El Tigre es uno de los barrios más lindos de todo el conurbano bonaerense. Sus calles y ríos no solo forman un bellísimo paisaje, sino que también
esconden una gran historia. En un principio fue tierra de turistas, donde los porteños concurrían como si fuera un balneario. Luego, llegaron los años de oro en los que
el Delta era un polo productivo y tierra de bohemios, cuchilleros y dandys y luego, vencido el brillo de sus años dorados, quedó recluido para el disfrute de sus vecinos (celosos de su barrio) y los eternos visitantes de fin de semana (además de varias e importantes comunidades gay que encontraron allí un escape a la represión de la época militar). Hoy, el barrio parece haber recuperado todo su brillo con un popular paseo costero,
el increíble Museo del Tigre funcionando a pleno en el ex Tigre Hotel, y el Puerto de Frutos con todo un sector renovado y los atractivos puestos de siempre. ¿Quién no ha ido alguna vez a pasear al Tigre? ¿Quién no se ha subido a una lancha colectiva, ha paseado por la ribera del Río Lujan o a encontrado un canasto de mimbre autóctono para llevar a su casa? Sin embargo,
un lugar tan concurrido aún esconde secretos, lugares escondidos, calles o esquinas alejadas de los circuitos turísticos tradicionales.
Boulevard Sáenz Peña es uno de ellos. Dos amigas eligieron una antigua esquina, donde en el siglo XIX funcionó un almacén de ramos generales, y lo trasformaron de adentro hacia fuera, dándole una nueva vida. ¿Devolvieron a la esquina los insumos antiguos que los vecinos iban a buscar? No, recuperaron su espíritu;
la esquina como punto de encuentro, de los vecinos y visitantes, y también del arte, los objetos históricos y la decoración. El paseo de descubrimiento empieza en el recorrido por sus habitaciones, dónde se pueden encontrar
autos de lata, caballos de plástico, muñecas, cuadros de pintores locales (compartidos con la galería Los Caracoles de Punta del Este), mesas hechas con maderas recicladas de casillas de La Boca, balanzas antiguas, aviones de colores, libros o una vuelta al mundo miniatura de los años de 1940. El camino termina y empieza en un
pequeño y coqueto restaurante, ubicado en la planta baja y que se abre también a un patio alzado sobre la vereda que será una delicia para los días de sol.
Todo para comer, todo para llevarEn este paseo, un delicioso viaje en el tiempo,
comer y beber es el descanso ideal y necesario. Y qué mejor que hacerlo con algunos de los objetos que uno ha visto en el paseo. Las creadores del lugar convocaron a
Juliana López May, quien desarrolló la propuesta de comida (bien a su estilo liviano y personal) y eligieron personalmente desde las tazas donde se sirven los tés de
Inés Berton, hasta la silla en que uno se sienta a disfrutarlos. Cada mesa está armada con los mismos objetos que se pueden comprar y llevar a casa. En el mismo ambiente también hay
sillones a un lado de un hogar a leña (para ir esta semana, con el frío que no se quiere ir), mesas largas de madera donde puede sentarse una familia entera, y alguna otra pequeña para un almuerzo de a dos.
Para el desayuno hay opciones completas que vienen con granola, yogurt, frutas, muffins, tostadas y mermelada, queso y jugo de naranja, según la opción que se elija (entre $18 y $28); y los sábados el brunch suma huevos revueltos. Para los mediodías, hay ricas ensaladas (muy buena la que trae rúcula, peras doradas, nueces del Delta y queso azul, $32) y sándwiches ($30). Excelente el
Integral, con pan ciabatta, pasta de aceitunas, pechuga de pollo al limón, rúcula y tomates secos, y tentador el
Italiano, que trae entre pan de campo verduras grilladas, mozzarella hilada, jamón de Parma, albahaca y alcaparras y berenjenas. Todos los días suman platos del día (entrada, principal, postre y bebida, $50), que pueden ser
pollo de campo al horno con limón, miel, hierbas y verduras; ojo de bife con papas aplastadas y salsa criolla; o unos
agnolotti de calabaza, almendras y ricotta con salsa de hierbas, boconchinos, tomates secos y rúcula. Entre los postres hay tres ‘todos’. El
Todo de chocolate (húmeda de chocolate con helado de crema americana y frutas rojas), el Todo de manzana (crocante de manzanas y peras con crema avainillada) y el
Todo dulce de leche (panqueque de dulce de leche quemado y bananas quemadas). Para comer en cualquier momento del día, algo dulce al paso o tomarse un descanso, hay
pan de banana y nueces, muffins de frutas rojas, scones de jamón y queso, cheese cake o tostados clásicos. La esquina está en el camino al puerto de frutos, pero merece visitarse un día de semana, o un sábado temprano, para disfrutar del hermoso barrio en su momento de tranquilidad cotidiana.
Boulevard Sáenz PeñaBoulevard Sáenz Peña 1400
Tel.: 5197-4776
www.boulevardsaenzpena.com.arAbierto de miércoles a sábados, de 9 a 19hs.