Como todo en la vida, se trata también de estilos. ¿Cómo comparar, por caso, las jaulitas de colibríes y las tortas de dulces caseros al atardecer de Viejos Tiempos, en Mar de las Pampas, con toda la expresión que encuentra Jean Paul Bondoux en La Bourgogne, de Punta del Este? ¿O los chorizos caseros que muchos van a comprar hasta General Madariaga, estando de vacaciones en Pinamar, con la profusión de nuevos restaurantes que ofrece, año a año, Cariló? Son estilos, como decíamos, propuestas, formas de entender las cosas. Porque comer en las playas, ir a los restaurantes de cada una de las localidades que nos alojan tiene también que ver con los motivos que tuvimos para elegir nuestro destino vacacional.
Paso a paso Si por target (¡qué antigüedad usar esa palabra!) podrían considerarse Pinamar (y su entorno) y Punta del Este como ideas relativamente similares o próximas, a la hora de plantear los estilos gastronómicos, resultan bien diferentes. Cada una cuenta con orgullos propios y bien diferenciados entre sí. Punta del Este continúa en mucho a lo que sucede en Buenos Aires y Montevideo (Jean Paul, Francis Mallmann, O Farrel, Novecento, por nombrar algunos de los tantísimos nombres que podrían repetirse). En cambio, Pinamar apela más a las tradiciones: La Ventola, por dar un ejemplo, más allá de que fue moviéndose de ubicación hasta llegar a su actual sitio en Cariló, ya era un lugar casi de culto entre el público por entonces más hippie –¡otra antigüedad!- que iba a Valeria del Mar a principios de los ochenta. Y a esto hay que sumar la movida del entorno de Villa Gesell (primero Mar de las Pampas y, luego, Mar Azul) que estableció un estilo propio, incomparable a los otros dos polos: ideas mediterráneas sobre el Atlántico.
Pinamar, tradiciones
Hay un horario de particular encanto. Es el atardecer en Pinamar, en el bosque o junto al golf. En ese momento, parte del espíritu del que hablábamos al principio, emerge y, como duende, parece hacer una operación alquímica: se transforma el aire de mar y todo el pueblo huele a leña. Mientras la luz empieza a volverse violeta, o lila, allí sobre la llanura y el verde parece casi azul, en la localidad el aroma es como si se hiciese un asado que dura toda la noche. Recién cuando comience el nuevo día volverá a percibirse el mar. Esto que notamos es lo que se llama tradición lugareña. Y con ella, viven y conviven las buenas y muy buenas posibilidades gastronómicas, potenciadas por el empuje arrollador que viene ofreciendo Cariló (en pocas manzanas más de 40 propuestas de restaurantes, pubs y bares). Quizás, parte importante del empuje esté en los restaurantes que están sobre la playa. Aquí la lista es interesante y ofrece aventuras, como llegar en 4 X 4 a Sport Beach, donde hay una barra del Sushi Club. Pero la lista de balnearios con propuestas de gastronomía interesante es amplísima. Desde CR (Del Mar y Troya, tel.: 02254 489841, donde Munchys ofrece incluso un servicio de delivery que lleva los helados hasta la carpa), hasta Hemingway en Cariló (ver más abajo) que tiene uno de los mejores restaurantes, pasando por Viejo Lobo, especializado en mariscos. Un listado siempre breve y arbitrario de lugares interesantes incluirá los asados de Parada Uno (Avda. Bunge y Av. Shaw, Tel 02254 481386) sobre la avenida Bunge, los platos alemanes de Tante, en De las Artes 35, tel.: 02254 482735), y cómo no propuestas más clásicas en el Hotel del Bosque. Si se busca el más fulminante “estilo Pinamar" debe irse a IL Garda (Av. Shaw 132, tel.: 02254 482582), en la avenida Shaw, La Carreta (De Las Artes 153, tel.: 02254 484950) o Gitanillos, en Ostende (Moreno 58, 02254 487371), mientras que siempre se puede optar por cocina mexicana en Jalisco (Avda. Bunge 478, 02254
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