Son el detalle que define cualquier estilo con personalidad y hay un modelo para cada look; están los que rememoran épocas pasadas y los que acompañan la tendencia del mundo; los de diseños originales y los clásicos de todos los tiempos. En el gran universo de las marcas, elegimos dos referentes locales con identidades distintas, en las que se podrán ver materiales variados, todas las gamas de colores, armazones y multiplicidad de detalles.
Carla Di Sí
Carla Di Sí es parte del mundo palermitano desde hace más de cuatro años. Allí llegó en 2002 junto a dos marcas de indumentaria para abrir el local algunas veces por semana y vender anteojos vintage que encontraba en cajas archivadas de la óptica familiar. Di Sí fue, originalmente, el local de su abuelo, una famosa óptica ubicada en Paraguay y Florida, en la que Carla tuvo su entrenamiento natural e intensivo: “La óptica de mi familia era soñada: empecé en el mostrador y cada vez me fui metiendo más en el negocio; pero también era un lugar muy tradicional y había ciertos parámetros muy difíciles de modificar. Yo siempre soñé con tener mi propia marca”.
Así nace L´Optique, ubicada en Gorriti 4660, que abrió sus puertas en 2005 en el mismo local en donde Carla comenzó a vender sus primeros anteojos, la semilla de su actual colección Vintage: una valiosa e impecable recopilación de anteojos originales de décadas pasadas. “Hay anteojos, armazones y gafas de los años 60, 70 y 80, sin uso, fabricados en una calidad que ya no existe, con la mayoría de las piezas italianas o francesas. Para mi es una satisfacción poder ofrecer una colección auténtica de piezas del pasado”, nos cuenta.
Esto de vender antigüedades no siempre es fácil: “A veces me equivoco, porque hay modelos que la gente tarda dos años en asimilar, y tardo todo ese tiempo en venderlos. Creo que mi estilo apunta a un público en particular, con capacidad de interpretarlo y, así, gustarle.”
En 2006 Carla finalmente se animó, y creó Tupé, una marca nueva con el sello inconfundible de Di Sí, y que se vende en exclusiva en su tienda. Son modelos de ahora, producidos 100% en Argentina, pero con cierta estética de ayer, confeccionados a mano en acetato de celulosa. Todos los modelos tienen un detalle especial que los caracteriza: el 007 posee un armazón simple en cuanto a sus líneas, es casi un clásico, pero sus patillas son anchas y el acento está puesto en la zona central del puente y el espacio entre los ojos. El 009 es una propuesta puramente femenina, remite a la década del ´50, cuando eran comunes los armazones con forma de ojo de gato. El 008 es un diseño para el público masculino, de tamaño rectangular y cejas levemente elevadas. Todas estas propuestas vienen en versión de anteojo de sol o armazón para corrección.
Antes de crear la línea Tupé, Carla hizo un estudio de mercado y mucha gente opinó que debía hacer de su colección algo más comercial, con productos más masivos. Sin embargo, su idea funcionó: “El público que viene al local busca el anteojo más jugado de todos y con eso aprendí a confiar en mi instinto porque, a pesar de que hablo un idioma raro, el público lo interpreta”.
Infinit
En otra esquina de Palermo hay una propuesta distinta que pisa muy fuerte: Infinit. La marca nació en 1997 con el sello de la vanguardia, reconocida por sus anteojos de sol y monturas para anteojos recetados con estilo innovador. La marca se identifica con la evolución de los tiempos y pertenece a Corporación Punto Alpha S.R.L., a cargo del diseño exclusivo de sus líneas y su comunicación.
Infinit lleva recorridos 10 años en el mercado y se ha convertido en una de las líderes de todo Sudamérica: “No tenemos un estilo único: Infinit es una marca joven de alma, atenta a las tendencias y en permanente evolución con los tiempos que corren; que presenta en cada temporada una colección más retro o más urbana pero siempre con la esencia de reflejar la vanguardia desde su diseño e imagen”, detalla Gabriel Hanfling, director de la compañía.
Infinit eleva su bandera con conceptos como moda, tecnología, diseño, vanguardia y compromiso. Por eso, en 2003, abrió las puertas de Infinit Boutique, el primer store exclusivo de la marca en Argentina, ubicado en Thames 1602 (esquina Honduras). Allí pretenden aunar óptica, diseño y moda, y ofrecen servicio de asesoramiento en tratamientos oftalmológicos, además de los armazones, las gafas y los anteojos más modernos del país.
Para Infinit la tendencia en anteojos va de la mano con las pasarelas y la moda en indumentaria; crean sus colecciones de acuerdo a diferentes consignas como la moda internacional, las propuestas de diseñadores de otro tipo de objetos o a partir de temas que les resultan atractivos. La colección para esta temporada se relaciona a “abrir los ojos y evolucionar en la experiencia de combinar las gafas con el resto del vestuario”.
En su propuesta de armazones solares, el glamour, la estética clásica y la moderna conviven en veinte nuevos diseños que presentan detalles que los convierten en piezas únicas. Monturas que rescatan las redondeadas siluetas en acetato y metal de tonos clásicos de las décadas del 60 y 70; diferentes propuestas del clásico aviador con armazones metálicos en dorado, bronce, plata y negro; y una explosión de color que evoca los años 80.
Infinit innova además en otros campos: en 2005 creó su línea Goggles (antiparras) junto a su nueva división de productos Infinit Times. Para todos estos proyectos, la marca utiliza los últimos avances tecnológicos de sus centros de producción y del grupo de diseñadores industriales que trabaja en la marca. “Estas características aseguran a la marca que cada pieza sea sofisticada y logre el confort. Apuntamos a que Infinit sea referente para un público atento a las nuevas tendencias y en la permanente búsqueda de la vanguardia en la mirada”, define Hanfling.
Es indudable: los anteojos transmiten identidad. Por eso, identificarse con ellos es condición básica a la hora de elegirlos. Son el accesorio protagonista de todas las temporadas, el objeto que fue ganando terreno y que, en su indiscutido primer plano, supo sumar diseño, personalidad y distinción a su perfil. A su modo, representan la vestimenta de la mirada, y dan el toque distintivo a la famosa “primera impresión”. Y, ya lo sabe el refrán, la primera impresión es lo que cuenta.
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