Al llegar bajando unos escalones desde lo alto de la barranca, y encontrarse con un espacio para disfrutar a metros del río, lo primero que cosecha elogios en Davis es el lugar. La ubicación de este restó no sólo es privilegiada sino que también ha sido estética y funcionalmente bien aprovechada. Está a pocos minutos del centro, pero da la sensación de encontrarse lejos, como un oasis de servicios y modernidad junto a los ex silos cerealeros invadidos por el arte del Macro.
Con mesas distribuidas en un amplio espacio tipo loft, que suma un área con sillones para el relax, la ambientación interior juega con sobriedad minimalista entre la madera, el hierro, el hormigón y la piedra. En todo el ángulo en que se muestra el Paraná sólo se interpone un vidriado, del piso al techo, que ofrece una generosa entrada para la luz natural y para un paisaje que siempre cambia.
El ancho fluir del río y el delta de islas bajas que se extiende hasta encontrarse con el cielo dan el marco donde se forman distintas imágenes: los colores del atardecer, las imponentes formaciones de nubes elevándose desde el horizonte, el reflejo de la luna sobre el agua… Todo se ve abiertamente, tanto desde adentro como desde el deck exterior, que con unos desniveles y otros detalles suma variantes para disfrutar de las mesas al aire libre. Incluso hay un rincón con un par de reposeras que invitan a recostarse trago en mano (el Daikiri Davis, con borde de crema chantilli, es una interesante opción) o, quizás, a acomodarse con la notebook aprovechando el servicio de Wi Fi.
La tentación de acercarse hasta este lugar al mediodía encuentra dos menúes ejecutivos que varían semanalmente y se suman a las propuestas de la noche, las que a su vez se dividen en dos cartas, la del restaurante y la de finger foods. Diego Ariel Ruiz es, junto a Nicolás García, uno de los jefes de cocina de Davis. Hace una descripción de la carta tentadora y convincente, y aclarando que prefiere eludir encasillamientos, desliza que el menú abarca “cocina española y francesa, algunos toques orientales, y mucha presencia de lo criollo”. También elogia el paisaje, “el placer de trabajar con este paisaje”. Es un tema recurrente.
¿Con qué puede comenzarse a probar la cocina de Davis? De entrada, la primera recomendación es la Ensalada de peras en láminas, pasas de uva, nueces, olivas negras y cebolla morada en suave salsa de roquefort. Como principal son un must los Sacotinos negros rellenos de salmón rosado, queso crema, ciboulette y jengibre en salsa de vodka y naranjas. El pescado de río fue en su momento una apuesta central de este restó y, aunque hoy los precios y la veda pesquera han reorientado la carta, no faltan tentaciones para compartir entre dos como la Bandeja del Paraná (surubí, pejerrey, dorado y boga, con guarnición de papas y alcaparras). Un postre: Mousse de maracuyá sobre masa crocante, con helado de mango y almíbar de lima.
Pasando la mirada a la otra carta, la de fingers, esa que se vuelve más tentadora en las mesas de afuera y por la tarde, vale la pena detenerse en la variedad de la Tabla Davis (que entre otras cosas incluye supremitas de pollo, croquetas de pescado, albondiguitas de carne y pinchos de cerdo). De vinos hay 135 etiquetas, incluyendo algunas botellas interesantes como el Enzo Bianchi 1999, el Bonarda 2002 de Nieto Senetiner o el Rutini Pinot Noir de 1999.
También vale mencionar que, así como el paisaje cambia durante el día, cuando cae la noche y el río pierde protagonismo es el salón el que genera un clima distinto mediante la música y la iluminación. A cierta hora -terminando la cena-, el panel que está detrás de la barra pasa del azul al rojo remarcando un cambio de matices que se percibe en todo el ambiente. Un dato extra: en la terraza el verano pasado funcionó un segundo espacio con una carta de pizzas que, por ahora, no volverá a abrir. Primero quieren hacer un cerramiento y techar (cuando se venían sudestadas fuertes no quedaba nada en pie), con un proyecto que se definiría este mes.
Más opciones
Sin duda Davis es el destacado de esta zona, pero no el único ubicado justo al borde de la barranca. Avanzando con el rumbo de la corriente y sin separarse del río, se llega al pub y restó Flora. Está casi detrás de la imponente parrilla y restaurante Don Ferro -de los mismos propietarios- y fue ideado para ofrecer las mejores vistas del Paraná brindando a la vez servicios en una amplia extensión de mesas al aire libre donde, ya en esta época, muchos aprovechan para combinar los platos del mediodía o algún trago por la tarde con una buena dosis de sol.
Desde que abre, con las primeras luces del día, este lugar apuesta a buenos desayunos basados en productos de panadería de elaboración propia. Para el mediodía y la noche el menú es relativamente sencillo y contempla especialmente platos livianos, con acento en las ensaladas, en las picadas y en una interesante variedad de sandwiches (el sandwich clásico del lugar es el Barranca, con jamón crudo, tomates secos, rúcula, mozzarella fresca, aceite de oliva y aceitunas negras). Claro, la idea es que Flora no compite con Don Ferro en cuanto a recetas basadas en carnes rojas, pero exceptuando ese detalle no deja de hacer pie en platos elaborados y, especialmente, en sus pastas caseras. Para comprobarlo están los Sorrentinos de salmón con salsa rosa, o el Wok marítimo (pasta larga, salmón, pimiento y zanahoria).
Algunos metros más, ya entrando al Parque España, aparece un tercer espacio gastronómico donde, a través de generosos ventanales, imágenes como la del paso de algún inmenso barco cerealero se ven desde el borde mismo de la costa. Este restó pub que lleva ya casi dos años abierto se llama Quillagua. Para comenzar, vale decir que es recomendable no dejar pasar estos últimos días frescos sin probar su propuesta de invierno para los jueves: platos cocinados a la vista bajo la chimenea que centraliza la distribución de las mesas en el salón. El menú de los últimos jueves ha recorrido alternativas como Arroz con calamares, Cazuela de mariscos y Cordero al disco.
Viernes y sábados por las noches se genera un ambiente distinto, que juega entre lo relajante de las velas sobres las mesas y la música de un pop y tal vez rock en vivo pero sin estridencias. La apuesta es a un clima tranquilo. Para cenar, las opciones son esencialmente clásicas y las variantes en vinos acotadas. Pero los platos son abundantes, siempre: en las picadas para toda hora, en el servicio de las noches -donde la recomendación es el Papillote de lomo- o en los menúes ejecutivos que no dejan de pedirse cuando hay sol y el break del mediodía invita a acercarse al río.
Interesante el dato de que está abierto de lunes a lunes, y la cocina funciona siempre, hasta normalmente las 2 de la madrugada. También a Flora puede llegarse bien entrada la noche, al igual que a Davis, que viernes y sábados permanece abierto hasta las 4 ó 5 de la mañana en esta época y hasta el amanecer en el verano.
Hay que anotar que a estas tres propuestas ribereñas deben sumarse al menos otros dos restaurantes de referencia como Don Ferro (que no está pegado al río, pero casi) y Muelle 1, que queda minutos más al sur, pasando Parque España y entrando a la Estación Fluvial. Pero lo importante es que no faltan sitios para elegir a cualquier hora que uno haya perdido el rumbo entre las calles rosarinas y quiera, entre platos y copas, arrojar sus pensamientos a los brazos del Paraná.
- Davis Dirección: Oroño y el río Teléfono: (0341) 435-7142
- Flora Dirección: Av. Illia 1690 Teléfono: (0341) 426-7887
- Quillagua Dirección: Entre Ríos y el río, Rosario. Teléfono: (0341) 448-3063
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