Un oasis en plena jungla urbana bien podría ser la definición de Million, en el corazón de la zona céntrica porteña. Es que entrar a esa vieja casona de principios de siglo significa trasladarse a otro tiempo y lugar bajo las copas de los árboles y el ambiente sereno, casi solitario en sus tardes. Inmune al ruido ciudadano, junto al verde impecable del césped se distribuyen varias mesas por las que se pasean tanto tapas (son muy buenas) como platos más elaborados. Es sin duda uno de los espacios abiertos más seductores del macrocentro.
En Palermo, la terraza de Lomo ya es un clásico. Reposeras, colchonetas y sillones entre cañas de bambú son el entorno ideal tanto para un cocktail al atardecer como para un sandwich de las variadas carnes que el restó ofrece. Moderno, funcional y con el sol de la tarde cayendo de lleno, ostenta una cálida barra techada de donde salen todo tipo de bebidas.
Otro número puesto vecino es Janio, que tanto en su vereda como en el primer piso tiene mesas al aire libre. Adelantado a la hora de desembarcar en el polo gastronómico “Plaza Armenia”, sirven desde platillos hasta comidas suculentas o desayunos. Tanto es el movimiento que allí se desencadena los fines de semana, que las mesas largas con banquetas suelen ser compartidas entre desconocidos. Otra postal de weekend: treintañeros de todo tipo con sus perros lustrosos en la vereda; parece ser la última moda.
A metros de allí, si lo que se desea es un buen vino a temperatura adecuada y con copas decentes hay que cruzarse hasta La Finca, donde un interesante desfile de etiquetas no siempre conocidas invita a explorar los sabrosos caminos de la vid. No muchas, pero siempre distribuyen algunas mesas en la afable vereda para picar algo copa en mano si la tarde es soleada. En cambio, si hay apetito de sabores más exóticos, Bereber tiene una espectacular terraza en su primer piso donde se pueden probar las genialidades marroquíes de la chef Florencia Ramirez. Los sábados por la tarde, un trago contemplando el andar de la gente en la Plaza Armenia relaja del ajetreo de la semana.
A una cuadra de la concurrida Plazoleta Borges está Cabernet, con una gastronomía que si bien no está a la altura de sus precios, es aceptable bajo el sol palermitano. Cerca de allí, buena comida armenia en una romántica terraza es la propuesta de El Manto, especial para probar sabores desacostumbrados para nuestro paladar como ser Hammus (puré de garbanzos y sésamo) o bien Mousuaka (suerte de pastel de berenjenas con tomate y carne picada). El recientemente abierto Moscato, sobre Uriarte, también tiene una terraza pequeña para los días agradables donde se puede disfrutar de la cocina mediterránea que allí se propone.
Más informal, del otro lado de Juan B. Justo está Carnal, con un primer piso al aire libre que tiene semi-restringido su acceso los días jueves y viernes dada la cantidad de jóvenes que allí se agolpan. Buena ambientación, un sector cubierto y barra independiente son la sede de una atmósfera desprejuiciada, serena y hasta tolerante, repleta de mocosos y no tanto con su copita en la mano paseándose despreocupados.
A pocas cuadras, las pretensiones gourmet bajo el cielo se pueden satisfacer en Olsen, el restó del número uno local, Germán Martitegui. Platos de origen nórdico y más de 80 variedades de vodka bien pueden degustarse en su parque arbolado, donde una fuente de estilo urbano ayuda con el murmullo del agua a la serenidad que allí reina. Con rayos de sol difuso, los brunch restauradores del domingo son imperdibles.
Siempre en esta zona bautizada -no se sabe por qué- como Hollywood, la casa chorizo donde se aloja Dominga tiene un exquisito patio con pocas mesas y un antiguo árbol que regala sombra. Sushi, risotto, cordero, cebiche; varias son las alternativas en este elegante design-restó de la calle Honduras.
Si comida italiana es lo que pide el estómago, frente al zoológico está la clásica cantina italiana Guido’s Bar, donde las pastas y el genuino espíritu que Carlos Sosto le impone al ambiente aseguran satisfacción completa. Aquí el entorno tan arbolado también invita a unas informales mesas en la vereda. Ya en el ajetreado barrio de Las Cañita, Morelia, Las Cholas y La Corte son las elegidas. En el primero se puede optar tanto por la terraza como por su concurrida acera. Pizza a la parrilla es la protagonista, que por las noches toma un tinte más romántico en el primer piso iluminado a fuerza de fanales y antorchas. Las Cholas continúa con el ambiente juvenil de siempre pero la propuesta es carne a las brazas, rica y barata, especial para compartir con amigos. En diagonal, La Corte tiene un par de mesas en la vereda, aptas para los platos de Máximo López May y los tragos de Martín Olivera.
Fuera de circuito, en los suburbs de Palermo, Masa Madre, la genial creación gastronómica de Juan Marín, también debió extender su salón a la calle dado el boom en el que se transformó. Platos generosos, con muchos vegetales y especias, junto a la creatividad del chef y el buen trabajo de su brigada representan el secreto del éxito.
Pero el universo palermitano también extiende su propuesta hacia el río. Allí podemos encontrar la sucursal “chic” de Tucson, un coqueto restaurante de steak house al mejor estilo americano. Su galería y mesas a la calle nos recuerdan los bistró de Paris. En el menú se pueden encontrar las famosas “ribs”, tanto vacunas como de cerdo, carnes rojas y blancas, así como pescados, pastas y la clásica ensalada Caesar, que la preparan realmente muy bien. Allí, todas las carnes son asadas a la leña. Sin alejarnos mucho, en el cruce de Ugarteche y Cabello se encuentra la sucursal más concurrida de Romario, que recibe con empanadas (recomiendo la de la casa, estilo capresse) y excelentes pizzas a la piedra que se mantienen bien hot gracias al hierro en el que la sirven. Otra subzona palermitana que se las trae es el distrito del Boulevard Charcas, entre Coronel Díaz y Scalabrini Ortiz. Las terrazas más soleadas las encontrás en Angelina y en el Havana Café de la misma esquina (Charcas y Bulnes).
En el polo opuesto, exactamente en el barrio de Recoleta, dos son los espacios al aire libre que recomendamos. Por un lado el clásico La Biela encarna parte de la historia porteña en la esquina de Quintana y Alvear, desde donde se abre Plaza Francia, la Iglesia del Pilar, el cementerio, el Centro Cultural y, los fines de semana, la feria al aire libre. Si bien la comida no es muy gourmet, bien vale un cafecito o un Campari de aperitivo en esa suerte de patio que dedica a sus clientes. A metros nomás, idéntica disposición pero más arbolada tiene Buller Brewing Company, donde es posible tomar una de las mejores cervezas tiradas de la ciudad y muy buena pizza.
Por último, si tu rumbo es la zona norte no te pierdas los jardines del Club Social y su propuesta de tapeos. Los jueves a la noche el lugar es el epicentro del nightout en la zona. Su carta de vinos es razonable y la barra es bien nutrida.
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