Sintéticamente, se puede decir que en Freak vas a encontrar tragos y platos simples, con una vuelta de tuerca de autor piola y a buen precio. No es el lugar para probar alta coctelería, ni platos muy sofisticados. “No buscamos educar paladares”, explica Nacho Garcés, responsable gastronómico y socio del lugar, junto con su hermana Julieta. En Freak tomás y comés muy bien y, sin ser innecesariamente pretencioso, todo lo que proponen es original. Un lugar, descendiente directo de Saturnalia (bar ya mítico que estuvo en la galería de los Diseñadores del Bajo), que supo en su momento hacer escuela en el barrio.
Antes de entrar en los detalles gastronómicos, peguemos una ojeada al salón. Reformado en un tiempo record de diecisiete días, la estructura edilicia de Freak es la misma que desde 2001, cuando transformar un PH en un bar todavía era una idea extraña. Al amplio sector de barra se le agregaron mesas altas, en las que se puede picar algo, o cenar. A pesar de no ser al aire libre, las dimensiones de este sector lo hacen apto para fumadores, así que no hace falta salir a la vereda para encender un pucho (poroto para Freak). La decoración sí cambió: pasó de una onda pop a un estilo más sobrio y contemporáneo. El cambio más importante, arquitectónicamente hablando, es la salida que se construyó en el salón restaurante, donde el piso de cemento alisado se extiende hasta la calle. Ahora, en invierno, esas puertas vidriadas tal vez pasen desapercibidas, pero en verano las mesas en las veredas serán una invitación al sol, sobre todo en esta nueva etapa de Freak, en la que abre desde temprano, con menús ejecutivos al mediodía y opciones para merendar a la tarde.
Ahora, los platos. En las entradas vas encontrar las ideas más jugadas, como el roll de ave y morrón envuelto en pepino con syrup balsámico ($14), o el queso camembert crocante sobre colchón de hojas verdes, tomates cherry confitados y syrup de frutos rojos ($13). También, tras probarlo, recomendamos el salmón marinado en mango y lima con mix de brotes crocantes ($16). Son platos frescos y versátiles, que pueden servir como appetizers de una cena, y que funcionan muy bien para acompañar una ronda de cocktails en la barra.
Entre los principales, la base de los platos te va a sonar familiar (ravioles, ojo de bife, etc.). La búsqueda de diferenciarse está a veces en las técnicas de cocina que aplica la chef Roxana Agrasot (recién llegada de Uruguay) o en los ingredientes que lo acompañan. Ejemplos concretos: ñoquis soufflé de quesos con crema de albahaca, tomate concassé y aceitunas negras ($24), raviolones de ricota, queso y puerros al gratén sobre espejo de tomates ($23), o risotto de langostinos, vegetales y azafrán ($28). Tal vez un poco más rebuscado, y de lo más recomendable, sea el milhojas de pollo con hongos salteados al tandori, emulsión de ají morrón y crostín de hierbas ($26), mezcla de culinaria mediterránea e india.
El lugar apuesta un público heterogéneo, y gusta para ir con amigos o en pareja. Las mesas de dos tal vez te parezcan que están demasiado juntas, pero entre la música de fondo (a un volumen muy razonable) y la luz tenue, esa cercanía no es tan molesta como aparenta a primera vista.
Y llegan los postres, sabrosos y potentes. Probá el flan caramel y crocante de vainilla ($12) para saber lo que es una sólida pared de sabores dulces. El cheesecake de naranjas (12) y el parfait de dos chocolates con salsa de maracuyá ($15) son un buen equilibrio entre lo cítrico y lo calórico. Y si querés probar algo un poco más jugado, pedí el crepe flambeado con frutas al Malamado y helado ($15), utilizando este vino fortificado de Familia Zuccardi.
La barra es ideal para un aperitivo, un bajativo, o para ir de copas sin pasar por las mesas. Es un bar completo, con materia prima importada y de calidad, pero no pretendas una súper variedad de whiskies y maltas, o diferentes vodkas y gins. En general son tragos livianos, y más bien veraniegos. La carta está dividida en cuatro: clásicos, de autor, Gancia drinks y Caipis y Mojitos. Esta última parte sintetiza de alguna manera lo que es Freak: 6 caipirinhas y 6 mojitos, que, partiendo de la receta original, proponen un sabor diferente. Valen como ejemplo la Caipinet (fernet, limas, azúcar rubio, tónica) o el Bombay mojito (gin, jugo de manzana, menta, limón, azúcar). Todos los tragos están entre $14 y $20.
Conclusión: el mismo amigo Freak de siempre, reanimado y adaptado a este final de década. Sí. A veces cuesta creerlo, pero desde aquel noviembre de 2001, cuando transformar un PH en un bar era algo llamativo, han pasado casi 6 años.
Freak Fitz Roy 1715 Tel: 4771-9926 Palermo
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