A veces están escondidos y cuesta encontrarlos, pero cuando damos con ellos o nos los recomiendan, seguro que no nos sentiremos defraudados o desilusionados. Algunos son más pequeños y de pocos cubiertos, y una reserva es un imperativo para no tener que esperar mucho tiempo; otros son más grandes pero nunca de tamaño descomunal. Unos son más caros, otros son más baratos, pero luego de comer en ellos uno se siente agradecido, y en la plata ni se piensa. En materia de vinos, en general prestan atención al servicio y al cuidado de los mismos, y tienen una buena variedad pensados de manera acorde a la cocina que proponen. Aquí te pasamos una guía de nueve gemas de la gastronomía porteña que no podés dejar de conocer.
Oviedo
Beruti 2602, esq. Ecuador – 4821-3741/4822-5415.
Enclavado en una esquina en dos plantas en pleno Barrio Norte, en él predominan los pescados y mariscos de altísima calidad, sin dejar de lado algunos cortes de carne muy cuidados y otras soberbias preparaciones. A cargo de la cocina están las manos maestras de Martín Rabaudino, ganador del Gorro de Oro Nestle el pasado año. El cordero lechal es uno de los platos que más sale; riquísimo. Su dueño, Emilio Garip, es un verdadero caballero que cuenta con una de las mejores selecciones de etiquetas de vinos nacionales y españoles, donde no faltan algunas cosecha ya desaparecidas. No es barato, pero sí que lo vale.
Restó
Montevideo 938 – 4816-6711.
Si a uno no le pasan el dato, nunca lo encontraría, ya que se encuentra adentro del edificio que alberga a la Sociedad Central de Arquitectos. Su cocina tiene una influencia netamente francesa moderna, ya que María Barrutia, la genial chef y propietaria, se formó en el restaurante tres estrellas Michellin de Michel Bras en Laguiole. En Restó utilizan productos frescos, de estación, con esmeradas técnicas de cocción llevadas a la práctica por Guido Tassi, co-equiper de María que está a cargo de los fuegos. La carta de vinos es amplia y fue muy bien seleccionada por su sommelier Federico Lleonart que sugiere siempre maridar los platos con diferentes vinos por copa. Gran relación calidad/precio, seguramente la mejor de la ciudad.
La Brigada de San Telmo
Estados unidos 465 – 4361-5557/4361-4685.
Sin duda una de las mejores parrillas de Buenos Aires, donde su dueño, Hugo Chavarrieta, se ocupa personalmente de la selección y el cuidado de la calidad de todas las materias primas que allí utilizan. Hugo creó algunos cortes de los que no existen en las carnicerías, que ya son una marca registrada como ser la “tapa de ojo de bife” o el “corte especial”. Otra de las novedades aquí es la incorporación de carnes no tradicionales como el búfalo, el jabalí, el ciervo y el cordero, que vienen trabajando cada vez con mayor éxito. El servicio es tradicional y la vajilla llega caliente a la mesa para que los cortes no se enfríen, algo muy poco usual en una parrilla. Precios acordes al balance final.
O’Farrell
Av. del Libertador 15.274, Acasusso – 4742-4869.
Moderno reducto de zona norte en donde Hubert O’Farrell y Pamela, su mujer, despliegan un sinfín de aromas, sabores y texturas difíciles de igualar. La cocina es de estilo mediterránea a base de platos complejos, elaborados con insumos de primerísima calidad y de alto precio en general. Proponen por la noche un menú degustación de cinco pasos. A esto se suma una carta con una selección muy importante de los mejores vinos nacionales y extranjeros, y una amplísima oferta de etiquetas para pedir por copas y maridar con los diferentes platos. Vale la pena pagar esos precios para deleitarse con sus creaciones.
Pan y Teatro
Las Casas esquina Muñiz – 4924-6920.
Gran propuesta de cocina casera con reminiscencias mendocinas en esquina de Boedo, que sorprende a partir de la simpleza y la originalidad de sus platos. Hay empanadas, pizzas, pastel de papa, calabazas rellenas y gran variedad de picadas de campo para deleitarse. El salón es bien pintoresco, con iluminación tenue y vereda techada para las noches de verano. Los vinos son todos de Mendoza, como su dueño, Germinal Marín, que los elige él personalmente. Es posible encontrar algunas rarezas enológicas que difícilmente se consigan en Buenos Aires, traídas especialmente de esa provincia donde también tienen un restaurante. Los precios son muy accesibles y lo que se obtiene por ellos muy satisfactorio.
Thymus
Lerma 525 – 4772-1936.
Alta cocina es lo que despliega Fernando Mayoral en su pequeño restaurante de 45 cubiertos en Villa Crespo, con patio y terraza para los tórridos veranos. Como cuando se escucha a un gran pianista, aquí se nota que detrás de cada plato hay muchas horas de estudio y de pruebas, que determinan que cada ingrediente del mismo no está puesto al azar, sino que cumple una función determinada. Las técnicas son impecables y los insumos están cuidados hasta el detalle. La cocina de Fernando es para sacarse el sombrero, así como también el trabajo de Tatiana Anchordoqui que oficia de sommelier maridando con profesionalismo todos los platos. Precios más que razonables y diferentes opciones de menús degustación.
Urondo Bar
Beauchef 1204 esq. Estrada – 4922-9671.
En pleno Parque Chacabuco encontramos este pequeño restaurante de Javier Urondo y Sebastián Koncurat, con una propuesta de cocina contemporánea donde los sabores se combinan de manera sencilla para dar un resultado altamente satisfactorio. Javier desde la cocina crea platos cuidados hasta en la presentación. Sebastián, que es sommelier, hace hincapié en el momento del aperitivo, proponiendo diferentes tragos para acompañar la variedad de terrinas, patés y otras delicias. Además, a la hora del descorche siempre tiene alguna sorpresa guardada, ya que atesora algunas perlas enológicas difíciles de encontrar que ofrece a sus clientes. Buenos precios en un ambiente moderno y de barrio.
Lucky Luciano
Cerviño 3943 – 4802-1262.
Guido y Luciano Sosto son gastronómicos desde que nacieron, ya que su padre, Carlos Sosto, tiene hace muchos años un pequeño restaurante a la vuelta de este, que ahora es su emprendimiento personal. En una vieja casona con patio de la zona del zoológico, montaron hace ya algunos años esta propuesta en formato de trattoría italiana, donde los antipastos, las pizzas y las pastas son las vedettes. El ambiente es informal y con mucha personalidad, donde concurre público mayoritariamente joven. Luciano además es sommelier y armó una carta de vinos muy adecuada para los platos que propone el sitio. El servicio es atento y profesional, y en verano el patio es muy concurrido. La propuesta incluye, antipasto, pizza, principal, postre y café con vino de la casa por un único precio.
El Pobre Luis
Arribeños 2393 esq. Blanco Encalada – 4780-5847/4782-4488.
Otra de las mejores parrillas de la ciudad, en este caso comandada por el uruguayo Luis Acuña, un charrúa de pura cepa. En un nuevo local más grande inaugurado hace no mucho tiempo se sirven los mejores cortes de carnes y achuras, que salen humeantes de las dos grandes parrillas que Luis personalmente comanda. Famoso por las pamplonas, las costillas de lomo con hueso, el bife uruguayo, los riñones o higado “a la tela” o las increíbles mollejas enteras, el restaurante tiene capacidad para 150 comensales. En este nuevo local dieron mucha más importancia a los vinos, ampliaron la carta y hasta incorporaron un cellar para guardarlos y servirlos a la temperatura adecuada. No es barato, pero vale la pena. |