Ponga huevo
Abstraete de todo por un minuto y pensalo bien: es raro… ¡un huevo de chocolate! ¿Por qué un huevo? ¿Por qué ahora? Las versiones son muchas y las certezas no tantas, por lo que intentaremos sintetizar 2000 años de historia en un párrafo. Si en Pascua se conmemora la resurrección de Jesucristo y el huevo, desde el tiempo de los antiguos egipcios, pasando por los griegos y la Edad Media, fue siempre considerado un símbolo de fertilidad, entonces la asociación Pascua-Huevo, tiene su razón de ser. De todas formas, históricamente el huevo de Pascua nunca fue de chocolate. Era un huevo común y corriente, con la cáscara pintada, que se regalaba a los niños en Semana Santa. En ámbitos monárquicos, se llegaron a realizar verdaderas obras de arte sobre estos huevos. Pero fueron los alemanes, en el siglo XIX, quienes tuvieron la deliciosa idea de hacerlos de chocolate y colocar regalitos en su interior. Cuando los inmigrantes teutones cruzaron el Atlántico, a los norteamericanos les gustó la idea. Y así fue que el mundo se acostumbró a ver durante un mes por año, los quioscos y las panaderías repletas de huevos de chocolate, algo tan bizarro que ya nos resulta normal.
Entre tanto huevo pascual, te damos dos sugerencias para que tengas en cuenta. Para gastar poco y comprar de paso, podés elegir los Cadbury que, por primera vez en su historia, vende huevos de Pascua. Vienen en dos tamaños: 105 y 190 gramos y los precios sugeridos son $14,50 y $24,50 respectivamente. Son ricos, del estilo de lo que podés esperar de un producto de quiosco. Si buscás algo diferente y very premium, andá a Compañía de Chocolates (Berutti 4634), donde tenés huevos rellenos de almendras, de pasas de uvas, de trufas (entre $14 y $200, dependiendo del tamaño), además de hueveras con una docena de huevos tipo codorniz ($26) y de macetas de chocolate rellenas de huevos ($57). Para todos los gustos y los bolsillos.
El choconejo
Si el huevo es raro, ¿qué decir del conejo, al que miramos y miramos, sin decidirnos cuál orejita morder primero? Pero el conejo no es un conejo, en realidad: es una liebre. Una de las tantas historias que explican su existencia habla de la diosa Eostre, surgida de la fiesta pagana alemana Ostara (de ahí que las Pascuas en inglés se llamen Easter). El mito cuenta que esta Eostre una vez salvó a un pájaro al cual se le habían congelado las alas durante el invierno, convirtiéndolo en liebre. Esa liebre, por haber sido pájaro, aún podía poner huevos. Y los padres le contaban a sus hijos que esa liebre regalaba huevos durante las Pascuas pero sólo a los niños que se portaban bien. Los alemanes llamaban a ese conejo “Osterhas”, que significa la “liebre de Oster”. Pero sea liebre o conejo, mordé la orejita que más te guste.
A nivel clásico nacional, podés elegir alguno de Bonafide, que a los conejos y huevos de siempre, ahora sumó un par de kits que combinan ambos, de diferentes sabores y tamaños. Salen $20 o $40. Si querés el lado más delicado de la cuestión, Vasalissa Chocolatier los hace artesanalmente con excelente materia prima y gran manufactura. Empiezan en $11 y se consiguen en alguno de sus locales: el de Martinez (Alvear 402 ) o el de Recoleta (Callao 1940).
Dale rosca
Así como la historia del conejo tiene cierto encanto, el origen de la rosca de Pascua no es gran cosa. Hay muchas versiones. Una de las más creíbles habla de un pastel redondo de pan leudado que se cocinaba en festejos paganos para rendir culto a las cosechas y que de ahí salió la rosca, preparada por reposteros italianos retomando esa antigua tradición. Una base simple, a base de leche, huevos y harina, a la que cada país le imprimió su propio sello. El punto en común es la forma de anillo, que simboliza la continuidad de la vida y la unidad de la familia. Se trata, básicamente, de una torta. Y punto.
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