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Nueva Zelanda: El señor de los Sauvignon Blanc
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Hay un boom mundial que se llama Sauvignon Blanc. Y tiene su centro en Nueva Zelanda, país cultor del bajo perfil. Paz absoluta, en una naturaleza de vértigo –allí se filmó El señor de los anillos- logra un viaje con iguales dosis de aventura, relax y placer.


Hace menos de 20 años, los neocelandeses no comían. Queremos decir: sentarse a la mesa a comer, elegir cuidadosamente los ingredientes y establecer un orden, en el día a día era, para las familias del país, casi una obligación alejada del placer. Es cierto que la naturaleza ya era por entonces generosísima. Es cierto que en los bosques que parecen selvas, por los que circula o viaja un viento puntiagudo, esa selva que escarcha de madrugada y tiembla de volcanes a la noche tarde, la fragancia de las frutas parecía invadirlo todo. Es verdad, también, que las ovejas pastaban como en los cuentos (en los cuentos infantiles) y crecían con una libertad similar a la de la Patagonia. De hecho, el paisaje tiene que ver con el de nuestro sur andino. Pero con la ventaja (y desventaja) de que todo esto se da junto al mar. No olvidemos que se trata del extremo sur de la Polinesia

Lo cual, le da a todo el boom actual de Nueva Zelanda en el turismo, sobre todo en el turismo vinícola, un rasgo casi milagroso. Que obviamente tiene explicaciones (la proximidad de Australia, la fusión en la gastronomía, la moda mundial del Sauvignon Blanc...).

Hoy, por tanto, todo ha cambiado. Jóvenes chefs, vinos jóvenes: paisajes que nos sugieren el comienzo o el confín de la tierra. La sensación de borde, de precipicio. Vinos que pueden darte la impresión de que son resultado de un sueño. Picante de wasabis, corderos que comen casi en la orilla del mar y parecen contagiarse de su sal (hay más ovejas que personas en Nueva Zelanda). Y un espectro de propuestas comestibles increíblemente vasto: mejillones carnosos, de lengua verde; kiwis maduros (probá los dorados, no los verdes, que son menos sabrosos); cigalas frescas de agua dulce; el delicioso venado cervena; un interesante aceite de oliva local. Todo acompañado de una gran variedad de quesos: un reino lácteo gobernado por la Whitestone Cheese Company, que posee uno de los mejores quesos azules del mundo.


De punta a punta

Aunque Nueva Zelanda esta dividida entre sus islas del Norte y del Sur, no es muy difícil para los viajeros que van detrás del sabor conocer en un tiempo prudencial la mayoría de sus regiones del vino. Existen vuelos diarios entre las dos islas, así como un trasbordador que toma de dos a tres horas en cruzar de una a la otra. El vino manda especialmente en la isla Sur, aunque también en el Norte hay opciones que combinan el placer del viaje con el placer del aroma.


Siguiendo la ruta del vino

Nueva Zelanda es indiscutiblemente una de las regiones vitivinícolas más bellas del mundo, si no la más. Por sobre los viñedos sobresalen montañas escarpadas, paredes de roca aún no tocadas por el hombre, bosques verde brillante. Más allá de las laderas, hay largas cascadas de ríos de agua purísima y unos lagos que se deshacen en la neblina, sobre todo al amanecer. Hay una belleza de lo gigantesco y místico en este país. Una belleza casi de otro mundo.

Los viñedos confirman esa percepción. Aunque las cepas aquí hayan sido plantadas por primera vez en 1819, el renacimiento del vino de Nueva Zelanda realmente empezó con la ascendencia de la región de Marlborough, el paraíso del Sauvignon Blanc. Hoy en día existen diez regiones productoras de vino en todo el país, que se extienden desde la zona Northland en North Island hasta la South Island, incluyendo la región de Central Otago. Y no todos son vinos blancos: Nueva Zelanda también comienza a ser conocida internacionalmente por su Pinot Noir.

Aquí un recorrido básico, en tres partes, ineludible para quien cruce los océanos en búsqueda del secreto neozelandés.


Bebiendo blancos

Mucho sol, noches frías y una estación de crecimiento larga, aseguran que el Sauvignon Blanc de Marlborough sea un emblema del vino del país. Y Blenheim es su capital: un pueblo pintoresco, con casas de generosos parques y jardines. Pero además es un pueblo de buenos anfitriones: todo tipo de cafés de estilo y restaurantes de primera calidad, mucho más que los que normalmente se encontrarían en un centro urbano grande.

Las bodegas más importantes de esta zona son también las que se conocen mejor fuera del país. Como consecuencia, casi todas están abiertas diariamente, sin que sea necesario previa cita. ¿Sugerencias? Las nuestras incluyen Cloudy Bay –la más famosa de Nueva Zelanda, y el productor (en esto hay polémica) del mejor Sauvignon Blanc del país. Vino que se vende actualmente en Argentina (pertenece al porfolio internacional de Chandon, quien acaba de importarlo), para quien lo quiera probar. Claro que se discute ese primer premio con otras casas productoras, como Brancott, Nautilus, Villa Maria, Isabel Estate, Seresin, Stoneleigh y Wither Hills. Pero no importa qué bodega decidan visitar, lo principal es cómo: la mejor manera de experimentar los viñedos de Marlborough es en bicicleta. Se alquilan allí, a precios razonables. Y marcan un ritmo propio.


Adentrándose en el tinto

Si existe una región en boga para el Pinot Noir en Nueva Zelanda es la de Central Otago. Aquí están algunos viñedos entre los más australes del mundo, a 45 grados de latitud sur. Esta zona montañosa también tiene los viñedos más altos de Nueva Zelanda. ¿Vieron El Piano? ¿La película en la que actuaban Harvey Keitel, Sam Neill, Holly Hunter, del director Jean Campion? Bueno, esos paisajes tan típicamente neocelandeces, tan misteriosos, son el espacio de uno de los mejores Pinot del mundo, que recuerdan más a los de Borgoña, en Francia, que a los de la Patagonia. Aquí, el “malo” de Sam Neill hace unos vinos que están buenísimos. Siguiendo la onda Coppolla, en su propia bodega, Two Paddokcs, produce unos productos boutique excelentes. Pero no es la única: Gibbston Valley Winery es pionera. Y la ruta del vino de la región incluye Mt. Difficulty, Peregrine Wines, y Felton Road. Bodegas para visitar, en las que se pueden probar esos vinos tan insinuantes como la música de Michael Nymann, el autor del concierto que se escucha en aquel filme.


Waiheke Island, una gema, una rareza

Aunque Waiheke Island no es necesariamente la región vinícola más conocida de Nueva Zelanda, es una de las más atractivas como destino turístico, y está al norte. A corta distancia de la ciudad de Auckland (a 30 minutos en barco trasbordador), en el centro del Golfo de Haruki, esta isla montañosa es casa de pequeñas aldeas, bosques y viñedos así como plantaciones de oliva.
Posee, además un clima lo suficientemente suave como para disfrutar del entorno.
A diferencia de las otras regiones, las cepas son Bordeaux: Cabernet Sauvignon, Merlot, y Cabernet Franc. El clima cálido y las horas largas de sol promueven una fruta rica en madurez, y las cepas tienden a poseer sabores generosos y jugosos y una estructura personal. Hay bodegas en toda la isla, pero las esenciales para el visitante son las de Stonyridge Larose (los vinos se venden apenas termina la cosecha) y Mudbrick, que posee un espléndido restaurante con vistas espectaculares de Auckland y platos intrigantes como codorniz asada a la plancha sobre frutos rojos con miel de manuka.


Vinos únicos, increíble gastronomía, paisajes de ensueño. Posiblemente
Nueva Zelanda no sea el famoso Paraíso Perdido. Pero, y de esto no caben
dudas, se le parece.
Nota publicada el 13/6/2007
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1. Vinos del otro Nuevo Mundo
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mi nombre es fabian lozano, soy tolimense, soy colombiano y soy latinoamericano. me encanta el vino y trabajo como sommelier en una bodega de la ciudad de bogota. me gusto mucho su columna ya que enestos dia me llegan unos vinos de nueva ze...


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