Quien trabaje, viva o pase por el microcentro, sabe el caos que es esa zona. Un collage de gente extraviada, oficinistas urgentes, turistas top buscando color local, visitantes del interior del país conociendo la capital, secretarias, cadetes, estudiantes de paso, vendedores ambulantes, ejecutivos con números en los ojos, políticos en reuniones de todo tipo, cafeteros, motoqueros, locos sueltos cantando su balada, errantes, hambrientos y sedientos… La avenida 9 de Julio corta en dos la zona y funciona como un pulmón de luz y aire. Hace unos años se la podía cruzar de una, por la sincronización de los semáforos. Ahora hay que hacerlo en dos tiempos, con parada obligada en la mitad, con vista a su descenso en el límite de Recoleta, y el mítico sur en el otro extremo. En el centro, el obelisco como un tótem al que nadie adora.
Un bar en un hotel
A metros geográficos de allí (pero kilómetros espirituales), en medio del Hotel Panamericano, el Celtic Pub es un gran refugio para quienes están por la zona. El hotel cuenta con múltiples instalaciones, incluido un gimnasio y spa en el piso 23, con una vista única de la avenida mal llamada ‘la más ancha del mundo’. Hasta hace poco, el Celtic Pub tuvo un funcionamiento independiente, pero el hotel lo ha recuperado para darle un nuevo impulso. Y tiene materia prima para hacerlo. Este pub cuenta con grandes ventajas, como ser su excelente ubicación en uno de los centros neurálgicos de la ciudad, su ambiente íntimo y resguardado, y un profesional serio y con experiencia comandando la barra. Es verdad, tiene todavía ajustes para hacer, en particular referidos al ambiente (definitivamente, los televisores LCD con música latina no ayudan a la atmósfera de pub). Pero lo principal está allí. Además de lo mencionado, encontramos la barra bien provista, precios muy razonables, buena atención, mobiliario clásico y confortable y horarios amplios.
Irish pub, de verdad
Edgardo Newman tiene un origen irlandés grabado en su apellido, y parte de su familia sigue viviendo en el país verde. Ha trabajado 23 años detrás de barras, siempre en hotelería, en España, Estados Unidos y en el mar, de puerto a puerto en cruceros. Defiende y practica una coctelería clásica (la vieja escuela, como bien le gusta decir) y ama su trabajo. Disfruta del aprendizaje en el día a día, hablando con los clientes, conociendo gente de todo el mundo, experiencia de todos los bares. Lo acompaña en el servicio Rodolfo Vázquez y, entronizada a uno de los lados de la barra, Marilyn Monroe, observando todo con su sonrisa y escote eternos. ¿Cócteles? Clásicos como Bloody Mary, Negroni, Dry Martini, Pisco Sour, caipiras, y otros como el Old Fashioned que sin estar en carta, salen excelentemente preparados. Luego hay opciones en vinos, espumantes y champagne, whiskys, cognac & brandys. Para los que quieren beber evitando al alcohol, jugos y milk shakes (si bien el consejo para ellos es evitar todo lo que en su nombre diga “pub”...). El mejor recoveco es el que está al fondo del bar, y tiene una mesa de pool de colección que tienta a dejar la tarea diaria y, entre cócteles, pasarse alguna tarde de verano jugando un campeonato interno, con un compañero de trabajo. Para comer hay sándwiches, algunos de aire bien porteño (el pan de miga, pura identidad argentina), y tablas de quesos o fiambres. Entre los primeros, lomito y morrones ($30), hamburguesa casera con jamón, queso, lechuga y tomate ($23), hojas verdes, albahaca, boconccino, crema de hierbas ($19), verduras grilladas ($18). Para postre, zócalo de chocolate, cheesecake o hasta torta rogel.
El lugar tiene todo para ser una gran opción en la zona, un bar que sirva como refugio, un refugio como bar… Y Buenos Aires necesita de más y más barras, reclamo con el que insistimos desde Glam Out. Donde hay uno, all
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