La imagen lo es todo, reza un prolegómeno publicitario que acompañó a esta industria durante toda su vida, y mucho más en estos tiempos en los que los hábitos de consumo están más ligados a la idea de placer efímero y finito, que al placer de poseer eternamente. Prueba de ello bien podría ser el crecimiento que han tenido la gastronomía y los vinos; si antes el que se gastaba tres cifras en un vino era un desequilibrado, hoy eso mismo significa ser cool.
De esta manera, ligados al concepto de la “buena vida”, importantes marcas de autos decidieron abrir espacios temáticos propios en sitios gastronómicos. Es que la buena comida, los vinos, los tragos, todos ellos placeres momentáneos y finitos, ganan espacio en la forma de vida urbana moderna porteña.
Para las empresas automotrices esta es una manera de “pegarse” a un consumo en auge, concibiendo implícitamente que el placer de tomar un buen vino o comer un plato bien elaborado es similar al de manejar una buena máquina. En esos restós/bares las marcas buscan tener su espacio de exclusividad, un sitio para consentir a sus clientes, e incluso donde presentar sus propios productos. En cambio, para el bar o restaurante lo principal es el rédito económico en esta relación; la marca es un sponsor. Además, muchas veces la facturación extra que representa la venta de merchandising puede ser de lo más atractiva.
Paralelamente, vale destacar otro factor que se revela también en los nuevos hábitos del consumidor, que ya se acostumbró a este tipo de espacios de usos múltiples; hoy se cena y luego se baila en el mismo espacio, y en casos como la antigua Open Plaza (hoy Cero - Mini Cooper) se podía comprar desde un par de zapatillas, un teléfono y hasta un pasaje de avión, mientras te tomabas una cerveza.
En este rubro, uno de los más antiguos espacios es el Modena Design (F. Alcorta 2270), abierto hace 6 años. El coqueto bar-restaurante propone en su espacio temático una suerte de mezcla entre placer y negocios. Es que es el único lugar de la Argentina donde se puede comparar una Ferrari nueva, un Maserati, e incluso hasta un helicóptero de la marca Bell. A la vista de los transeúntes generalmente se exhibe alguno de estos potentes autos, e incluso en algunas oportunidades máquinas de Fórmula 1 ya usadas. Además de comer, beber y hacerse de uno de esto lujosos autos, el sitio ofrece merchandising de las marcas. Otro clásico es el Museo Renault (F. Alcorta 3399), icono de la elegancia palermitana. Igual que su vecino, es un sitio donde business y gastronomía se dan la mano. Celulares sonando, muchas corbatas, riquísimo sushi y, por supuesto, un auto de la marca en exposición conforman el escenario del museo. Es, además, un espacio donde no sólo Renault presenta sus productos, sino también muchas otras empresas de distintos rubros. Juntar y combinar la elegancia de este espacio con los atributos de sus autos son la misión a cumplir.
Además de estos dos tradicionales salones porteños, otra dupla de confiterías se sumó en los últimos meses a la tendencia. Rond Point y el nuevo local Cero de Libertador al 1800. El primero, además de remodelar sus salones y mejorar notoriamente la propuesta gastronómica, sumó en el segundo piso su Audi Lounge, el primero de la automotriz a nivel mundial. Se trata de un meeting point destinado exclusivamente a los clientes e invitados especiales de la marca de los cuatro anillos, y nuevamente los negocios son protagonistas. De hecho, el salón del Audi Lounge cuenta con los últimos adelantos tecnológicos necesarios para realizar encuentros y reuniones: computadoras conectadas a Internet, impresoras, audio, etc. El diseño interior intenta reflejar la estética vanguardista de la marca; líneas modernas, materiales de excelente calidad y la combinación de texturas como el cuero y el acero que otorgan sofisticación al ambiente. En el ingreso se exhiben 93 miniaturas de colección importadas desde Europa especialmente que recorren la historia de Audi. Finalmente, se podrán apreciar los productos que integran las tres líneas de Audi Collection, además de acceder a los materiales editados por la empresa como catálogos y el Audi Magazine. A diferencia de los demás locales, en este no se venden ni exhiben autos reales.
No lejos de allí, Cero se alió con el auto de moda Mini Cooper y, a modo de vidriera, colocó dos ejemplares en su salón a la vista de los transeúntes. Este es el único lugar en cuyo nombre no está presente la marca del auto ni sus símbolos de ella. De todas maneras, se vendieron más de estos autos que cuestan arriba de 30.000 dolares que en ninguna concesionaria del país. Entre la propuesta gastronómica, como toque de color de esta agradable confitería, se destaca un listado de vinos por copas que se conservan en pequeños tanques de acero inoxidable, similares a los se usan para la fermentación. |