Es interesante observar la realidad gastronómica actual tras las cocinas de los tres principales hoteles de Rosario. Por un lado, la escalada a la calidad gourmet ya es un hecho indiscutible y, por otro, cada alojamiento tiene matices que lo diferencian y vale la pena conocer. Pero además, los restaurantes se hallan en un saludable momento de transición en el cual esperan dejar atrás dos anticuadas ideas: que sus servicios son básicamente para turistas y que sus precios son sólo para turistas extranjeros.
Desde el Plaza Real, Mario Ansó lo define claramente: “En Rosario todavía se duda si el restaurante es abierto al público general o si es exclusivo para pasajeros, y también hay un preconcepto según el cual los valores que se manejan en hotelería son mucho más altos de los que se manejan en cualquier restaurante”. Ansó, director de eventos y gerente de alimentos y bebidas, da por tierra con ese prejuicio. Asegura que el Plaza Real maneja una carta que en valores está igual que cualquier buen restaurante y enfatiza una relación precio-calidad realmente atractiva: “Un cubierto promedio, dejando de lado la bebida, está en el orden de los 25 a 30 pesos, y eso con una carta sumamente completa, con platos muy elaborados donde se trabaja muchísimo en presentación”. Con el fin de difundir sus propuestas, actualmente el hotel apuesta a cenas-show los sábados y regularmente organiza catas de vinos.
El Riviera, que desde el paso de Marcelo Megna por la cocina -hace más de tres años- ha sabido mantener el prestigio de su restaurante, ha logrado un buen número de habitués los sábados, cuando trabaja a salón lleno. Además, para la difusión de sus servicios gastronómicos propone eventos con una bodega todos los viernes y los “Domingos de pastas” con tres platos de pastas caseras a elección y buffet froid.
El caso del Ros Tower se muestra distinto. Es el único cinco estrellas de toda Santa Fe y, desde su inauguración a principios de este año, ha avanzado buscando brindar un servicio diferencial. “Estamos marcando punta”, resume el gerente Marcelo Bisignani, y explica: “Somos los primeros en la historia de la provincia; es un lindo desafío, pero si mirás para atrás no tenés un parámetro…, sí sabemos que somos parámetro para los que vienen”.
En ese marco, la cocina de autor de Damián Delorenzi en el Ros Tower ya es un hecho, aunque su promoción en el público rosarino aún es incipiente, casi desconocida. Incluso, ante la pregunta de Glam Out sobre el nombre que asentaría la identidad del restaurante, Bisignani comenta -en tono de off the record- que es un detalle pendiente, un detalle que podría oficiar de excusa para una próxima difusión mediática. Mientras tanto el restó funciona bien los fines de semana y no le falta trabajo con eventos. Vale aclarar que sí tiene nombre el bar, “Café de las artes”, y que, por otra parte, en los cuatro estrellas Plaza Real y Riviera los restaurantes no tienen nombre propio.
Platos y tendencias
El flamante restaurante del Ros Tower se expresa con la categoría de un cinco estrellas en su atención, en una ambientación cálida y elegante, y hasta en detalles como las exquisiteces caseras de “petit food” servidas con el café. El encargado de los fuegos, Delorenzi, trabajó tres años con Martiniano Molina antes de dejar Buenos Aires para desarrollar su afición a la gastronomía en esta propuesta de lujo para Rosario. “Me siento identificado con una cocina de autor que relaciono con la creatividad artística”, dice, explicando que en la definición de sus recetas el concepto de “armonía” es fundamental. Sabores, aromas, texturas, temperaturas, presentación, todo debe conducir a un cuidado equilibrio para este chef que habla de “una búsqueda constante de nuevos productos y formas de cocción”, y resume: “Ante un mundo tan dinámico, es imprescindible que los platos evolucionen hacia nuevas formas, pero sin olvidar las tradiciones culinarias que les dieron origen”.
Así, criterios tradicionales de la gastronomía internacional cobran un giro sumamente moderno en el Ros Tower, donde hoy vale la pena probar una entrada como la Flor de salmón (salmón ahumado acompañado con una masa filo y mostaza de miel), un plato de pastas como las Cintas negras con estofado de pulpo, o un impecable Strudel de manzana para el postre.
Entrando al restaurante del Plaza Real el ambiente que se respira es el de un lugar esencialmente clásico y confortable. Algo similar puede decirse del restaurante del Riviera. Ambos se encuentran apenas pasando el lobby y ambos logran una intimidad que invita a relajarse y sentirse bien atendido, brindando ese clima apacible que se considera ideal para entablar conversaciones de negocios. Por supuesto, son distintos en mucho más que algún detalle, pero coinciden en la elegancia de un estilo que -salvo excepciones- no es fácil de encontrar en otros restaurantes de la ciudad.
A primera vista, el menú del Plaza Real podría definirse como una conjunción de cocina de autor y cocina internacional, pero el chef Adrián Albanesi se encarga de despejar dudas señalando los criterios que se orientan -y próximamente se orientarán más aún- a la cocina francesa. “La carta que va a salir en junio es sumamente francesa y va a privilegiar más el contacto visual”, adelanta. A su vez, dice que suele introducir “algunas fusiones y cosas nuevas” entre los tres platos principales que suma a la carta cada día -en un menú tipo ejecutivo- pensado para ofrecer una renovación constante a los huéspedes frecuentes del hotel.
Como entrada, Albanesi recomienda la Copa Poche (huevo poche sobre fino colchón de salmón rosado y vegetales salteados) o los Glaseados de mollejas. De principal duda entre el Bife de chorizo Luxury (acompañado de puré cremoso de morcilla y compota de humita) o el Salmón oriental (salmón grillé, tempura de vegetales y amapolas, y fideos de arroz salteados en oliva); mientras que para los postres se decide por la Mousse de chocolate especiada con pimienta verde.
En la cocina del Riviera, en tanto, no hay un chef sino un equipo de cocineros que trabaja en una dirección definida como “sabores auténticos con toques gourmet”. Así, el menú tiende a platos simples pero sabrosos y hace particular hincapié en los insumos regionales, lo cual se refleja especialmente en la gran variedad de pescados de río disponible. Varios platos interesantes aparecen desplegados en la carta. Puede probarse una entrada como la Ensalada de los mares (aros de calamar rebozado, radicchio y endibias tibias) y principales como el Salmón rosado en papilliote (salmón cocinado en sus propios vapores con una base de verduras) o, como algo distinto, los Panzottis caseros de cordero ahumado con tomates, vegetales y olivas negras. El Parfait de naranja en combinación con natilla de chocolate blanco, figura entre los predilectos para un dulce final.
En algunas ciudades del mundo, la cocina de hotel marca la avanzada de la mejor gastronomía. Algo así está comenzando a pasar en Rosario.
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