Si hay una vocación en la que el futuro es algo incierto, esa es la cocina. Con la gastronomía se crea, se crece, se vive cada día, y claro, se viaja a los destinos más inesperados. Por eso, a través de esta nota queremos que conozcas algunos de los cocineros que decidieron dejar su tierra para venir a crecer junto a su vocación en nuestro país. Desde Francia, España, Italia y hasta Perú, todos estos chefs eligieron a la Argentina como su casa.
Son cocineros que, no solo se dedican a dar de comer, sino que también hacen de lo suyo un arte, que seguramente sea uno de los que tiene más directa interactividad con la persona que lo recibe. Algunos jóvenes, otros no tanto. Cuando muchos de los que recién empiezan ya están pensando en emigrar, ellos eligieron cocinar para nosotros; conocelos:
Sébastien Fouillade
Con apenas 34 años, Sébastien ya lleva 10 en el Río de la Plata. Su historia comienza en Bordeaux, donde después de terminar sus estudios en la escuela Talence, pasa por cocinas de Niza, Thailandia, Italia y Mónaco, compartiendo fuegos con el gran Alain Ducasse. Más tarde conoce al dueño del restó Las Cumbres, en Punta del Este, y decide embarcarse hacia estos pagos. Luego de su experiencia en Uruguay, Fouillade pasa rápidamente por Francia y retorna a Sudamérica para instalarse definitivamente en Argentina. Aquí cocinó en Cala, La Provence Bistro y la Brasserie Petanque (Defensa 596), donde hoy se desempeña.
Dentro de su interesante historial resalta el trabajo en el super yate Christina O., propiedad del millonario griego Aristóteles Onassis. En él recorrió el mundo y de paso por el festival de Cannes, cocinó para Bono y Tom Cruise, entre otros.
Hoy Sébastien Fouillade elige la Argentina para criar a sus hijos, y divide su trabajo entre el restaurante que comanda y su empresa de catering, SF Catering Francais; siempre con el acento francés que lo caracteriza.
Ramiro Rodríguez Pardo
Se puede decir que Ramiro fue uno de los padres de la cocina moderna en el país. Junto al recordado Gato Dumas, revolucionaron la menospreciada actividad del cocinero para convertirla en lo que es hoy.
Nacido en Galicia, llegó al país con 21 años desde Suiza. Pasó por algunas cocinas (entre ellas el celebre Palacio de la Papafrita!!), y tiempo después conoció al Gato para abrir La Chimere en el ’66, donde Ramiro nos contó que previo a la apertura, reunieron 30 menús de los lugares más populares de la ciudad, los extendieron sobre una mesa y se dijeron: “hagamos algo distinto”.
Así comenzó ese nuevo proyecto, basándose sobre dos pilares fundamentales: diferenciarse del resto y combinar su trabajo con diferentes actividades artísticas, en donde conoce entre otros al genial escultor colombiano Fernando Botero. De esta forma, la gente se siente atraída desde un principio por la propuesta y así Ramiro comienza su ascendente camino dentro de la gastronomía local. Tuvo a su cargo Drugstore, Clarks y el legendario Catalinas, uno de los mejores de su época.
Con 48 años de profesión, 17 restaurantes y una infinidad de conferencias dadas a lo largo de toda latinoamérica, Ramiro sigue dando cátedra en Sinclair (Sinclair 3096), su genial local de Palermo, donde días tras día, además de dejar su impronta de buen tipo, hace lo que mejor sabe: cocinar.
Hugo Zevallos Varas
Nacido en Perú hace unos 34 años, Hugo siempre cuenta que de sus 8 hermanos, el menos apasionado por la cocina era él. Así y todo, con el paso del tiempo supo como aprovechar toda esa herencia gastronómica del altiplano.
La historia gastronómica de Zevallos comienza hace unos 9 años, cuando tuvo que venir al país por asuntos familiares. Tiempo después, y sin mucha plata en los bolsillos, comenzó a trabajar en los Arcos del Sol como bachero en Valentino. Después de unos 7 meses y algunas diferencias laborales, comienza la verdadera ruta hacia lo que buscaba. Pablo Massey lo contrata para su restaurante de Las Cañitas, donde durante 3 años y medio se forma como cocinero trabajando en todas las plazas. Tiempo después, siendo jefe de cocina de La Corte, le ofrecen hacerse cargo del restó Zadvarie Doc (Uriarte 1423, Palermo), donde hoy se desempeña haciendo valer su encarnado amor por los insumos latinoamericanos.
Hugo nos contó algunas creaciones de la nueva (e inédita) carta. Yuca (mandioca) rellena con camarones y salsa de Llajwa (a base de Locoto), Cau Cau (cazuela) de mariscos con hierbabuena y azafrán, y parfait de Lúcuma con crocante de choclo y amaranto. Hay que conocerlos, al igual que a Zevallos; vale la pena.
Jean Paul Bondoux
Hace 26 años este gran cocinero francés desembarcaba en el Río de la Plata con toda la culinaria de su Borgoña natal, actuando casi como embajador de esa cocina. Al llegar a estas tierras trabajó en un principio en Punta del Este y una temporada en Bariloche. Más tarde, en el ’92, se hizo cargo de la cocina del Hotel Alvear comandando La Bourgogne (Ayacucho 2027).
Chef que alguna vez dijo: “la cocina viene de la gente, de sus tradiciones y sus tierras. La cocina es un asunto cultural, que nada tiene que ver con el esnobismo o la moda. Es la identidad de un país”. Bajo ese lema, Bondoux lleva adelante su restaurante, al mismo tiempo que trabaja para La Boutique y el Catering del Alvear, en los que se puede descubrir el Mundo Bondoux y llevarlo donde quieras.
Jean Paul Bondoux hoy es el único chef Relais Gourmand de latinoamérica, catalogado así tanto en su restaurante de Buenos Aires como en el de Punta de Este por la guía francesa Relais & Chateaux. Y claro, comer en La Bourgogne no es para cualquiera. Dentro de un cubierto que ronda los $150 y una exigente vestimenta formal, se pueden disfrutar platos de corte francés en los exclusivos salones de los que Bondoux dispone; Buenos Aires, Punta del Este y Vistalba, en el flamante restaurante que Carlos Pulenta abrió junto a su bodega.
Con el respaldo de su fiel clientela local, Jean Paul Bondoux cuenta que: “en mi cocina hay sabores puros, ligados a la tierra; apunto a las verdaderas cosas”. De esta forma continua cocinando en Argentina para la alegría de todos los amantes de la gastronomía de nivel.
Christophe Krywonis
A Christophe le enseñó a cocinar su abuela. Luego se formó en varios restaurante franceses pero su abuela fue quien lo introdujo en el mágico universo de la cocina. Natural del Valle de la Blois, criado en colegios que le exigían los buenos modales y la conducta que él no quería tener, pasó su juventud cocinando en Europa y algunos parajes del Caribe, hasta que en 1989, de la mano de Francis Mallmann, llega a Sudamérica. Donde desembarca? En las Leñas, haciéndose cargo de la gastronomía del Valle, al mando del destacado chef argentino. Recuerda esa época con imágenes exultantes; ski, noche, mujeres, diversión y mucho trabajo, especialmente para quien no hablaba nada de español.
Pasaron los frenéticos días, hizo lo suyo en Blue Blanc Rouge de Punta del Este y luego regresó a Francia por falta de trabajo. Y claro, se había enamorado del ritmo del Río de la Plata, y en Europa se deprimía. Al poco tiempo lo volvieron a llamar para la apertura de Bleu Blanc Rouge en Buenos Aires y desde allí se quedó en estas tierras. Trabajó para Katrine, para Terence Toddman (ex-embajador de los EEUU), hasta para el poderoso grupo Soldati. De esta mega empresa salió por la puerta grande con un brillante cheque en su mano, y con este, en 1997 abrió la puerta de su actual local palermitano: Christophe.
Ininterrumpidamente, noche a noche este carismático francés de marcado acento foráneo saca a relucir esa culinaria tan clásica y sabrosa de su país natal, adaptada siempre a insumos y gustos locales. Con pinta de bistró parisino, es un local de cocina a la vista que seduce con aromas y sabores genuinos, fáciles incluso hasta para quienes no están acostumbrados a los sabores europeos.
Recientemente comenzó a conducir su propio programa en la señal El Gourmet, Chez Christophe, donde enseña recetas de su país.
Qué le gustó de la Argentina? Su gente, su ritmo, su energía... a él se lo ve feliz con poco, con cotidianeidades como cenar con sus amigos o cargar en su camioneta a Malbec, su rhodesian ridgeback. Necesidades básicas pero gustosas.
Donato de Santis
Donato jamás pensó que daría la vuelta al mundo y que cocinaría para rutilantes estrellas mundiales cuando estudiaba su carrera en la escuela de hotelería de Milán. Pero casi sin darse cuenta, así fue. De joven trabajó en varios restaurantes de Italia, entre los que se encontraban algunos con estrellas Michelin. Luego viajó a Los Ángeles contratado para hacer sus delicias, y finalmente terminó siendo persona clave de la cadena Bice, abriendo los locales de Chicago y Palm Beach, entre otros.
Por esa época conoció a un personaje que cambiaría el rumbo su vida: Gianni Versace. El modisto italiano lo descubrió, se enamoró de su comida y en 24 horas lo contrató para ser su cocinero personal. Desde su base se encargó de despachar delicias mediterráneas para todo tipo de celebridades que pasaban por sus mansiones y barcos. Madonna, John Galliano, actores, modelos; a todos llegó a deslumbrar con sus platos hasta la muerte de Versace. Luego se mudó con Donatella Versace a Nueva York, tuvo su restaurante, hasta que con un puñado de amigos argentinos llegó a Punta del Este, previo paso por Buenos Aires. Regresó al tiempo inquietado por esta ciudad.
El ya popular Donato terminó instalándose en Baires en 1999, encantado con mucho aunque un motivo en particular destacado; Micaela, una morocha local que le dio sus dos hijos y con la que hace cinco años compartes sus bailes porteños. Luego de vender Verace, su espectacular restaurante de Belgrano, Donato divide sus horas entre la exigente TV y su flamante proyecto; la antigua casa donde vivía transformada en un espacio-taller dedicado a múltiples funciones que incluye evento privados, degustaciones e interrelación con sus muchos seguidores.
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