo Soto Delgado, un especialista en piscos que trae de su Perú natal. Con esa materia prima, Rodrigo crea tragos propios que demuestran la versatilidad del destilado, más allá del ya conocido Sour. Un excelente ejemplo es el Pasión Andina, a base de pisco, licor de cassis, lima, almíbar y chicha morada (un jarabe de maíz colorado). Otros tragos son más tropicales, como el Pisco Punch (pisco, almíbar de piña, lima, agua, trozos de piña macerada). Otra opción es pedir un shot de pisco puro. La calidad premium de algunos de los productos que consigue Soto Delgado lo amerita. Si bien la cocina cierra pasada la medianoche, la barra de Bardot se mantiene abierta hasta que se vaya el último cliente, por lo que las noches de viernes y sábado se sirven tragos hasta las 3 o 4 de la mañana.
Si sos de deambular por la calle Honduras, ya sabés con qué tipo de restós podés llegar a encontrarte. Bardot Loisir es uno de ellos, y a mucha honra. Brigitte te llama.
Bardot Loisir Honduras 5237 4831-1112 / 4834-6229 Martes a Domingo desde las 20.30 Valet Parking
|