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Cuando uno piensa en un sommelier, automáticamente piensa en vino. Pero si uno piensa en cine, difícilmente lo relacione con la actividad de estos profesionales del buen vivir. Sin embargo, en el último festival de Cannes entró a ultimo momento en la competición por la Palma de Oro, una película/documental dedicada enteramente al mundo del vino, dirigida nada más y nada menos que por un sommelier. El film fue Mondovino, y el autor/director Jonathan Nossiter (increíblemente y sin saber de la existencia de esta película, su nombre coincide con el de nuestra sección vinícola).
Nacido en noviembre de 1961 en Washington DC, hijo de un prestigioso periodista del Washington Post y del New York Times, Bernard Nossiter, Jonathan vivió gran parte de su niñez viajando por el Reino Unido, India, Francia, Grecia e Italia, con lo cual hoy habla fluidamente cinco idiomas.
El joven comenzó a los 15 años a trabajar en algunos restaurantes parisinos donde adquirió un especial interés por el mundo del vino, para luego comenzar sus estudios de pintura en el Art Institute de San Francisco y en la Ecole de Beaux Arts de Paris. Al darse cuenta que no sería un gran pintor, se decidió por “dirección cinematográfica” en la Dartmouth University, y ese amor adquirido por el vino en su juventud lo llevó paralelamente a graduarse como sommelier. En las artes comenzó como asistente de dirección de Adrian Lyne en “Atracción Fatal” (1987), e hizo su debut como director en 1990. Algunos de sus filmes obtuvieron importantes nominaciones y menciones de honor en festivales como Sundance, Cannes y Berlín, los cuales siempre fueron más apreciados en Europa que en su país natal, donde muchos críticos lo acusaron de anti-Americano.
Con su cámara digital al hombro, un presupuesto acotado, la ayuda de dos amigos y muchísimo esfuerzo se dedicó durante tres años a recorrer algunas de las principales regiones vitivinícolas del planeta, tratando de reflejar la filosofía y el pensamiento de los hombres que elaboran este noble producto de la vid. Así creó Mondovino, un documental “a la Michael Moore” (ganador de la Palma de Oro en Cannes con Fahrenheit 9/11) sobre el mundo del vino, donde muestra las diferencias conceptuales entre los grandes y tecnificados productores americanos de vinos estandarizados y los pequeños productores franceses, que resistiendo el embate de las gigantescas corporaciones vinícolas que les ofrecen millones por sus tierras, continúan haciendo grandiosos productos que son el reflejo del esfuerzo y la pasión puesta por el hombre en el suelo de su región. Pero este documental, con cierto tono de denuncia hacia el vino globalizado y los productos estandarizados, no se queda solamente con estas complejas batallas económicas y culturales que están teniendo lugar entre Europa y Estados Unido. También muestra lo que está ocurriendo en otras regiones vitivinícolas de Francia, Italia, Brasil y Argentina. De este modo, Mondovino hace una recorrida por los lugares más codiciados y famosos del mapamundi enológico, entrevistando a personajes de la talla de Michel Rolland, Robert Parker Jr., Michael Broadbent, Robert Mondavi, Salvatore Ferragamo y la familia Antinori, al mismo tiempo que muestra su manera de pensar y de ver las cosas.
Como sommelier, Jonathan Nossiter trabajó e ideó las cartas de vino de algunos de los restaurantes más prestigiosos de Manhattan, entre los que se encuentran Baltazar, Tapas Bar, Rice, Il Buco y Café Gitane, algunas de las cuales fueron premiadas por revistas como Wine Spectator. Es miembro de la Sommelier Society of America y actualmente divide su tiempo entre la dirección cinematográfica, la consultoría en vinos para restaurantes y el periodismo enológico.
La mejor manera de definir a Jonathan Nossiter es “apasionado por todo”; por el vino, por sus películas, por sus creencias. En esta, su ultima película, para la que se estuvo preparando toda la vida y que esperemos llegue pronto a la Argentina, muestra toda esa pasión a través de una mirada más humana de la realidad internacional del vino, al cual considera como “un espejo del mundo, tanto por su belleza como por su corrupción”.